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marzo 3, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El voto de las ciudades, un claro aviso…

Nos sorprenden los verdes. ¡Quieren filtrar a través de la Asamblea la reelección indefinida de Correa! Sí, han acertado a desnudarse antes de hora y se han lanzado a revelar lo que ya sabíamos, que todo ese gran proyecto del que siempre hablan solo podría hacerse realidad “si Correa es Presidente por décadas y décadas”.

Gran sorpresa, que en realidad no lo es en ningún momento, porque siempre hemos sabido que hay esas ambiciones. Resulta que por allí algún asambleísta aliado, del frente amplio (listas 17) ha propuesto esta reelección indefinida, lo cual claro que podría causar urticaria en quienes creemos en una democraciaalternativa, antes que en el ejercicio del abuso electoral (ante el que nada hizo o quiso hacer el CNE) y por el ventajismo que representa legislar con absoluta mayoría para cumplir acciones nefastas de color partidista antes que por interés nacional.

Acaba de perder una elección, el totem de estos fanáticos, entregados a su solo poder, con lo que pensamos que se les aguó la fiesta del impacto que iban a causar promoviendo la reelección indefinida de su amo, porque otra cosa era que la misma propuesta llegue con el “gran triunfador” en plena ebullición, es decir con otros resultados y recibiendo las alabanzas y prosternaciones de funcionarios, periodistas públicos y consabidos seguidores, entre los cuales se incluyen por cierto algunos miles de estómagos agradecidos.

Los triunfos de Mauricio Rodas (Quito), de Jaime Nebot (Guayaquil), de Marcelo Cabrera (Cuenca), deAgustín Casanova(Portoviejo), de Jorge Zambrano (Manta), de Víctor Manuel Quirola (Santo Domingo) y otros burgomaestres elegidos por votación popular, representa una amenaza para la imagen “triunfadora” del Mashi, pues él contaba con el triunfo de los candidatos oficialistas y he aquí que el pueblo se pronunció por losopositores al Régimen.

La lección que recibió en las urnas el poderoso, no ha pasado a segundo plano, como su grupo quisiera. Tal vez, inclusive, pretendían que el anuncio de la “reelección indefinida” produzca un “encanto nacional”, una suerte de hechizo por tan buena nueva y desde luego las inútiles protestas de la oposición, lo cual ya quisieran los amantes del que tiene la fusta para volver a sentir el miedo de los no correístas.

Pero, extrañamente, aunque nos parece una soberana ridiculez lanzarse ahora mismo a ese mentado proyecto, justo cuando recibió un palazo electoral por el lado de las principales ciudades ecuatorianas, no nos ha causado mayor resquemor que el de quedarnos absortos por lo cara de tucos que son los promotores de la brillante idea y su homenajeado.

¿A santo de qué aparece este gran proyecto reelectorero que justificaría la eterna campaña y cantinela que causa la interrupción arbitraria de los programas de televisión nacional para emitir publirreportajes oficiales? Pues nos parece que a guisa de un acto de desagravio, para quien fue el causante de la debacle y una mayoría de votantes urbanos ya no se muestran tan proclives a seguirlo.

Para empezar, el especialista en llamar la atención consiguió hacer que regresemos a mirarle, cuando anunció cambios en el gabinete. A los ecuatorianos nos sonó esto a castigo, varios subalternos de la revolución ciudadana “pagarán por haberse dejado derrotar”. Si es que estos subalternos tienen algo de dignidad, aclararán que ellos no son los culpables del terrible contraste, sino que ello se debió a la publicidad excesiva y agotadora del propio Mashi en favor de cualquier candidato oficial, especialmente Augusto Barrera. Fue la intervención directa, atosigante y, como dicen los colombianos, intensa, de Correa, la que precipitó los resultados en las urnas.

En las ciudades grandes del Ecuador no hay angustia por la nueva posibilidad de que el rafa se lance a la reelección. Hay indignación y vergüenza ajena. Acaba de perder una campaña y quiere premio. Es cierto que ganó en las ciudades pequeñas, pero se trata de votos sin demasiada incidencia de la reflexión democrática, es decir al calor de la propaganda millonaria que pobló el país y al fue inmune la gente pensante, instruida. Esto último que digo hay que tomarlo con sobriedad, no como una ofensa a los habitantes rurales, sino como una ratificación de que a ciudad con más establecimientos educativos, más posibilidades de derrota tuvo la ex invencible insignia verde.

Esto, desde luego cundirá con gran influencia en futuras elecciones, cuando los pueblos pequeños se pregunten ¿por qué razón las ciudades grandes no plegaron al Mashi? Este, por su lado, no solo que tiene que sacer conclusiones importantes tras la caída en nueve de las 10 ciudades más pobladas del país, sino que tiene que mandar a limpiar las fotos donde se retrata con todos los candidatos (uno a uno, según la población respectiva), porque no querrá que nadie recuerde que su imagen ya no trae energía ganadora, como hasta hace unos días se pensaba.

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