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octubre 17, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

La amenaza que desvanecería el caso Duzac

Descubrieron que para evaporar de una sola el caso Duzac es bueno amenazar con una medida que meta miedo a los adversarios. Así se matarían dos pájaros de un tiro. Pero, quienes vemos la jugada populista, creemos que tras la cortina que se está corriendo, hay el afán de atacar a un objetivo, al candidato que lo siente un peligro.

Estamos seguros que cuando apareció Rafael Correa por la casa de Guillermo Lasso a pedirle “apoyo”, estuvo revestido con su piel de oveja. Humilde y cordial, tal como apareció a pedir el apoyo de Hugo Chávez, quien al recordarlo se refiere a él como “muchachito”.

Asimismo, fue cordial cuando pidió el apoyo de Sociedad Patriótica en la segunda vuelta de la campaña 2006 (Gilmar Gutiérrez había terminado tercero). Al político que ha tratado de humillar en cada sabatina, Lucio Gutiérrez, le dijo (los términos exactos deben estar en los archivos de la radio y la televisión): “Coronel, nuestros electores se hallan en los mismos ámbitos sociales, no creo que usted vaya a apoyar al millonario Noboa”.

Su discurso era de un hombre sencillo y tolerante. Se le notaba golpeado por la derrota en la primera vuelta, cuando Alvarito dio el espaldarazo. Gutiérrez dudó pero, finalmente, decidió que su partido sería independiente a los finalistas, dejando en libertad a sus huestes. El hecho es que, dentro del episodio que actualizamos, no apoyó a Noboa, como temía el actual Presidente.

No sabemos exactamente como haya aparecido Correa en la casa de Guillermo Lasso, pero nos atrevemos a visualizarlo: fue la antípoda de la egolatría y prepotencia que lo caracteriza en estos tiempos. A muchos engañó con su don de gentes. “Ese hombre inteligente, bien presentado y con futuro, cordial y con ideas… Qué diferente de Febres Cordero, Abdalá o Himmler (un cabeza dura que pateaba judíos, entre los nazis)”.

Carlos Vera, que no dejaba hablar a sus invitados y se volvía intolerante, tuvo su rato de debilidad y decidió jugársela por él. Le conquistó su discursito progresista y especialmente su apertura para hablar de cualquier tema, como decir del Emelec y Barcelona, porque los populistas se apegan a lo que prefiere el pueblo.

En ese momento, Vera no sabía que el hombre estaba llevando las aguas a su molino. Y, así, Carlos Vera, que era de la idea de que se venda, se remate o se regale los bienes incautados a los Isaías, cerrándose a la realidad de que fueron los administradores temporales puestos por la AGD los que agravaron la deuda de Filanbanco, le dio la tremenda idea de que se haga cargo de todos esos bienes ominosamente explotados por los que están en el poder y nazca así un Fideicomiso del estilo revolución ciudadana: “No más impunidad”, lindo nombre y lindo destino.

Aparte de que ese fideicomiso tiene como caballo de batalla el hacer créditos vinculados (por lo menos uno es emblemático), es decir sin cambiar la historia de corrupción del país, el Gobierno puso en su talego los canales de televisión y radios de los hermanos Isaías. ¿Más poder, más publicidad, mayor maquinaria de alabanza dónde?

Ahora, una vez que logró sus propósitos, Correa jamás le dijo gracias a Carlos Vera, ni a Bucaram (cuyo partido aprobó leyes hiperpresidencialistas), ni a ninguno que utilizó en su camino de totalitarismo.

Guillermo Lasso no ha precisado si le extendió un cheque al entonces proletario candidato, así como Aspiazu le dio tres millones a Mahuad, pero en todo caso sí conoce el ángulo prepotente de quien ahora quiere adueñarse de un bien privado, de las utilidades de los banqueros “para financiar el bono de la solidaridad”.

¿Cómo puede suceder que el Presidente lleve su odio a la idea de nacionalizar la banca, disponer de sus utilidades, sólo porque odia (desde ya parece hacerlo) a quien representa su más peligroso adversario?

¿Tiene el derecho el Gobierno de disponer de los bienes privados de manera arbitraria?

Y, aún antes d que aparezca con este virus el señor Correa ya se craneó un ataque a Lasso. No de otra manera se puede explicar el aparecimiento de las vallas publicitarias en su contra. Como el candidato de CREO lo dice: “Es el inicio de una campaña sucia y la campaña sucia comienza cuando se han terminado las ideas y las propuestas para el país".

Expresó algo más: “No tengo ninguna vinculación con el lamentable hecho -feriado bancario- que perjudicó a tantos ecuatorianos”, de lo cual lo pueden dar fe las mismas crónicas sobre el terrible hecho.

Lasso con mucha razón rechazó que "se quiera satanizar la presencia de un candidato que trabajo en un Gobierno, sin embargo no se sataniza la presencia de algunos funcionarios de anteriores gobiernos en el actual”.

Correa, cuya inteligencia emocional genera dudas (es el mismo que se abrió la camisa el 30S), por el odio a un rival quiere que todos los banqueros se sientan afectados. Todo puede pasar con un sujeto que traicionó la amistad de muchos de sus amigos y por eso varios de ellos están en la otra orilla.

Tuvo razón Guillermo Lasso, en su oferta electoral, cuando señaló que el incremento del bono lo lograría con los $ 350 millones que el actual Gobierno destina a la publicidad.

"Yo propongo menos vanidad y más solidaridad. Ese dinero muy bien se puede ahorrar porque la mejor imagen es lo que refleja la realidad. Cuando usted da servicios a los ciudadanos de acuerdo con lo que ellos requieren esa es la mejor publicidad", fue lo que dijo.

Lasso es peligroso (electoralmente hablando) y Correa lo sabe. ¿Cuándo un Presidente de la República se ha preocupado de intentar dañar la imagen de un presunto adversario con vallas en la carretera?

Pero en su accionar hay una secuela. El pueblo, con su sexto sentido, ve aquí que “Goliath” va perdiendo la cordura. Es él quien quiere ofender, provocar, A riesgo de convertir a su rival de hoy en el David de Ecuador.

Por lo pronto, la amenaza del líder, sin duda lograría algo: dejar en segundo plano El Caso Duzac. ¿Es eso lo que se propone?

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