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enero 25, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El soberano cree que le van a invadir

Siempre hemos dicho que a Correa le gusta levantar el avispero al filo de una campaña electoral. Y, ahora, cuando tiene dos candidatos discretos (léase mediocres) tanto en Quito como en Guayaquil, aparece siempre con su propaganda revolucionaria en un derroche que el pueblo obnubilado no alcanza a comprender o a ver.

Pero no solo de la propaganda se ha valido y esta vez como en anteriores, agitó el cotarro y declaró paladinamente que “a nuestro país soberano no tienen por qué ponerle 50 militares”, convirtiéndose en juez y aduana del paso de esos uniformados extranjeros. Se ha referido concretamente a los Estados Unidos.

Varios interrogantes nos asaltan: ¿es que la Embajada de los Estados Unidos recién se está reforzando?

¿Cuántos eran los militares estadounidenses que normalmente estaban presentes en el país desde hace doce años?

¿Conoció Correa de que los 50 extranjeros pensaban “invadir” Ecuador?

¿Por qué adopta esa actitud de perdonavidas y de líder de país soberano en un momento próximo a las elecciones seccionales del Ecuador?

¿Y si solo es una provisión, por qué no hacerlo con correo interno entre Presidentes, y no hacer la gran exhibición, desbordarse en expresiones altisonantes, como para generar aplauso?

Declaraciones rimbombantes, aptas para primera plana y para conquistar más admiración de la que ya tiene entre los que no han terminado el colegio. Independientemente de la respuesta norteamericana, El Presidente ecuatoriano debe estar al tanto que el edificio de la Embajada estadounidense es lo suficientemente grande como para requerir 50 hombres para su protección, tomando en cuenta que él solo anda cotidianamente con una veintena de hombres para circular por las calles de Quito.

Y lo principal, esos militares no se hallan en las calles, metiéndose en los terrenos de los ministerios nacionales ni codeándose con el oficialismo como si lo hacen venezolanos y cubanos, gente influyente en el país. Eso de estar maquinando que cualquier mano está a punto de causar un magnicidio es una vieja obsesión que, por suerte, no se cumple, demostrando que simplemente es delirio de persecución.

Por otro lado, dentro de esta misma campaña resultó un Tiro por la Culata el modificar el himno a Quito. Por despreciar a España, los ingeniosos del Municipio capitalino ofendieron a hermanos americanos

Los alcances de una ordenanza que parecía una gran noticia para todo aquel que se siente antihispano alegraron a esos compatriotas que de naturaleza reniegan del mínimo vestigio de ancestro ibérico, pero consiguen ensombrecer a todos aquellos latinoamericanos o quizá a todos los habitantes del continente, al ponderar que en Quito se trabajaba por la libertad “mientras América toda dormía”.

La Alcaldía cometió un grave desliz en su afán de considerarse “revolucionaria” y tratar de impactar a un electorado decepcionado por las magnas obras que todavía faltan por verse.

Resulta que a venezolanos, argentinos, peruanos, colombianos, mexicanos, bolivianos, paraguayos, centroamericanos, uruguayos, chilenos y más latinoamericanos no les hace gracia alguna que en su afán de borrar el Augusto personero “la sombra española”, señale que Quito estaba en solitaria ebullición de ideas, cuando esos pobres hermanos de América del Sur, de América Central y México estaban entregados al descanso, atrapados por el miedo a arriesgar, algo que en sí permite atisbar la nueva estrofa que paladinamente sustituyó Barrera a la oficial que cantamos en las ciertas fechas.

Creemos que todo pueblo de espíritu libre debe aceptar la verdad histórica. España es parte de la historia continental y cuando las colonias maduraron dieron, con Quito entre los primeros pueblos una lección de sacrificio patriota que luego significó la libertad, pero de allí señalar que el continente “dormía” hay una distancia.

A cinco siglos de la llegada de los españoles a América y a 200 años de su salida (varios pueblos están cumpliendo el Bicentenario de Independencia) es ineludible admitir que somos producto de la simbiosis indo española, una condición que no vamos a dejar de tenerla, salvo que el gran burgomaestre haga una jugada maestra: derribe La Ronda, las viejas edificaciones de estilo colonial y hasta las iglesias de riqueza barroca a fin de estar a la par con el nuevo himno a la franciscana ciudad.

Puede estar tranquilo el burgomaestre. Hay un sentimiento especial y solidario de muchos anti realistas del siglo XXI, lo malo es que los latinoamericanos están un poco fruncidos por aquello del remolón sueño. Las ideas de libertad siempre existieron y a cada pueblo le llegó su momento, sin considerar que los vecinos hacían la siesta o tardaban en decidirse a pensar en libertad, algo que yendo más

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