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octubre 3, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El peor escenario para un candidato

La irrupción del candidato Álvaro Noboa Pontón en una quinta carrera hacia la Presidencia de la República no puede ser más dramática y aún trágica, porque se desarrolla en un escenario donde su familia es víctima de la presión oficial, a través del SRI, institución seria que está politizada y que amenaza levantarse varios millones de dólares (94 millones, una cifra mayor a la que cobraban Correa y Gutemberg Vera a El Universo).

En el país, todo lo que huele a injusticia debería ser combatido, pero observamos que la misma prensa que lamentaba que en una forma prepotente el Presidente quiera cobrar a El Universo ya no 80 millones sino 40 millones prácticamente se alza de hombros cuando se trata de Álvaro Noboa, como si hubiese proporciones en lo que pagaron las otras bananeras y lo que quieren hacerle pagar al titular de Industrial Molinera.

Si bien es verdad que desde el principio dijimos que no es procedente que el líder del Prian se candidatice a la Presidencia de la República, porque sus posibilidades son casi nulas, al mismo tiempo hemos comprendido que el Gobierno le obliga a correr en esta suerte, porque parece interesarle los pocos miles de votos que pueda captar el hombre de la lista Siete (7), de candidatos más peligrosos como Gutiérrez y posiblemente Abdalá, que aparentemente son adversarios directos de Correa.

Estamos convencidos que no ha sido del agrado de Noboa terciar en las nuevas elecciones, pero el SRI y todos sus tentáculos, el Ministerio Laboral y sus estudios, le persiguen y él no tiene otra salida que ceder en este escándalo que, a fuerza de golpes mediáticos, en los que se ve a los inspectores del SRI sacando el yate del acaudalado de su hogar en Samborondón, se quiere tapar el caso Duzac.

Pero, siendo que ambos son escándalos, no hay duda que la oposición no debe ceder en su intento de investigar cómo es que el banco Cofiec se aligeró de 800 mil dólares a favor de un argentino que no disponía de garantías.

Este es un caso clave de la corrupción nacional, en el que confluyen villanos, semivillanos (Duzac es semi), víctimas (el Estado), heroínas (María Fernanda Luzuriaga y Janeth Hinostroza), parientes influyentes, trolls (que quieren desviar la atención hacia el insulto), periodistas (que siguen las pistas de Hinostroza), funcionarios encargados de alterar la escena y más extras (como los medios públicos que en el reclamo nacional solo ven un show y como tal tratan con “normalidad” y concediéndole mini espacios a un caso de delito flagrante).

Este caso es mucho más importante que el de Alvarito, escándalo que no por ello vamos a dejar de observar, pues ya va dando qué hablar, porque en forma prepotente se trata de poner en acción, pasión y guillotina a un candidato a la Presidencia.

En cualquier parte del Mundo, llamaría mucho la atención de una campaña que empieza con la persecución a uno de los candidatos a la República, porque se la podría encasillar como una persecución irreflexiva que podría rebotar al perseguidor “subiéndole puntos al perseguido” o, como parece acontecer, podría ser interpretada casi como un vil tongo, es decir “hacer subir los puntos a la víctima, pero también mantenerse en primer plano el victimario, cobrando los impuestos que son revertidos al Estado, comedia que también va a darle puntos”.

No sabemos qué creer en el sainete que lleva adelante Marx Carrasco en contra de Noboa. Estamos seguros que éste no se siente a gusto con el papel ni con la candidatura. No en vano, su mejor hombre en la Asamblea, Vicente Taiano, decidió renunciar, antes que prestarse a una campaña que no va a obtener ningún resultado.

Si es que esto es un tongo, parece que Noboa ha olvidado el reciente caso Abdalá Bucaram, cuando los roldosistas se prestaron al juego de Alianza País y luego, tras haber sido útiles a los que tienen la sartén por el mago, fueron despachados y en ningún momento reconocidos de su ayuda (haber votado durante cuatro años todo a favor del Gobierno que se levantó con todos los poderes, mientras el líder de aquellos seguía exiliado en Panamá).

Entonces, podría suceder que Noboa pierda gran parte de su patrimonio, por no llevar, con sobriedad y todos los detalles, el tema de la persecución oficial a los medios y a las altas esferas judiciales, inclusive al CIDH, pues no es normal que le quieran ganar, con todo el peso oficial en la espalda, a una empresa 94 millones de dólares.

Quebrar a una empresa, eliminar enemigos políticos (Noboa no lo es), es algo que bien se ve no le importa a este Gobierno que desgaja millones de dólares sin ninguna contemplación.

Para todo aquel que interprete que ésta es una cruzada para que no pague Noboa los impuestos, debemos decirle que todas las bananeras pagaron entre 300 mil y 400 mil dólares de impuestos y justamente a Noboa (que pagó en su momento 358 mil dólares), sin explicación alguna le quieren esquilmar 94 millones. Es decir, se podría estar cometiendo un virtual atraco, pues a cuento de que es dinero para el Estado, se lo quiere quitar el Fisco, propiedades que puego no se sabe que provecho dará el oficialismo.

Tanto Marx Carrasco como el Gobierno en sí deben justificar en que rasero se basan para cobrarle así a Noboa. La libertad alcanza hasta ese punto en que permitimos que los otros sean libres, cuando ingresamos abusivamente en sus derechos, se pierde el sentido de justicia que debe primar en una relación y más si es relación entre Estado y ciudadano.

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