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enero 16, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El rostro plano de una campaña controlada

Solo al finalizar el día del 17 de octubre se conocerá qué tanto han influido los factores exógenos a la campaña política en los resultados de la misma.

Factores exógenos podrían ser denominados casos y personajes como Pedro Delgado, ex alto funcionario de Gobierno, actualmente en problemas legales, o el mismo supuesto plagio a una tesis de ingeniería eléctrica que habría cometido el candidato vicepresidencial Jorge Glas, quien desde luego reaccionó negando tal aseveración, por lo cual el también asambleísta Jorge Escala pidió que Glas acuda a una declaración juramentada.

Una irregularidad que hubiese sacudido cualquier campaña de los viejos tiempos, porque está involucrado un candidato vicepresidencial y es un hecho que puso en el tapete el asambleísta Galo Lara, que demostró haber seguido de cerca el caso, al precisar que hay más de una veintena de páginas copiadas al pie de la letra de una tesis asentada en la plataforma “El Rincón del Vago”.

El señor Glas dijo que “el marco teórico me corresponde, lo otro solo es una referencia”. Es decir, si Glas fuese compositor, tomaría unos tres párrafos de los que escribió Juan León Mera y combinándolos con los de su inventiva y su marco teórico pasaría a ser autor de la letra del Himno de algún pueblito en el que se ignora toda la letra de la canción patria.

Si Glas fuera novelista, copiaría sin problemas unas veinte páginas de “Los Sangurimas”, de José De la Cuadra, le adaptaría su concepto teórico y movería la historia con otros ingredientes, la misma que pasaría a tener un nuevo autor, por lo menos para lectores de algún remoto recinto, con la seguridad de que no conocen o no han leído la obra del verdadero autor, un predecesor del realismo mágico.

Me disculpo por caricaturizar a ese nivel la hazaña de un presunto plagiador, pero quiero decir que estos hechos, la gran controversia política, las irregularidades de los personajes que hacen el cuerpo dirigencial del país realmente no son del todo conocidos por la ciudadanía que presumimos tienen otros intereses o llegan al ritual del crucigrama o lecturas prioritarias en deportes o crónica roja cuando abren una publicación o cuando deciden encender el televisor.

Desconocemos si se trata de apatía ciudadana frente a los hechos o una decidida falta de cultura política, lo que lleva al ciudadano a erigirse en un actor pasivo de las elecciones, cuando de acuerdo con su temperamento latinoamericano debiera caracterizar su actitud una dinámica que le lleve a debatir, aunque sea en su hogar, en la cafetería o en la esquina del barrio sobre determinados hechos que representan la coyuntura nacional.

Esta previsible campaña electoral para elegir Presidente ecuatoriano avanza con pocos ponderables que puedan significar los extremos que activan una campaña, es decir sorprenderse con una noticia no cotidiana, un trauma político o una gran sorpresa arrojada por cualquiera de los actores electorales.

En otras palabras, es una campaña de perfiles regulares y asintomática para los ecuatorianos. Una campaña anodina porque no se observa además alguna profundización ni siquiera un brote de genialidad en los anuncios publicitarios o spots hasta ahora observados.

Esto significa, que en el mes que falta para elegir al Presidente de la República, justamente por el quemeimportismo de la gran masa podría no producirse mayores novedades lo que favorecería los planes de quienes marchan como primeros de las encuestas, es decir Rafael Correa, Guillermo Lasso y Lucio Gutiérrez.

Es muy posible que los presidenciables hayan dejado para estas últimas semanas el sumo de su campaña, a fin de contribuir a levantar las intenciones de voto del electorado.

En lo que advertimos, pese a que el candidato presidente sostiene que posee a su favor un altísimo porcentaje de adhesiones, se observa que en realidad no hay un crecimiento de las corrientes pro revolución ciudadana.

Existen efectivamente, salvando los fieles partidistas que en todo lado constituyen el voto duro, los eventuales seguidores que portan una camiseta, la bandera del partido o movimiento, que tienen derecho a un refrigerio o que luchan por un acceso al bono de la dignidad, pero se interpreta que en estos casos no siempre hay fidelidad, puesto que si en otro lado surge otro regalo o un convite popular también aparecen en esos sectores.

Podemos considerar que el formato de la campaña, monitoreada por un CNE que en varias instancias se ha mostrado incapaz de controlar el exceso de propaganda gubernamental, impide que salgan esos spots con cierto contenido mordaz y que le deparen votos a los “atrevidos anunciantes”. Por lo menos esa picardía que había en campañas anteriores ha desaparecido.

El CNE invitó a los partidos a “no ofender a nadie y tampoco a poner anuncios sin su conocimiento y autorización”.

Esto significa que en sí la campaña no cobra vitalidad porque es manejada, monitoreada y autorizada desde el CNE. Lo único que no va a hacer este tribunal electoral es detener la campaña oficial.

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