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agosto 1, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Firmas falsificadas y revolución coadyuvante

La aparición de firmas de adhesión al Movimiento Avanzar, que respalda al economista Rafael Correa, junto con firmas falsificadas, representa uno más de los tantos hechos que cercan el estilo y manera de obrar de la revolución Siglo XXI.

El mismo procurador del Estado, Carlos Polit, dijo que “había que examinar al CNE, antes que a los partidos y movimientos”, lo cual se puede entender como una acción inteligente de cualquiera que sabe que no puede comprometerse con una función del estado convertida en la parte involucrada.

Mucho nos tememos que las bases de datos del CNE fueron entregadas a los movimientos que se adhieren al poder. Y no estamos intentando descargar culpas presuntas de otros movimientos y partidos, pero recuérdese que al momento de la inscripción o aprobación del Consejo Nacional Electoral éstos ya fueron examinados.

Entonces, la frase: “Son cosas de dirigentes de partidos y movimientos corruptos”, a cargo de Rafael Correa, no es sino una forma de manchar a todos, cuando el CNE, con todas las fichas que tiene, al servicio del poderoso es el que podría estar adjuntando más firmas falsas a nombre de partidos y movimientos de la oposición.

Por ejemplo, la denuncia de Rodrigo Contero Peñafiel, bajo el título: “Alerta a los afiliados al IESS”, es una advertencia esclarecedora. Parece que les falta mucho para tener las manos limpias del jefe y sus lugartenientes. Así se expresa Contero Peñafiel, hombre que es conocido, no una figura de ficción:

“Con profunda sorpresa he visto mi nombre en el ‘link’ habilitado por el Consejo Nacional Electoral constando como afiliado a un partido político Avanza, creado por el actual representante del Presidente de la República al Directorio del IESS, partido al que nunca he dado mi firma de respaldo, no he asistido ni he tomado contacto con ninguno de sus representantes”.

“Lo que me liga al Seguro Social es mi afiliación a dicha institución por motivos de trabajo lo que no les da derecho para utilizar mi nombre, mis datos ni mi firma para cometer este ilícito que pongo públicamente en conocimiento de la Fiscalía General del Estado, el Consejo Nacional Electoral y Provincial para que se anule esta abusiva y mañosa afiliación. Por mi parte seguiré todas las acciones pertinentes para que sean sancionados todos los culpables”.

Es decir, Contero Peñafiel sospecha que es el Gobierno el que está justamente involucrado en la sucia práctica de tomar un nombre y una firma para engrosar su base electoral, la misma que tiene sus filas alimentadas con la ventaja de manejar renglones numerosos de ciudadanos que dieron sus datos ingenuamente.

No vamos a ser tan fundamentalistas en creer que solo las listas que emitió el Gobierno o sus aliados están contaminadas, pues en política nada se acerca a lo perfecto o ideal pero tanto hemos llegado a desconfiar del jefe de Estado que creemos justamente que él y otras tiendas cercanas al régimen han sido, en su afán de crear fuerzas satélites y útiles a los fines gobiernistas, los presuntos coadyuvantes de la ilegalidad.

Esto significa que damos por sentado que alguien se engaña con números falsos de seguidores o que es tan vivaz que jugando a números superiores logra que la gente se sienta atraída por esa gran difusión que significa el partido de Gobierno y sus recursos para multiplicar su número de seguidores.

En el tiempo del Reichstag de Adolfo Hitler se comprobó que las masas se sienten atraídas por la manera contundente de obrar o pensar de un movimiento o partido político como el nacionalsocialismo.

Los Vinicio Alvarado y otros asesores de imagen que están en las filas del Gobierno no hacen sino interpretar fielmente el libreto de los que saben cómo atraer la simpatía de los más ingenuos, de los que creen que es suficiente con que el Gobierno les conceda un bono de la “dignidad” o les facilite el acceso a la salud con tal de que no sepan pensar.

Es que lo que ocurre es que en el Ecuador el uso del pensamiento puede tornarse peligroso cuando la reflexión lleva a la conclusión que de ninguna manera ha sido perfecta la revolución ciudadana, cuando por un lado el Mandatario es capaz de demostrar capacidad de servicio y por otro deja comprobar que su servicio tiene fines utilitarios, como la cosecha de votos, derrotando fácilmente a quienes están en contra de las acciones antidemocráticas, desleales y comprometidas con grupos de poder como la revolución ciudadana, una fuerza política que se muestra capaz de acciones extremas para mantener el poder.

Si están pensando que la lucha de ecuatorianos que piensan y que están fuera de los alcances revolucionarios es suficiente para neutralizar el avance de los que quieren la reelección de Correa hay que recordarles que solo el 10% de los lectores de periódicos leen las columnas de opinión y que del total de ecuatorianos solo el 10 por ciento leen el periódico del día, lo cual representa que solo el 1% de ecuatorianos puede ser influenciado por los opositores, pues tal es la etiqueta que ha dado el Gobierno a los que piensan diferente.

Esta visto que este Gobierno salta fácilmente los códigos éticos y políticos, inclusive los normados por su Constitución. Corresponde a los políticos, autoridades independientes y candidatos poner sobre la mesa la verdad de esta ficción en la que se sienten cómodos aquellos que no leen artículos de opinión, editoriales, ni análisis que solo representan “el pataleo de los que están con la partidocracia”.

Es decir, los viejos y nuevos partidos y movimientos que no comulgan con la revolución que ama los millones (prohibido olvidar los 40 millones que quisieron cobrar a El Universo y los 20 millones de El Gran Hermano), deben encontrar estrategias para desenmascarar, con razones contundentes e irrefutables el nuevo golpe que quiere asestar el que maneja actualmente el país.

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