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noviembre 13, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Inocentes del caso Duzac, pero ¿y los culpables?

La política no ha cambiado, es la misma de la vieja partidocracia o peor. Perdón, puede ser mejor, porque tenemos un Presidente muy humano que ha dado un paso adelante en su visión del caso Cuzac. La mañana del último viernes, el primer magistrado de la República, Rafael Correa, visitó nada menos que a los dos exdirectivos del banco COFIEC, que guardan prisión en el ex Penal García Moreno. Lo más notorio fue la convicción que llevó al recinto carcelario al jefe de Estado, pues de sospechar que son culpables jamás hubiese ido a dar un saludo a elementos que en tiempos de las manos limpias serían peor que Dimas y Gestas.

La escena la registraron algunos canales de TV, Correa llegó hasta el Centro de Rehabilitación Número 3 en Quito, que amaneció con un fuerte resguardo policial a causa de su visita a Roberto Sandoval y Omar Unda, quienes están acusados de peculado, por las “investigaciones oficiales”, tras supuestamente haber autorizado un crédito de USD 800.000 dólares en favor del argentino Gastón Duzac.

Después de una reunión privada con los sospechosos en su celda, el Presidente salió a defenderlos y aseguró que su detención es injusta.

"Esto es un acto que no tiene ni pies ni cabeza, ellos hicieron todo lo posible para defender los intereses del banco”, aseguró en tono diáfano Correa. Y ya se sabe que cuando él piensa que alguien es inocente, la Justicia inmediatamente presta atención a sus opiniones (ya están libres).

Desde luego, el Presidente de la nueva justicia que impera en este país admitió que “otorgar el crédito fue un verdadero error, pero la situación no deja de ser una persecución mediática”.

Bueno, en este caso sí estamos de acuerdo con el señor Mandatario. Esos dos señores son inocentes, no fueron ellos los que ordenaron el préstamo ilegal. Roberto Sandoval y Omar Unda son solamente los chivos expiatorios, puesto que la culpabilidad apunta en direcciones más altas, pero la investigación oficial había puesto sus ojos en los queridos ciudadanos que estaban encerrados y, según parece, indignados por tenerles allí pagando por algo que no cometieron.

Por suerte, el mandatario siguió hablando y por lo tanto aclarando algunas dudas: "Aquí tendrán que responder quienes dieron el crédito sin garantías”. ¡Eso! ¡Qué bien! Es decir todavía hay chance que los investigadores den con la alta autoridad que ordenó tramitar sin garantías, o más bien con garantías falsas, puesto que se trataba de los activos del propio prestamista, un crédito de esas dimensiones, como si el Duzac aquel hubiese sido amigo de la casa.

Por fortuna, el señor Presidente siguió hablando más todavía y aseguró que tiene indicios de los verdaderos responsables en el caso. Es decir, señores, esto ya mismo se aclara. Aquí tenemos que plagiar al inventor de “prohibido olvidar”.

Tras la visita de Correa, se conoce que la Fiscalía ni siquiera tuvo la necesidad de tomar las versiones de los implicados, lo que se deduce que fue una pérdida de tiempo haberlos apresado. Ellos están en su casa con el orgullo de haber sido declarados inocentes por el Presidente y lo demás es lo de menos.

Correcto. Es muy bueno que la Justicia, bien sea por orden del Ejecutivo (que constitucionalmente no tiene porqué imponerse a las autoridades judiciales) o bien porque no había mismo razón para tener a los señores de Cofiec detenidos, lo cierto es que la señora de los ojos vendados parcialmente ya ha obrado.

Pero, un momento, como diría Columbo antes de que se cierre la puerta de su antagonista. Desde la óptica del periodismo independiente, siempre se pensó en la inocencia de Sandoval y Unda, que eran los llamados a calmar las expectativas mediáticas (ya lo dijimos, los chivos expiatorios), algo así como el par de bandoleros para justificar la existencia de las investigaciones oficiales. Los culpables existen, porque el préstamo ilegal se dio. Así que no se acaba el triste episodio.

¿Quién fue el que ordenó el préstamo? ¿A quién se refería el influyente Francisco Endara Clavijo cuando, ante tanta tardanza de autoridades honestas de Cofiec que querían garantías auténticas, dijo que había que realizar ese crédito por orden superior?

La tarea que hizo pública la periodista Janet Hinostroza no ha concluido todavía. Es una historia de préstamos vinculados, de un extranjero que supuestamente se sacó la lotería al obtener tan fácilmente cientos de miles de dólares, de presos inocentes, de utilización indebida de los activos incautados a los Isaías, de un primo que se sonríe al considerar que ya se olvidaron de él, de una funcionaria honesta que fue despedida por filtrar información.

Pero también, es un episodio donde la visita del Presidente a los inocentes quiere decir mucho. Sin pensar, recordé un título cinematográfico: “el Silencio de los Inocentes”.

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