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octubre 11, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El Presidente siempre dando sorpresas

El Presidente permanentemente tiene guardado algo como para que los medios no puedan evitar ponerlo en primera plana al día siguiente. Esta vez, al parecer, interpreta que este es el país de las mentes amnésicas y actúa como que si “nunca hubiese pensado ni hablado de reelegirse”.

Confesó hace 72 horas que está pensando en aceptar una nueva postulación a la Presidencia propuesta por el movimiento Alianza País. Detalló que ha conocido a través de sus seguidores las "altas probabilidades" de que lo postulen para las elecciones presidenciales del 17 de febrero de 2013.

Esa noticia no arroja más luces de las que teníamos en el panorama electoral, la presencia del Presidente en elecciones es algo de lo que se venía ya barajando y que no constituye en sí una novedad, pues siempre se colocó el nombre de Rafael Correa Delgado entre los candidatos que terciarán por el sillón de Carondelet de aquí a cuatro meses.

Y, se daba por descontado que el jefe de Estado volvería a ser candidato, no solo porque la Constitución de Montecristi fue confeccionada para que esto suceda, sino porque el sistema político de la revolución ciudadana procura la reelección (que luego de realizada ya no puede repetirse, según la vigente Carta Magna).

Uno de los importantes motivos que le llevan al economista Correa a aceptar es porque su familia le apoya en el tema de la postulación a la candidatura presidencial, es decir no se estableció la muletilla “por seguir sirviendo a la Patria” que enarbolan los que quieren mantenerse en el cargo. Es el punto de vista familiar el que ha primado, además que eso de “servir a la patria” es un lugar común que no se cumple o se cumple excepcionalmente.

La virtual aceptación de Correa a la candidatura se da en una etapa de definiciones de las diferentes tiendas políticas y es evidente que en su agrupación (AP) no existe el postulante que haga sombra y menos aún reemplace a Correa, lo cual garantiza que el actual Mandatario estará en la contienda.

Pero al mismo tiempo, hay que señalar que esta decisión se produce en un momento de descenso de popularidad, hecho que se entiende ocurre por su actitud inicial en el grave escándalo del préstamo lleno de ilegalidades al argentino Gastón Duzac.

Se considera que este caso recoge realmente un evento de flagrante corrupción, algo que nunca se hubiese pensado de una revolución que antepone el eslogan “de manos limpias”.

Pero además, lejos de iniciar una investigación con personas de honestidad probada, en el caso Duzac el gobierno pecó en estrictez con los que actúan limpio y controlan los intereses del Estado. Así, la anterior presidenta ejecutiva de Cofiec, María Fernanda Luzuriaga, lejos de ser reconocida por haber denunciado el delito, fue despedida “por filtrar el hecho ilícito”, mientras que los autores del doloso crédito se hallan adentro y eso que el Mandatario, con cinismo, admite a última hora, después de que lo hizo el Superintendente de Bancos, que éste “es un préstamo vinculado”.

Pero, si con la digna profesional que denunció el atraco se portaron estrictos, otros se llevaron el homenaje y desde luego no hay que jugar a las adivinanzas respecto al acto de desagravio aquel, realizado en el Hotel Quito, solo que el programa pudo titular: “Gran Primo Gran”.

No se entiende por qué un Presidente de la República esté dispuesto a meter las manos en el fuego por alguien cuya probidad está en discusión. Hasta donde se conoce, el mandatario dejó que el caso lo lleve adelante el fideicomiso “No más impunidad” y no es responsable de ese préstamo, pero hasta aquí las investigaciones señalan que no puede “desvincularse” no puede bajarse de la camioneta, aquel personero del Banco Central y Cofiec que guarda relación familiar con el Mandatario.

El préstamo a Duzac adolece de los vicios de la banca de los años que dominó la partidocracia. La declaración “sorprendente” de Correa, aceptando la candidatura, parece buscar un efecto para que la temática actual se desvíe. No lo consigue.

Es en este escenario que arranca prácticamente la campaña política. Un escenario electoral que plantea, hasta aquí, cinco candidaturas presidenciales: Rafael Correa, Guillermo Lasso, Alberto Acosta, Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa.

Pero, el Presidente que nos llevó a sorpresa por su pronta y llana aceptación de su candidatura, en realidad sí nos mostró la faceta inesperada de sus improntos, cuando al mirar la lista de los candidatos con los que rivalizará dijo:

"Yo no quisiera caer en la mediocridad de disminuir a los contendientes, aunque algunos sí causan vergüenza ajena". Puntualizó por ejemplo, que "el país debería estar loco para mandar de nuevo la banca al poder".

Con esta declaración se ve que el mandatario está convencido de que su adversario más difícil es Guillermo Lasso, sino siga ustedes los rastros de las elecciones venezolanas donde Chávez atacó noche y día al adversario más temible, Capriles e ignoró a los candidatos de relleno.

Al contrario de lo que piensa el señor Presidente, gran parte del país “ni loco volvería a votar por alguien que ha hacho del poder un trampolín para perseguir a medios y periodistas, una fortaleza para tomarse el poder judicial y todas las demás funciones del Estado, una atalaya para escudriñar a todo aquel que piensa diferente, una esquina para procurar la división del país y una oportunidad para aspirar a jugosas sentencias judiciales en su favor”. Por lo menos, estos pecados no se evidencian en los otros candidatos, especialmente en el aludido por el poder, Guillermo Lasso, quien parece que está en la mira del casi dueño del país.

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