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febrero 27, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Justicia al verdadero mentalizador del aeropuerto

La mezquindad es uno de los defectos humanos más deplorables y lamentablemente en Ecuador es un pecado repetitivo. Uno de los ejemplos más recientes y clamorosos de esta distorsión de la personalidad ejemplar es el caso Paco Moncayo.

Resulta que el ex Alcalde de Quito, general paco Moncayo Gallegos, es el verdadero autor y mentalizador del aeropuerto de Quito. El que ejecutó todo el proceso de estudios y realización del gran complejo aeroportuario, el que dejó la infraestructura parada al 75%. El que recibió las críticas por haber sido considerada una idea quijotesca, aguijoneada por la supuesta carestía de la misma, pero que al que nunca se comprobó ese peculado.

El actual alcalde, Augusto Barrera tiene el mérito de haber culminado la obra y se ha demorado en entregarla porque no supo planificar el sistema de rutas que iban a conducir hacia el flamante aeródromo. Rutas que sí estuvieron consideradas, planificadas e iniciado el proceso de expropiaciones para su trazado, por el propio Paco Moncayo, la ruta: Gualó- Puembo, postergada por un alcalde que quiso demostrar iniciativa, cuando lo que hizo fue encarecer la obra.

En el parque La Carolina de Quito, a pocos metros al norte de la sede de Alianza País, en la avenida de Los Shirys es posible que los quiteños y cualquiera que cruce por allí vea un gigantesco anuncio que dice: El nuevo aeropuerto de Quito ya es una realidad.

Para sorpresa del viandante o de cualquier observador, en el megaanuncio no se encuentra el “nuevo aeropuerto de Quito”, están nada menos que alzando los brazos los triunfadores del momento, Rafael Correa y Augusto Barrera.

Detrás de ellos, en un segundo plano se encuentra la placa del aeropuerto en el que se puede apreciar las palabras: “Siendo Presidente de la República el economista Rafael Correa Delgado, Y, siendo Alcalde de Quito, el doctor Augusto Barrera…”, bueno se trata de una placa conmemorativa de la apertura del nuevo aeropuerto Mariscal Sucre.

El hecho es que no hay ninguna sílaba referente al verdadero autor de la obra, general Paco Moncayo. Ellos, Presidente y alcalde, se atribuyen la autoría de la obra y lamentablemente la amnesia de la generalidad de ecuatorianos y el desconicimiento de la realidad va a conseguir que la mentira pase a la posteridad como una gran verdad.

Tras la dilatada espera para la inauguración del aeropuerto, obra que hubiese estado en servicio hace más de un año, lo menos que la prensa quiteña ha hecho es reconocer el papel de Moncayo. De allí que él, al considerar que extrañamente el actual alcalde se demoró en inaugurar la edificación, señaló para diario El Comercio: “la vía Gualó-Puembo ya quedó financiada, iniciado el proceso de licitación, con las expropiaciones listas para su construcción, que es la parte más difícil. Se opuso, no sé si por soberbia, por falta de visión o por creerse un fuera de serie, a todo lo que se hizo en el pasado. Esta inauguración raya en el cinismo, es la obra más importante para Quito, hecha en mi gestión”.

Lo que menos esperábamos de personeros con un sentido de decencia era que por lo menos inviten, los organizadores del convite, al alcalde iniciador de la obra, a la inauguración. Fue muy lamentable saber que no fue

Incluido en los reconocimientos.

En días anteriores, el 17 de Febrero, el general Moncayo, que fue candidato a Asambleísta por Ruptura, no alcanzó su objetivo y, además, Ruptura fue un experimento tierno, liderado por Norman Wray, por lo cual era muy difícil que alcance éxito cuando el partido de Gobierno hizo una gran propaganda, con muchísimos carteles mostrando a sus cuadros con el presidente de la república.

Moncayo es uno de los políticos decentes a los que no se verá en el nuevo Parlamento, el cual se muestra devaluado por efectos de la plancha, un sistema que ha colocado a mediocres, dada la avalancha del partido más votado.

Moncayo se retira por un tiempo del protagonismo político. Los ecuatorianos de bien lo recuerdan por sus iniciativas como excelente alcalde de Quito y especialmente como el militar brillante de la gesta del Cenepa, puesto que defendió con éxito nuestra soberanía nacional.

La campaña por la Alcaldía será de aquí a un año. Es posible que alguien convenza al general de correr como candidato a la primera función de la ciudad. Si lo hace, es muy posible que se le haga justicia, a través del respaldo en votos, tras este efecto de tomarse la obra ajena para gozar del aplauso popular, aquellos que tomaron el obstáculo vencido y solo tuvieron el gran obstáculo de poner los acabados.

A propósito de la “obra cara” de Paco Moncayo: él la presupuestó en 600 millones de dólares. Con la revolución Ciudadana llegó a costar 758 millones de dólares.

En un país sin fiscalización, con un Congreso subordinado y lleno de “ovejas”, siempre hay la idea de aciertos. Es muy difícil, con una política tan concertada y sin contrapesos, que surja la verdad sobre el no descartado despilfarro.

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