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enero 20, 2015 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Elefante difícil de esconder

El Gobierno se ha trazado un plan riguroso que debe cumplirse en estos diez años, disminuir gradualmente el número de los efectivos militares en 8.000 hombres, es decir bajarle de 42.500 efectivos a solo 34.500. Nadie dice que eso sea tarea imposible, especialmente cuando Ecuador vive un período de paz (lo cual mengua la urgencia de poseer un ejército numeroso) y si es que existe el dinero para pagar la cesantía colectiva.

Lo que vemos muy difícil es que el presidente de mayor bonanza petrolera en nuestra historia, y actualmente un hombre lleno de planes para sacar fondos de donde quiera, sepa conciliar dos tareas muy contradictorias: eliminar a lo que considera un excedente en personal militar y tratar de que pasen inadvertidos los miles de puestos burocráticos colocados en dos decenas de ministerios inventados, que ahora, en tiempos de vacas flacas, van a pesar en la chequera del Estado.

Pero, ese elefante es difícil de esconder. Tratar de que el pueblo no vea que existen un sinfín de secretarías y despachos, impedir que se vean los edificios y caserones con los logotipos gubernamentales, identificados hasta por las banderas verdes que ponen en los días de marchas o contramarchas, es improbable.

Si algo de bueno tiene este espejismo es haber revelado que el bienestar de la bonanza petrolera de alguna manera contribuyó a que don Gobierno se sienta un hacedor de obras como ningún otro anterior, es que los otros con barriles de 12 ó 16 dólares solo podían ´hacer obritas prioritarias y les faltó las de relumbrón.

Ahora, cuando el oro negro se ha puesto a la mitad, que de todas maneras es el doble o el triple de lo que ingresaba a las arcas que manejaron los gobiernos de León, Borja, Sixto, Abdalá, o Gutiérrez, descubre que hay que poner ingenio para sacar plata por aquí y por allá, por ejemplo reduciendo al número de soldados.

¿Pero no pensó acaso en verse en apuros al haber logrado colocar a varios centenares o miles de desempleados, desde luego pertenecientes a la revolución ciudadana, para los cuales creó estructuras burocráticas como el Ministerio del Buen Vivir y otros nombres propios del alegre gasto que impulsaba el Gobierno de las manos llenas (eso sí, cuando el barril estaba a 100)?.

Este ambiente hace mella en el ánimo de los uniformados, pues mientras salta a la vista el crecimiento del aparato burocrático, hay planes para la reducción de militares.

Hace unas dos semanas, la Confederación de Militares en Servicio Pasivo realizó un foro donde estuvieron como panelistas oficiales importantes y reconocidos, Paco Moncayo, René Yandún y Ernesto González. Todos ellos defienden a la Institución militar y advierten que hay acciones gubernamentales que les afectan e inclusive menoscaban su prestigio (el de las Fuerzas Armadas), entre ellas la persecución a oficiales por supuestos crímenes en el período gubernamental de León Febres Cordero, aunque admiten que por política y misión del oficio militar sí combatieron la subversión, “¿No dicen que nosotros somos obedientes y no deliberantes?”, “pero ahora el Gobierno no solo que inicia esta persecución judicial a va ríos de nuestros compañeros, sino que ha colocado en importantes puestos políticos a los miembros de la organización extremista Alfaro Vive Carajo”, “la eliminación de ocho mil militares golpeará severamente los fondos del ISSFA (el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas), que se nutre de los aportes de los militares activos”.

La presencia en este foro del general Ernesto González, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, causó expectativa, porque lanzó un libro que contiene un capítulo dedicado al 30 de Septiembre del año 2010. En ese capítulo, González, como testigo de primera fila, da a conocer que Correa no estuvo secuestrado y por eso pudo comunicarse con sus ministros y dar órdenes. Entre las órdenes que dio Correa a los militares es que “se proceda al rescate”.

El presidente quería salir como héroe, pero la serie de incoherencias en el argumento de la historia oficial, ya tiene un “silencioso menos” y la verdad, que está instalada en la mente de la mitad de ecuatorianos, se confirma una vez más. Y no es que el general González haya sido un incondicional de la causa correísta, sino que estando en actividad y al servicio del Estado, no le era fácil ir contra la corriente, la que ese momento habían agitado los verdaderos incondicionales, que eran capaces de cualquier cosa por agradar al amo.

Nos llegó nítida la impresión que en ese foro se expresó el malestar que genera el falso buen vivir que nos procuran los revolucionarios.

Por último, al margen de este tema, nos ha conmovido e indignado el supuesto suicidio del Fiscal argentino Alberto Nisman, la víspera de su declaración contra Cristina Kirchner. Nisman había asegurado que tenía pruebas de que el Gobierno argentino había ocultado los nombres de los involucrados en el grave atentado contra una institución judía en Buenos Aires, donde murieron 85 personas, año 1994. Aquí, nos llega nítida la impresión de que había que silenciarle a Nisman y había que inventar un accidente o un suicidio.

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