0
abril 26, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Empresas e instituciones y el rol del influyente

Rafael Correa es un Presidente que tiene varios compromisos políticos, con seguidores de todos los sectores que a su vez durante sus campañas hicieron los méritos para ser tomados en cuenta como “leales”.

Para poder cumplir con sus promesas ante cientos o quizá miles de ellos, no le quedaba otra que promover el crecimiento del aparato burocrático a niveles nunca vistos, de tal manera que hoy existen muchos más ministerios o secretarías de Estado que en cualquiera de los gobiernos anteriores.

Pero una vez que se agotó este sistema, Rafael ha empezado a recorrer caminos aún más enfocados en sus objetivos, dedicándose a cambiar hombres que considera removibles, por los de camiseta verde limón (el color del Movimiento País).

De allí que el Presidente haya resuelto notables mutaciones en varias instituciones o gremios.

Por ejemplo, separó a 600 médicos de sus cargos y pretende hacer una reingeniería de las universidades clase E (las que están en peligro de ser cerradas) a las cuales va a enviar decenas de maestros provenientes de la revolución ciudadana.

Correa no para. Últimamente removió a 206 empleados de Tame, aerolínea aérea que obviamente necesita gente especializada, entendiéndose que los que salen a vacaciones indefinidas son entendidos en la tarea.

Tame notificó el martes a 206 empleados que quedaban desvinculados de la empresa, aduciendo el patrono que su despido “es necesario para iniciar una reestructuración de la aerolínea pública”.

Este es un Gobierno de cambios radicales y separar a cientos de empleados puede interpretarse de alguna manera que habrá mutaciones en los servicios de la aerolínea.

La mecánica del cese de toda relación evitando en lo posible un efecto traumático que afecte la imagen del régimen ante la opinión pública desde luego corresponde a sistemas de nueva comunicación desde el área de recursos humanos.

De esta manera, los trabajadores fueron convocados a una reunión en la que se les dio a conocer que la aerolínea prescindía de sus servicios.

Un grupo fue citado en un local ubicado en la av. Cristóbal Colón y Juan León Mera y otros en un restaurante, ambas citas realizadas en el norte de Quito.

Acaso lo más sensible está en la eliminación de beneficios que tienen que ver con el servicio público. Se conoce que los ex colaboradores ya no eran parte de la Ley Orgánica de Servicio Público (Losep), sino que su dependencia laboral estaba regulada por el Código de Trabajo, pese a que Tame es una empresa pública.

Muchos de los trabajadores que aspiraban a que su liquidación contenga los beneficios de la Losep se ven obligados a resignarse con menos beneficios al ser liquidados con base en el Código de Trabajo

Los despidos corresponden a una decisión que fue tomada “atendiendo las recomendaciones de consultorías realizadas por empresas especializadas y en relación con su nueva proyección”.

Desde la óptica de quienes le siguen al oficialismo, t odo induce a pensar que el recorte de Tame se debe “al exceso de personal” concentrado en las operaciones domésticas y la necesidad de desarrollar sus capacidades.

Habrá, asimismo que realizar un seguimiento sobre la actual composición del personal de Tame y si es que han ingresado o no nuevos trabajadores.

El móvil del “cambio” es un estudio que realizó la Asociación Internacional de Transporte Aéreo entre el 2010 y el 2011, en el mismo que se habla de reestructuración Los resultados de esta reestructuración se verán a mediano y aún a corto plazo. Allí se sabrá si es que se han aumentado elementos en las diferentes áreas de Tame, como reemplazo de los 206 removidos.

Algunos trabajadores despedidos, en atención a la dificultad que les significa protestar por la medida, empezaron a cobrar las liquidaciones en la Inspectoría de Trabajo.

La influencia de Rafael Correa y su praxis política, que tiene como norma reforzar a su grupo y, si es posible, minimizar al adversario equivale a una interferencia constante o presencia en los escenarios públicos.

Por ejemplo, al mantener la tesis de que las Fuerzas Armadas coadyuvarían en la protección ciudadana, es decir en la seguridad, pone de manifiesto que tiene una adhesión a los militares.

Correa es de aquellos jefes que no se ven satisfechos con tener el título de Presidente, quiere que tal cargo sea muy visible y por eso la serie de discursos en los recintos militares ratificando su confianza de que ellos asuman un papel más protagónico en la lucha contra los delincuentes.

Desde el 30 de enero, Correa no pierde la ocasión para enfatizar que los militares son el cuerpo uniformado de su confianza.

Vista así las cosas, no extrañará que en el futuro, el Presidente se decida a dar un gran salto, materialice la despedida de 200 ó 300 policías (números al azar), para poner gente de su confianza a fin de “ combatir el crimen organizado y proteger la seguridad de los ciudadanos”.

Click to share thisClick to share this