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enero 28, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La captación de las victorias ajenas

La campaña al estilo de la revolución ciudadana es el atosigamiento cotidiano de propaganda, de “documentales” del partido Alianza País (¿o todavía dizque es movimiento?).

Este último lunes, 27 de Enero, no fue la excepción y aparte del informe semanal, el soberano impuso a los canales pasar una propaganda de media hora sobre “el gran robo de la banca” en los años 1999 y 2000, durante el Gobierno de Mahuad.

A nuestro juicio Mahuad es el peor Presidente que tuvo el Ecuador en su historia. Además llegó al poder en medio de una conjura que le ilegitima más todavía, fue Filanbanco y determinados sectores de la ultraderecha, aparte de la burguesía quiteña, los que le nombraron ganador, sin derecho a reconteo de votos, robándole el triunfo a su contendor (en este caso Álvaro Noboa, como pudo haber sido cualquier otro).

Lo que condenamos es la celebración de un triunfo ficticio que el país lo pasó como una rueda de molino. ¿Y por qué la Revolución Ciudadana celebra como suya la expulsión de Mahuad y la persecución judicial a este pésimo e indigno gobernante? ¿Apareció en algún momento de esa lucha Correa y dónde es que se pierde ese detalle? ¿No fue Lucio Gutiérrez el que se la jugó en el año 2000 y le sacó de Carondelet a Mahuad, logrando con ello la admiración de la clase afectada (varios miles de ecuatorianos), con indudable aroma electoral, a costa de cortar su carrera militar? Y no se vaya a decir que somos gutierristas, solo estamos remitiéndonos a la historia. Lo que nos abruma es la mediocridad intelectual del coronel que no ha podido reclamar como suya esa victoria sobre la inmoralidad mahuadista, dejando que se lleve gratuitamente el hombre de la camisa bordada el prestigio de haber “luchado contra Mahuad y los banqueros corruptos (???!!!)”.

Esa lucha ya apareció con nuevo dueño señores, la historia sale distorsionada a voluntad de los nuevos dueños del poder. Lo que hace la revolución ciudadana es prensar sus garras sobre los hechos más significativos de la vida nacional y hacerlos suyos, con indudable afán de aparecer como “el transformador de la historia”.

También se insiste en el oscuro caso Chevron y se recrean argumentos de gente que no ha estado cerca del problema y que por buena fe hace hasta canciones ecológicas, olvidando que los juzgados internacionales actúan sin presiones basadas en los golpes de efecto y son inmunes a las supuestas tramas internacionales que hacen fuerza por desprestigiar una marca con el estigma antiecológico. Resulta que la revolución ciudadana pone en actualidad un litigio que lo han protagonizado pálidamente anteriores gobiernos, con la salvedad que Correa y los suyos notoriamente hacen fuerza cuando hay de por medio millones de dólares y dan por hecho, ante la comunidad internacional, que la petrolera estadounidense se retiró sin hacer ninguna remediación y sin llegar a acuerdos con Petroecuador, cuando se sabe que no fue así, que no hubo tanta desidia ni un inmediato abandono del lugar, hay el acuerdo firmado y en materia legal hay documentos que tienen valor.

La revolución ciudadana se las ha arreglado para en base a una propaganda millonaria hacernos creer que el aeropuerto de Quito es su obra, siendo que es una obra realizada en su 85 ó 90 por ciento por el gobierno municipal del general Paco Moncayo, antecesor del actual alcalde. Es verdad que en la parte final hizo su parte el régimen de Augusto Barrera, pero en los anales que escriben los oficialistas no se habla la verdad, es “una obra de la revolución ciudadana”.

Hasta en los héroes nacionales los revolucionarios han absorbido los principales íconos de la historia patria. Ahora resulta que el general Alfaro pensaba como Correa, tomaron ese símbolo y hay muchos iletrados que creen que Alfaro y Correa son de la misma sangre y de la misma vertiente.

Cosas del surrealismo político nacional. Pero esta serie de documentales que el CNE deja pasar en tiempos de elecciones, siendo que a Nebot le negaron la difusión de tres spots legítimos, no hacen sino contribuir a ese estado de propaganda que permite lavar el cerebro de los más susceptibles de la influencia política.

Es tanta la propaganda que nos permitimos pensar dos cosas: o que Correa siente débil a sus candidatos y prefiere promocionarlos a través del “prestigio de su partido” o que Correa se siente completo llevándose victorias ajenas.

A propósito de su “gran lucha” contra la banca corrupta, el Rafa nombró presidente del fideicomiso “No más Impunidad” a su primo Pedro Delgado, quien por cierto al poco tiempo, luego de haber usufructuado el buen vivir en las haciendas de uno de los banqueros, donde toreó una vaquilla y fue corneado, debió fugar del país tras hacer un préstamo doloso a un amigo argentino y, encima, haber sido descubierta la falsedad de su título de economista.

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