0
septiembre 15, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

En Ecuador, ¿Son convenientes o no las cocinas eléctricas?

Ignoramos lo que hay detrás de la campaña de Carondelet para la instalación de dos millones de cocinas eléctricas en el país. Es más, ignoramos concretamente cuál sería la ventaja que eventualmente obtendría el pueblo al utilizar tales artefactos eléctricos. Hay que precisar que el tanque de gas, cuya duración promedio en una familia de cinco personas es de un mes, y que tiene un valor de dos dólares cincuenta centavos (en los barrios más pudientes a tres dólares), podría resultar inferior al costo de la electricidad, que solamente no sufriría una familia que usa menos de 80 kwh al mes (es decir parejas con un solo hijo, u hogares de posibles solterones, divorciados y jubilados). Debería existir un proyecto piloto que pruebe cuánto en realidad pagaría una familia con cuatro o cinco miembros (o más), con el uso de un mes de esta cocina. Y que se difunda el gasto de estas familias (por lo menos que se experimente el consumo con unas ocho o 10), a fin de establecer comprobadamente los promedios de gasto, a fin de señalar si efectivamente se trata de un ahorro. Hasta el momento, la ciudadanía ha recibido junto con las planillas del consumo las propagandas de la cocina, en sus modalidades de dos y cuatro quemadores. No sabemos si las cocinas son chinas, rusas, hindúes, cubanas, o de qué país proceden, pero siendo el Gobierno el gestor directo de su promoción, cierto es que puede generar rumores sobre los vínculos entre gobernante e industriales que van a vender las dos millones de cocinas a los ecuatorianos. No queremos convertirnos en portadores de muchas suspicacias, estas llegan solitas, cuando hay de por medio una campaña y hay un alto número de posibles compradores. Desde un punto de vista perspicaz podríamos decir que hay un gran oferente que podría colocar con un par de sabatinas y la propaganda oficial las cocinas en los hogares ecuatorianos, pero la mayoría de compatriotas están en un proceso de dudas, antes que de enamoramiento de las dichosas cocinas. Los compatriotas quieren saber si efectivamente les conviene más usar la electricidad que el gas doméstico. El Gobierno ha colocado una base de 80 kwh para beneficiar con tarifa reducida, pero hemos visto planillas de familias “normales” (cuatro o cinco miembros), con planillas cuyo consumo rebasa los 100 kwh, por lo tanto no se beneficiarían con el uso de las cocinas. Entonces, el Gobierno con su cabeza Rafael Correa, deben aclarar tres cosas: Si el límite de 80 kwh, para ser merecedores de tarifas preferenciales se refiere al uso exclusivamente de la cocina o al uso de todos los servicios; cuánto representará pasar de los 80 kwh y hablarnos de las escalas reales de cobro; que el Gobierno diga si esta difusión de la cocina no significa que tiene planes de elevar el precio del gas de uso doméstico (como castigo, al fin, por haber ignorado la compra de cocinas); que el Gobierno nos dé a conocer los costos energéticos reales que va a generar la cocina y los costos del artefacto en sí, a fin de establecer de que no haya relaciones de tipo negocio con los mayoristas que producen la cocina; por últimos, que el Gobierno está dispuesto a exhibir el resultado de un sondeo de los costos reales del uso de la cocina a través de muestras que servirían de piloto (como dijimos con ocho o 10 familias de diferente estructura), a quienes se aplicaría las tarifas reales, a que las conozcan los 14 millones de ciudadanos que admiran y se sorprenden con este nuevo plan revolucionario, del que no se ha aclarado de manera alguna si será o no más conveniente que la usanza del viejo pero no caro gas que se resiste a irse mientras no se aclaren las nubes que hay alrededor del tema cocina eléctrica. Y hay otras nubes. La serie de protestas contra Correa, algunas de las cuales inclusive se viven en el exterior (por ejemplo, en los Estados Unidos). La popularidad del que vive de la propaganda está en la cuerda floja.  
Click to share thisClick to share this