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marzo 21, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Entre la vitrina, la fe y el cambio

No dejó de sorprender la presencia de Rafael Correa en la primera misa papal del flamante Pontífice Francisco, en Roma. El periplo, en el que incluyó a su madre, Norma Delgado, hay que evaluarlo con ponderación y aceptarlo con el positivismo que significa un paso de mayor identidad con el pensamiento de la mayoría.

No estamos a favor del palo porque bogas, palo porque no bogas y hay que decir que la presencia correísta junto a otros mandatarios latinoamericanos y del Mundo ha sido interpretada como el principio de una nueva actitud frente a los diferentes eventos de connotación internacional.

Anteriormente, un Rafael Correa arrogante y locuaz, con menos sapiencia, tal vez hubiese argumentado que un evento como la entronización del Papa le era indiferente y hubiese sido más creíble, por ejemplo, su presencia en el aniversario de la revolución cubana, en la prueba de un misil de Irán o en el monumento a algún héroe de Nicaragua, sin pretender que los tres eventos no tienen validez, sino poniendo énfasis que lo que caracterizaba al Mandatario ecuatoriano era la sectarización.

El nuevo periodo de Rafael Correa tiene el desafío de lograr una mayor armonía entre las fuerzas sociales del país, en vez de llevar la profundización de las diferencias, lo cual derivaría en nuevos cuatro años de accidentada relación con los sectores productivos, comerciales, la pequeña y mediana industria.

Estamos considerando que hay un afán de cambio, no estamos subiéndonos a su camioneta, pero creemos que luego del triunfo electoral, el Presidente no puede desaprovechar la oportunidad de ingresar en una etapa de menos conflictividad y, por el contrario, debe desarrollar un puente de acciones con el sector empresarial, que desemboque en un mayor incentivo para quienes desean emprender en cualquier actividad.

Esto no significa retroceder en ningún ideario político sino dar apertura a una mayor confianza del inversionista local, lo cual contribuirá o redundará en la presencia del inversionista foráneo.

El Presidente también, con la seguridad de que cuenta con respaldo popular, legitimado en las urnas, debe abandonar el estilo de considerar que detrás de cada opinión crítica existe intenciones golpistas o que detrás de cualquier acción corporativa hay una confabulación mayor que quiere llevar al país a una situación de golpismo, la misma que no podría producirse en las actuales circunstancias cuando ha madurado la conciencia nacional y están de por medio unas fuerzas armadas profesionales.

Estimamos asimismo, que tras seis años de Gobierno, el Presidente por fuerza tendría que haber dado pasos adelante en cuanto a la necesaria reflexión y ubicación de un “yo como dirigente de un país”, es decir creemos que habrá madurado, como político, como persona, como protagonista de los asuntos públicos. Volver a caer en situaciones incompatibles con sus funciones o con la alta investidura que ostenta sería ilógico.

Es decir, hay que desvanecer con reacciones sobrias y sin teatralidad cualquier imagen deformada por hechos similares al 30 de septiembre, al juicio a un medio independiente como El Universo o a la persecución a políticos que no le son afectos, como a los jóvenes de Luluncoto que solo tenían unas hojas volantes o a su ex rival Alvaro Noboa, a través de un millonario impuesto que le quiere cobrar el SRI de la revolución ciudadana. Son pasos en los que tiene que mejorar el Presidente.

Desde luego, él podría sorprendernos por dos lados, demostrando que existe actitud a cambiar o, para decepción de la mayoría, demostrando que solo estuvo en su hora de reflexión de El Vaticano porque “es una interesante vitrina que permite estar ante los ojos del Mundo”

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