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julio 2, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El reencuentro de los ecuatorianos con su país

En los aeropuertos ecuatorianos se hace evidente un fenómeno, el regreso de familias ecuatorianos que han considerado que su ciclo en España está terminado.

Muchos constituyen connacionales que han soportado una grave crisis económica que les ha obligado a abandonar muchos bienes en España y que previamente, al salir de su país dejaron a sus familias, muchas de las cuales se desorganizaron o, en principio, resistieron privaciones, las mismas que significaron pruebas difíciles de superar.

En definitiva, muchos ecuatorianos, que ahora, desde 2011 para acá, se reencuentran con su país, pasaron procesos complejos en lo familiar, económico, laboral, legal y todo ese proceso propio de una transición doble (viajar de aquí para allá y viceversa).

La luna de miel entre los migrantes ecuatorianos y España, como país de acogida, culminó en 2010, tomando en cuenta que la crisis empezó en 2009.

Hasta entonces el crecimiento económico de muchas familias ecuatorianas se hizo evidente por el tren de vida que les permitía a los migrantes no solo enviar giros importantes a sus familias en Ecuador, sino también vivir decentemente y en algunos casos muy bien en el territorio español.

Además, podían cumplir sin problemas con el pago de la hipoteca de sus viviendas, pues para ellos se le les hizo fácil adquirir un “piso”, como se denomina en territorio ibérico a los departamentos.

En 2009 no solo que estalló la crisis europea, que en el caso español se hizo evidente en el área de la construcción, actividad en la que estaban preferentemente los compatriotas. Sino que aparecieron en el área de la oferta laboral otras nacionalidades que fueron ganando terreno en puestos antes ocupados por ecuatorianos, debidos especialmente a una nueva condición salarial.

Los albañiles ecuatorianos ganaban alrededor de 1.500 y 1.800 euros, pues ingresaron especialistas de mano de obra peruanos y bolivianos que transaron por cantidades inferiores a la de los ecuatorianos.

Una de las explicaciones de lo que afectaba a los ecuatorianos en este campo era que nuestro país, encontrándose dolarizado tenía (y tiene) un nivel de vida más caro que Perú y Bolivia, además justamente las monedas de peruanos y bolivianos hace que el euro se convierta en un patrón monetario con mayores dividendos para esos países que para el ecuador.

Ese momento se fue para abajo las posibilidades de trabajo de un alto porcentaje de ecuatorianos. En ciertos casos empezó la etapa de “trabajos temporales”, es decir actividades de medio tiempo o de contratos de mediano y breve plazo, por lo que era un milagro que el ecuatoriano trabaje el año completo.

Unidos los dos problemas, crisis económica y exceso de oferta laboral, los ecuatorianos optaron por hacer un esfuerzo y quedarse a buscar una salida con trabajos temporales o, lo más grave, reunir el dinero que les permita retornar a su país.

Esto último no parecería tan grave si no fuese el caso que tenían y tienen compromisos con los bancos, los mismos que en cuanto al no cumplimiento significa el vencimiento de la hipoteca, es decir la pérdida de la propiedad.

De esta manera, el país ha empezado a experimentar el retorno de varios compatriotas o la lucha de muchos de ellos para obtener una forma de arreglo a los pagos de su hipoteca.

Muchos han perdido su propiedad, aunque hayan compartido su lucha “los Indignados”. El Estado no se anda con rodeos y decidió abreviar el camino a los bancos a costa del llanto de muchos cuasi propietarios impagos que se enfrentan a una tragedia: estar en suelo extranjero, sin trabajo estable y sin piso. Prácticamente han experimentado encontrarse en una suerte de mendicidad, la misma que si en suelo propio es extremadamente duro, en suelo ajeno es una pesadilla.

No nos olvidemos que un farmacéutico griego se suicidó recientemente por rechazo a haberse convertido en mendigo, tras encontrarse en una penosa situación que comparte la colectividad griega, el alto costo de la vida, el endurecimiento de los impuestos, el cierre de centenares de empresas, la actualmente ninguna opción helénica en la integración definitiva de la Unión Europea.

Desconocemos cuál sea la consecuencia de este final de éxodo en Ecuador. El éxodo se produce ahora en España. Lo único cierto es que los ecuatorianos en el país Peninsular son menos cada vez. El Instituto Nacional de Estadística (INE), de España, da a conocer que la tasa de natalidad del colectivo de inmigrantes ecuatorianos en España volvió a caer en el 2011, siguiendo la tendencia negativa registrada desde el 2009.

5.299 de los 468.430 nacimientos registrados en España en el 2011, es decir el 1,13%, corresponden a madres ecuatorianas. La cifra es inferior a la del 2010, cuando las ecuatorianas dieron a luz a 6.787 infantes. El descenso de la tasa de natalidad de los ecuatorianos se inició en el 2009, cuando se contabilizaron 8.145 nacimientos. Un año antes (2008), la cifra se había situado en 9.548, según consta en los registros del INE.

Uno de los fenómenos sociales en esta transición ecuatoriana es que la mayoría de quienes regresan son varones, pues las mujeres tienen más apertura laboral, por lo que sus oportunidades se mantienen.

El Gobierno de Correa, que hace un año impulsó una propaganda invitando a regresar al ciudadano ecuatoriano, en un notorio spot de televisión, debe demostrar que está en capacidad de encontrar fuentes de trabajo a ese alto número de compatriotas que ahora se reencuentran con su país y aspiran a normalizar su forma de vida en su propia patria.

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