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septiembre 5, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

¿Gigante con quijada de cristal?

La revolución ciudadana ha empezado a atacar a candidatos que ni siquiera se han preocupado de nombrarle a Correa como tema personal. Ha sido la función y las acciones del gobernante las que ha merecido crítica de un candidato como Guillermo Lasso. Es decir, que nosotros sepamos no se ha pronunciado el hombre de CREO sobre actitudes personales del Presidente, pero ya aparecen los temas en los que se señala “¿Cómo un banquero pretende ser Presidente?”.

El mundo sabe que, un profesional puede aspirar a varios de los cargos que se ponen en el tapete para servir al país. Correa ha satanizado: que un banquero no puede tener un periódico. Que un empresario no puede ir a un cargo público. Y cuando Correa sataniza, está listo el corifeo de corderos levantando la mano para pronunciarse favorablemente a sus deseos.

Y, ahora pretenden matar dos pájaros de un solo tiro. Dicen que tanto Guillermo Lasso como Alberto Acosta provienen de matrices financieras, es decir que están amarrados con el cordón umbilical a un banco o algo parecido. ¿Se puede saber que tan verdad es eso o que tan protervo es haber manejado un negocio bancario (Lasso) o tener parientes en el sector (Acosta)?

Si es por el tema empresarial, Rafael Correa fue gerente de Ferexpo, y estuvo al servicio de Washington Aguayo, presidente de esa entidad /que según nos cuentan desapareció en poco tiempo), pero eso no fue un demérito, además eso no lo colocó en el saco de “empresarios explotadores”, rótulo que quieren colocar a todo empresario, a todo banquero, a cualquier persona que haya gerenciado una institución.

En el caso de Guillermo Lasso, al cual ahora los gobiernistas desprestigian con aquello de “empresario y banquero”, si algo le caracterizó es haber trabajado para que ingresen al mundo del emprendimiento ciudadanos y jóvenes con talento e iniciativas.

Aparte de eso, corroborando el criterio de que en materia política no existen lazos familiares sino simplemente ideas, Guillermo Lasso tiene en Canal 7 Ecuador TV un hermano correísta, Xavier Lasso, quien por más señals escribía en El Comercio y despotricó contra la partidocracia, haciendo un programa “progresista” en el canal del estado.

En el caso de Alberto Acosta: sépase que no se ha conocido que haya gerenciado una entidad bancaria. ¿Qué tiene parientes en el sector financiero? Pues eso no lo desprestigia de manera alguna. De allí que hagamos acopio a una respuesta o reacción dada en el diario Hoy por uno de los lectores de nombre o seudónimo Jimmy, tras su comentario en el artículo “Acosta vs. Correa”:

“Acosta es más íntegro. Al otrito, como que se le cayó la máscara el 30-S y desde entonces parece un héroe de comedia: “que quiero 80 millones para salvar mi honor”, “que porque esa damisela me ha quedado mirando mal”, “que porque esa señora me ha levantado el dedo con una mala señal”. Y a nombre del pueblo, resulta que tiene planes de "soberano". Aquel que dice que Acosta es banquero, no tiene derecho a sindicar de lo que tiene la parentela. ¿O se le podría atribuir a Rafael el pequeño desliz de papá?”.

Es decir, si a alguien quieren atribuirle los defectos de la familia, primero hay que ver la viga en el ojo propio antes que en el ajeno.

Cuando aún no ha empezado la campaña, da mucha aprehensión que algunos candidatos ya se hallen perseguidos, esculcados, investigados, cribados en su presente y pasado, en este empeño del poder en aparecer como el único postulante válido.

Hay algo más peligroso que está ocurriendo y de lo que el presidente del Consejo Nacional Electoral debe despejar, de lo contrario parece cómplice: las intenciones de eliminar a varias fuerzas políticas de las elecciones. ¿Acaso creen que el país debe ser partido único?

Preparar una sorpresa entre Alianza País y el CNE simplemente es muy peligroso. Hay que esperar que esta actitud egoísta y con corte fraudulento (como fraudulentas fueron las firmas que aparecieron en todos los partidos), no prospere.

El país requiere ir hacia una etapa de consensos, de distensión, no a la agudización de los enfrentamientos y menos la radicalización de la inseguridad y la violencia. El Presidente debe respetar las condiciones de rivales grandes, medianos y chicos. ¿Es él un árbitro idóneo para decir quién debe o quién no debe participar en el proceso electoral que se avecina?

El Goliath de nuestra política debería estar tranquilo. Si es tan fuerte como pregona y si sus adversarios van a ser barridos fácilmente, que no se preocupe tanto. Esa crisis nerviosa que advertimos, nos hace pensar que aún el 41% de preferencia que se atribuye está inflado. Es posible que el “gigante” tenga quijada de cristal.  
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