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junio 29, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Hipótesis que llevan a malos pensamientos

Algo ocurre en el país que la gente va perdiendo la confianza en sus autoridades. Es posible que éstas, a través de acciones verticales, a través de actitudes muy honestas, deban recuperar la credibilidad de la ciudadanía, de la opinión pública.

Si no es la primera autoridad del país la que ha confundido a todos con “su verdad”, que le quisieron dar un golpe de Estado, que nunca llegó a conocer de los negocios millonarios de su hermano con el Estado, la incredulidad llega por vía de autoridades menores, aquellas que señalan que tenía listo un operativo para desbaratar una banda de narcotraficantes y por eso dejaron pasar tantos días en el país una avioneta de la organización delictiva, hasta que Mario Pazmiño (ex director de Inteligencia) hizo pública la presencia de esa nave.

Ahora, también otra autoridad, esta vez, igualmente, de la institución policial, se enreda en su laberinto. La empresa de telefonía móvil Claro desmintió la acusación que le hizo el jefe de la Policía de Ambato, de que no ha entregado los videos de seguridad de sus oficinas para facilitar la investigación de un intento de asalto que ocurrió el martes en la mañana en el parqueadero de centro comercial Los Andes.

Según el coronel Fausto Terán, él salía de la agencia de la entidad telefónica luego de haber hecho una recarga, cuando ocurrió la balacera. Tres sujetos trataron de asaltar a una persona que llevaba 40 mil dólares en cheques por cobrar.

El oficial dijo minutos después del robo que “se adelanta un operativo para identificar y capturar a los delincuentes (en este punto no se precisa si él encabezó este operativo)”.

Resulta que Terán se quejó de la falta de colaboración de los empleados del Banco de Guayaquil y la empresa Claro, porque no habían proporcionado los videos de seguridad de sus oficinas. Ante esto, la empresa Claro, a través de un comunicado, llegó a desmentir al coronel Terán y señala que la colaboración de la empresa y de los empleados fue total y oportuna, no solo con la Policía, sino con las autoridades de la ciudad. Es decir, los representantes de Claro ratificaron que proporcionaron a la Policía e inclusive al Alcalde (autoridad de la ciudad) la información y el material requerido en estos casos.

¿Qué lectura da el desmentido de Claro? Puesto que sus representantes afirman haber entregado el video vale la pena precisar si quien hizo la recepción de la grabación entregada es el propio coronel Terán, en su calidad de principal autoridad policial, o ¿a quién entregaron los representantes de la empresa telefónica ese importante documento?

El detalle sobre quien recibió la grabación de Claro es clave para conocer sobre la versión que lleva adelante esta empresa y, desde luego la versión del propio coronel, que señaló que no había sido facilitado el video de los circuitos cerrados de seguridad de Claro.

Sería muy lamentable que una autoridad policial, la máxima de Tungurahua, desconozca sobre la aportación de la empresa a la que se requirió un documento.

Hay que recoger cuatro posibilidades en esta lectura, todas ellas hipotéticas y graves, pero a eso nos lleva la reacción de esta denuncia (más precisamente, desmentido).

De cualquier manera, la situación debe ser aclarada por sus protagonistas (Claro y el jefe de Policía de Tungurahua). He aquí las cuatro hipótesis: a) que los representantes de Claro no hayan entregado ninguna grabación y que hayan escondido la misma, porque no les interesa que se aclare el delito, aunque la imagen de la empresa salga perjudicada.

b) que Claro haya entregado la grabación al primer policía que pasaba por la esquina o a un subalterno que no tuvo la prolijidad de hacer llegar al jefe ese documento.

c) Que la grabación la haya recibido el propio jefe de la Policía y haya reconocido entre los asaltantes a alguien cuya identidad le parece muy delicado exponerla ante el escarnio público y la Justicia.

d) Que el jefe de la Policía, en su operativo (que él mismo admite haberlo iniciado), haya tenido contacto con los delincuentes y, habiendo recibido el material de Claro, haya decidido sorpresivamente desaparecer la grabación.

Es evidente que algunas de estas hipótesis son incongruentes, pero alguna explicación tiene que haber cuando hay un desmentido de esta naturaleza.

Digamos que no podría una entidad perjudicada desmentir justamente al elemento que es responsable de coadyuvar a que se realice un acto de justicia, pues dada la naturaleza de Claro (empresa con altos ingresos económicos) es más probable que esté presta a colaborar con alguien que trabaja por la seguridad.

Por todo esto, hemos ensayado una quinta hipótesis (e), que permitiría comprender lo ocurrido: que Claro entregó el video de seguridad, que la Policía (sea el coronel Terán o cualquier elemento), lo recibió, pero no llegó a hacer investigación efectiva alguna y ante los requerimientos, nada mejor que decir que del video no se conoce nada.

Las autoridades, mientras más alta responsabilidad tengan, deben ser las más probas para evitar que a menudo se conciba de ellas cualquier situación que puede ser errada o se lucubre al libre albedrío.

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