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enero 1, 2015 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La bipolaridad ataca el uso del gas

No sabemos si el sultán ataca o defiende el uso del gas. Por un lado quiere evitar que fugue por la frontera, por otro quiere que no lo usemos. Lo que sí está claro es que dedica excesivos minutos a promocionar el mega producto cocinas de inducción. El año termino y la frustración de los ecuatorianos por la orientación monopolista del desgobierno es mayor que hace un año. En un país que no conoce de verdaderas libertades, resulta que el soberano dice que va a duplicar los aranceles de las cocinas de gas, para desalentar a aquellos que las compren. No creemos que eso sea legal, especialmente cuando el pueblo está cómodo con el uso del gas doméstico y él quiere imponer las cocinas de gas de inducción, a riesgo de que sospechemos que detrás puede estar un negociado.Si nos dice que un pueblo le sigue no tiene porqué hacer una tarea desleal, atacar a un producto, encareciéndolo drásticamente, para quebrarlo y obligar a los futuros hogares (ya que no ha podido con los actuales), a utilizar un solo sistema. ¿No hay en Ecuador libertad de mercado?

Estábamos equivocados, es decir nos quedamos cortos, cuando dijimos que la pretensión del poderoso señor eras vender dos millones de cocinas de inducción. En una de las últimas sabatinas dijo que esperaba vender tres millones, un gran negocio para aquellas empresas dedicadas a comercializar estos artefactos. Empresas que sin duda a los agentes propagandísticos pagarán una bicoca.

La publicidad sobre esas cocinas es incesante, nos dice que Alemania ya tiene 800 mil de ellas y, desde luego, Ecuador va a ganarle con sus tres millones. Esperaba que con su sola recomendación y encima de eso unas dos o tres sabatinas con la lengua bien empleada sería suficiente para que se agote el stock, pero la gente se halla escéptica, no quiere arriesgarse al ofrecimiento presidencial porque cree que detrás de su gran oferta se viene algún tipo de trampa que lleve a encarecer su vida, el costo del servicio energético, la pérdida de las cocinas de gas (cree que somos adinerados y que hay que tirar a la basura los artefactos domésticos).

Saquemos correctamente las ecuaciones sin prejuicios. Este es un gran gobierno que nos ofrece el buen vivir y que tuvo durante siete años el petróleo a cien dólares el barril. Recordemos que los “malos gobiernos” de Roldós, Sixto, Gutiérrez, tuvieron petróleo de 18 y en el mejor de los casos 24 dólares. Pese a ello, ninguno de los tres se desgañitaba tratando de vender (virtualmente a la fuerza) un producto que “nos permitirá ahorrar el gas”.

Ni Roldós, ni Sixto, ni Gutiérrez, ni siquiera el gobiernista Borja, pusieron el pretexto del petróleo bajo para tratar de sustituir las cocinas de gas con el producto este que quiere colocar Correa a través de una campaña millonaria que los líderes políticos de oposición no se atreven a cuantificar, por la serie de spots, por la duración de esos spots y por la irreverente forma como su majestad dispendia los recursos del Estado, tratando de que su convincente palabra nos lleve a deshacernos de cocinas que nos están funcionando bien.

El campeón del derroche nos dice que va a permitir no pagar nada (durante unos meses) a aquellos que gastamos menos de 43 kw al mes, pero lamentablemente la mayoría del pueblo gasta más de esa cifra, lo que significa que nos tiene preparado kilovatios encarecidos, porque sus discursos han dejado entrever que “gasten más de 43 kw y ya lo verán”.

Ecuatoriano, revisa tu cartilla de la empresa eléctrica, si gastas hasta 43 estás dentro de los beneficiados, pero si llegas a los 44 prepárate a que el gran filósofo te diga el por qué la política del buen vivir es una franja tan delgada, como la libertad de la palabra, que en nuestro país se ha ido empequeñeciendo, pues actualmente no es permitido que el pensamiento de la prensa le diga al poder las verdades, solo las verdades a medias, aquellas que son simples amonestaciones.

Y si hablamos de prejuicios, tampoco nos interesa prejuzgar la obra del gran gobierno. Es decir, tiene que decirnos con claridad qué es lo que va a pasar con la electricidad a partir de las cocinas de inducción, ser transparente a cuánto va a salir el kilovatio y a cuánto se va a poner el gas. En el pueblo ya sospechan que sus críticas al uso de gas entraña veladas amenazas de subida del precio de este producto. En eso se mantuvieron fuertes Roldós, Hurtado, León, Borja, Sixto, Gutiérrez. Abdalá intentó subir el gas y se cayó.

Pero, si estamos equivocados, aquí viene otra reflexión: si quiere evitar el uso del gas, “porque en Ecuador es muy barato y se llevan de contrabando por la frontera”, ¿Qué va a hacer con el excedente cuando los ecuatorianos dejemos de usar el gas y nos dediquemos al uso de las cocinas de inducción? El ingreso de los tres millones de estos artefactos significará que asimismo unos tres millones de cilindros al mes dejen de consumirse. ¿Quién va a usufructuar el producto no utilizado? ¿Y por qué actualmente, en plena etapa revolucionaria, hay contrabando de gas si eso era de los corruptos tiempos de la partidocracia?

La noche oscura neoliberal sigue siendo muy oscura, solo en las propagandas oficiales y en las mentes de los convencidos con cola y sánduche puede caber la idea de que el panorama del buen vivir se ha consolidado en el país.

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