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septiembre 27, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

En la revolución, nadie se permita denunciar

Esto que está pasando es propio de la nueva jurisprudencia. El Presidente castigando por una "falta": la de denunciar un delito en un caso que deja mal parado al entorno de su Gobierno. Si la actitud de quien elige denunciar lo malo es prohibida, cualquiera podría considerar a la inversa, que más bien él, el hombre que llegó a dar lecciones de cambio en la política, tiene que preocuparse por encontrar al culpable de la falta y no a quien la denunció.

Así, con la sabiduría de un Salomón XXI, el caso Cofiec cobró una nueva víctima, aparte de la periodista Janeth Hinostroza a la que se le obligó a no seguir ahondando en su investigación, tema que le separó temporalmente del canal al que servía (Teleamazonas).

También resultó damnificada María Fernanda Luzuriaga, presidenta ejecutiva del banco público Cofiec, la misma que fue sacada de su escritorio sin fórmula de juicio, con la simple presunción, no siquiera seguridad, de que fue ella la que dio los datos concernientes al ilegal préstamo realizado a Gastón Duzac.

El propio presidente Rafael Correa dijo que la ex funcionaria de Cofiec, fue despedida el pasado lunes, "porque filtró información a la prensa sobre un préstamo supuestamente irregular concedido al ciudadano argentino".

El Presidente dijo en una rueda de prensa en Guayaquil que el caso se detectó antes de que saliera a la luz pública "pero lo filtran a la prensa para hacer daño".

Sin embargo, el Gobierno ha demostrado cero iniciativa en eso "que detectó". Aquí viene la reminiscencia del caso Avioneta Narco de Santa Elena, cuando el coronel Patricio Pazmiño denunció la presencia de una nave en un hangar de esa jurisdicción, tras más de dos días de permanencia del aparato en el escondite, el ministro del Interior (José Serrano), al conocer de la denuncia del ex director de Inteligencia del Ejército dijo nada menos que "nosotros estábamos sobre la pista de unos ocho delincuentes y el coronel Pazmiño nos ha desbaratado el operativo".

Por eso creemos que, al momento de tomar acciones, la gente de este Gobierno no demuestra esa dinamia que tiene para hablar y eso hace que otras personas, con absoluta legitimidad tomen la iniciativa.

En el caso Duzac es el propio régimen el que debió aportar con datos y dejar a un lado las reservas que derivan de un hecho que tiene evidencias de corrupción. "Se tardó" y eso obligó a que alguien decida denunciar la tremenda irregularidad, que es la que debe preocupar al mandamás, antes que sufrir por lo que vaya a decir la prensa.

Siendo que el supuesto empresario argentino no había pagado su compromiso durante varios meses y siendo que estaba fuera del país, es el Gobierno que, casa adentro, tiene a cargo el programa de "Los Más Buscados" el que debió ponerse en contacto con su par argentino, cuya titular es Cristina vda. de Kirchner, a fin de dar con el paradero de quien defraudó al Estado ecuatoriano.

El Presidente ecuatoriano dijo algo que no puede pasar desapercibido sobre el tema: "Parece que la persona que filtró la información es esta señora (María Fernanda Luzuriaga), por lo que fue separada del cargo".

Esta declaración de quien nos gobierna significa que no existe la absoluta seguridad que haya sido la ex funcionaria quien expuso a la luz el caso. Pero aunque así fuera, ¿por qué ella debe ser la principal chivo expiatorio de un caso que tiene verdaderos culpables? Seguramente la lucubración del ecuánime presidente parte de que la señora Luzuriaga inició las investigaciones sobre el crédito de $800.000 en dinero público que recibió el argentino Gastón Duzac en diciembre de 2011.

Hay que tomar en cuenta que desde entonces (más de 270 días) Duzac no ha devuelto el dinero que obtuvo dando como aval documentos de empresas que están en manos del Estado, una irregularidad que no principia con el argentino sino con el mismo sistema de crédito, es decir irregularidad que partió de Cofiec.

Y cuando ha pasado tanto tiempo, es decir cuando "no asoma el responsable de los 800 mil dólares" el Presidente reconoció en su disertación, en Guayaquil: "Tenemos aquí a un potencial estafador, que sorprendió a algunos mandos medios".

Y sigue pontificando: "Hay graves irregularidades, y eso tendrá que judicializarse y tendrán que responder los que dieron las garantías mal dadas y los que dieron el crédito mal dado, y por supuesto este tipo Duzac si no paga", añadió, pasándose ahora al plano de los que ponen en la balanza del mal al caso Duzac.

Al mismo tiempo, Correa acusó a la prensa de no buscar la verdad, sino buscar "hacer daño, hacer escándalo", y dijo que la investigación periodística es parte de una campaña contra Pedro Delgado, su primo y presidente del Directorio del Banco Central.

Pero, la prensa no iba a hacer ningún escándalo si un honrado funcionario, como la ex presidenta ejecutiva de Cofiec, denunciaba que "un argentino nos ha sorprendido".

Lo que a nuestro gobernante le debe preocupar no es quién denunció la irregularidad de corte delictivo, sino quienes cometieron la irregularidad.

Las lecciones de ética ocurren a menudo en la política nacional e internacional. Recuérdese que hace pocos días, un político con menos experiencia que el actual mandatario, el candidato presidencial Capriles, conoció que uno de sus más cercanos colaboradores, el diputado Juan Carlos Caldera, cometió un acto ilegal, al intentar cobrar a gente que quería oportunidades frente al potencial futuro Gobierno (suele pasar en el entorno de los candidatos con posibilidades).

En cuánto se enteró, Capriles le expulsó. No hubo espíritu de cuerpo como al parecer ocurre en el Ecuador. Defender a segundones solo le va a causar al Presidente que se extienda el rabo de paja de la revolución.

En cuanto a la señora ex presidenta ejecutiva de Cofiec, nos parece que merece un mejor destino. No es posible que la víctima de este delito sea justamente la que denunció una falta. Esto es algo más grave que matar al mensajero, es matar a quien maneja la verdad y denuncia la farsa. En el futuro, cualquier servidor público que conozca de una travesura, de una infamia o de una metida de mano lo pensará dos veces. Denunciar una verdad, ¿es negativo o lo contrario?

 

 

 

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