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mayo 24, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Homenaje a la libertad

Ecuador cumple este 24 de Mayo 190 años de ser un territorio libre, cronología que revela que se trata de una República relativamente joven y, en consecuencia, es claro que tiene mucho camino y amplio horizonte en su futuro. La Batalla de Pichincha emerge como el gran desafío y la gran gesta para lograr uno de los mayores bienes del hombre, la libertad. Varios países han conocido de tragedias colectivas y pauperización grave antes de lograr romper sus cadenas.

Ecuador conoció algo de eso, sobre todo el 2 de agosto de 1810, cuando fueron masacrados los héroes de la primera asonada, la del 10 de agosto de 1809. Pero tuvo la fortuna de tener al comando a un genio militar.

La historia señala que todo gran paso requiere de una mentalidad bizarra y el protagonista de esta nueva ruta fue el Mariscal de Ayacucho, a cuya memoria hemos hecho homenaje precisamente en los últimos días porque se discutió y se sigue discutiendo sobre la posibilidad de cambiar el nombre del aeropuerto de Quito, lo cual podría sellar el sentimiento de ingratitud que acompañó al excepcional militar durante sus últimos años.

Algunas autoridades, como el Alcalde de Quito, en la Catedral Metropolitana, el último martes, 22 de Mayo, y el Presidente de la República, en la Cima de la Libertad, ayer, 23 de mayo, ya se pronunciaron sobre la importancia de esta fecha.

Un pueblo o un país no puede ser desleal a sus fechas que capitalizan el sentimiento de pertenencia y nacionalidad. En el teatro bélico que constituyó la elevación del Pichincha se conjugó una de las oportunidades del logro de libertad, mismo que se habría retardado como ocurrió con Cuba, libre hacia 1890 (es decir hace solo 122 años).

Desconocemos si el Alcalde capitalino acepte que se equivocó al lanzar un concurso para cambiar el nombre del nuevo aeropuerto, que se va a inaugurar en octubre.

Lo más seguro es que sí, que decida rectificar, pero no descartamos que dado que este tema “no tiene prioridad frente a la inauguración del aeropuerto” mantenga su idea de llamarle “Mitad del Mundo”, como propusieron los quiteños que acudieron al concurso, ceñidos a cuatro opciones, ninguna de ellas refiriéndose a Sucre.

Pero, está visto que la libertad se la logra o se merece todos los días. Los días actuales transcurren para el país con la aplicación de un gobierno de corte dictatorial, que inventó una constitución a la medida tan solo por aplicar su proyecto de perennizarse en el poder.

Este Gobierno, autoproclamado de la “revolución ciudadana”, solo escucha a la gente, también llamada en actitud teatral “el soberano” cuando le conviene, porque al saber el proyecto de dictador situarse en lo que aspira el hombre común, el obrero, el semiempleado, aparece como el único presidente que ha escuchado al Pueblo.

¿Y qué es lo que aspira este ciudadano de escasos ingresos y casi marginal? Ha descubierto el hombre de Carondelet que ante la amargura colectiva por tantas y tantas limitaciones económicas y sociales, el hombre pobre aspira a una revancha, la misma que se ve reflejada cuando el cuasi dictador ajusta las tuercas de los empresarios, dueños de medios de comunicación y librepensadores a los cuales culpa de la tragedia que vive la colectividad.

De pronto, la sociedad ecuatoriana se halla dividida, entre los que tienen una profesión, un trabajo, un título y los marginales, el lumpen que aplaude a rabiar cuando existe persecución a sus adversarios creados por el aparato de propaganda del régimen, los que tienen un poco más y peor aún, los que tienen mucho más que un pobre, se convierten en enemigos de este conglomerado, al que el Gobierno ha conseguido convertir en seguidor fiel, merced al bono de la dignidad, a la posibilidad de tener derecho a una consulta o por el trabajo social del vicepresidente, que ha logrado hacer visible la incorporación de minusválidos a la sociedad.

Cuidado. No estamos despreciando esta labor. Por el contrario, la hemos enaltecido. La ha enaltecido todo el país, por eso la aceptación del vicepresidente en todos los foros, de los correístas y los anti-correístas, de los neutros y los indiferentes.

Lenin Moreno ha construido un proyecto sólido que le perfila como un gran protagonista político, inclusive habíamos pensado que se lo ha visto como un presidencial. Solo que, al parecer, él quiere permanecer fiel a esta revolución ciudadana y prefiere trabajar poco menos que a la sombra de Correa.

En esta marea de propaganda verde (el color del partido gobiernista) es importante que Moreno alcance a distinguir que puede ser el único con capacidad de derrotar al gran aparato oficial.

Ecuador necesita un hombre que equilibre la fuerza de un Goliath hecho a base de la mayor publicidad que ha tenido régimen alguno. Necesitamos esta otra forma de libertad, puesto que llegar a los 14 años con escasas realizaciones, como ha ocurrido con la Venezuela de Chávez, caotizaría a un país que se merece un mejor destino.

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