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septiembre 21, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Entre el interés del país y de los segundones

Es un misterio lo que piensa Teleamazonas de la amenaza mortal a su periodista. Algo tan claro como el agua, que es respaldarle, puesto que su investigación ha llegado a los meandros de los intocables, no ha podido evacuarse con firmeza, respondiendo a esa máxima que dice: La razón no pide fuerza.

Es por esto (por tener la razón) que abogados de fuste como los de El Universo, Joffre Campaña y Hernán Pérez Loose, no perdonaron resquicio alguno en un caso en el que el país consciente sabía de la persecución, mientras el país huérfano de ilustración ignora, porque no quiere ver, la realidad (“solo hay que gritar por nuestro Presi y por los 30 dólares mensuales de la dignidad”).

En el caso Hinostroza, también es necesario que la clase periodística; que el canal al cual ella sirve (¿o sirvió?); un abogado investigador, del estilo Campaña; un jurisconsulto analista como Pérez Loose, y especialmente la clase política (justo ahora se pone a prueba), lleguen a profundizar lo que dejó abriendo Janeth Hinostroza.

Ella iba a entregar la tercera parte de su investigación cuando ocurrió que le llegó la amenaza. Es posible que hayan sido palabras intimidantes que le exigieron parar inmediatamente sobre el tema Cofiec. Es posible asimismo, que el potencial verdugo le haya recordado que sabe dónde vive, con quien vive, la composición de su familia, tantos detalles siniestros que no hacen sino recordarnos que los tiempos de revolución son tiempos de extremismos, de fanatismo y además pragmáticos.

De extremismos, porque ¡ay! del obstáculo que se aparezca en el camino. Recuerde usted que fueron capaces de expulsar del Palacio Legislativo a 57 diputados elegidos por el pueblo; recuerde además que se pasaron por alto su Constitución para formular directamente leyes a través de la Consulta, dizque a nombre del pueblo.

Son fanáticos, pero no los mandamases de la revolución. Sino los que tienen fe absoluta en los cambios y creen ciegamente en los principios de sus héroes. En este campo están las bases, pues solamente las bases adoctrinadas son capaces de ignorar las tropelías de sus líderes.

Son pragmáticos. Estos no están en las bases, por el contrario, son los elegidos y elegibles. Los que están al frente y han logrado a través de pactos (con Pachakutik, con el MPD, con el PRE) legitimar leyes y abrir caminos que les lleve a tener más poder, si es posible al absolutismo.

Y, como son pragmáticos y fríos, no les importa deshacerse de sus socios con cualquier futileza o con cosas importantes como incumplirles los compromisos que fueron parte del pacto. Justamente Pachakutik, el MPD y el PRE ya saben lo que es la traición política en alguno de sus casos en grado superlativo.

El coadyuvante de esta operación intenta desligarse de sus responsabilidades y negar que hubo un pacto con alguna de estas organizaciones, particularmente con el roldosismo, pero está muy claro que no había razón para que la gente de Bucaram vote en todos los proyectos gubernamentales por las tesis oficiales. Salvo que haya un precio, una promesa, por ejemplo la de cumplir con sus deseos de “dejarle volver” al líder de esa organización.

Los pragmáticos no necesitaban de los roldosistas más allá de lograr su útil votación. Una vez cumplida la consigna o la meta bien podían irse todos al exilio, para ellos les da lo mismo las expectativas de los ex socios.

El pragmatismo jamás estuvo reñido con el cálculo (matemático, político, social, estratégico). Por el contrario son dos categorías que tienen mucha química. Pero también pone una venda a quienes sin pudor manifiestan codicia, excesivo orgullo e ímpetu que no mide consecuencias.

Por el momento desconocemos lo que va a pasar con esta nueva vergonzosa irregularidad del entorno cercano a quienes nos vendieron imagen de manos limpias. No olvidar que está en medio de esta borrasca el primo del Presidente, Pedro Delgado, a quien homenajearon hace pocos días.

Interesa a la gente de bien que el propio Gobierno, que mantuvo un entredicho con la revista Semana de Colombia, a la que aseguró que no hay ninguna persecución periodística, permita que trabaje sin obstáculos Janeth Hinostroza, una investigadora que se debe al público, antes que al Canal de Televisión y menos al Gobierno.

Ustedes dirán: ¿pero cómo el Gobierno va a permitir que alguien descubra sus propias flaquezas?

Es que ocurre que todavía creemos que el caso Cofiec, o caso Duzac, no involucra directamente al régimen sino a segundones. Un Gobierno honesto que descubre segundones corruptos solo tiene que despacharles de sus terrenos. No hay que olvidar que en Venezuela, Henrique Capriles dio una lección ética al despedir sin demora a uno de sus generales, Juan Carlos Caldera, un diputado de su agrupación que había estado cobrando dinero y haciendo quedar mal a la unidad de la cual es líder.

Sería importante que Correa no proteja a los involucrados en la estafa de 800 mil dólares al Estado.

Mientras tanto, en la suposición de que la revolución mantiene la misma actitud que en casos anteriores, podemos especular sobre el futuro de Janeth Hinostroza. Así lo ven los chateadores de diario Hoy a este caso que ha llamado la atención y que inevitablemente genera un ángulo de ingenio humorístico y otro de ironía:

Acto 1: La Periodista Janeth Hinostroza entrega toda su investigación al Gobierno, "para que aclare la irregularidad".

Acto 2: El vocero gubernamental dice que este tremendo caso lo van a estudiar tres magistrados: Antonio Gagliardo, Carlos Pazmiño y John Walls.

Acto 3: Hay un testigo que señala que escuchó decir a Janeth Hinostroza, mientras pasaba por uno de los pasillos de Teleamazonas, que “el Presidente sí sabía del préstamo”.

Acto 4: El Presi sigue juicio a Janeth Hinostroza por calumniarle. Pide unos cuantos millones de indemnización, y exige que todos los medios reproduzcan la versión de El Telégrafo y El Ciudadano.

Acto 5: Los abogados Guten y AlemBerg sostienen que la imperdonable calumnia ya tiene sentencia.

Acto 6: La periodista Janeth Hinostroza es obligada a retractarse de toda su investigación. Como se retractó muy tarde (en realidad solo deseó buena suerte al Presi), el poderoso le dice que la sentencia del juez Juan Paredes va porque va. "Coloradita horrorosa yo te lo advertí, no sabes con quien te has metido".

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