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febrero 23, 2015 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El peor día desde el 30-S

Hace un año exacto, el 23 de Febrero de 2014, los alcaldes de las principales ciudades del país obtuvieron una gran victoria política, un gran éxito electoral. Cuando el Gobierno se había jugado, con escandalosos presupuestos publicitarios, por sus principales cartas para lograr posicionar en los sillones municipales a gente de Alianza País, resulta que el pueblo se pronunció en favor de los opositores, contribuyendo más bien a que la victoria sea más visible y con un mayor logro por las dificultades que plantearon las ventajas de las que abusaron los candidatos oficiales.

Mauricio Rodas (Quito) Jaime Nebot (Guayaquil), Marcelo Cabrera (Cuenca), Agustín Casanova (Portoviejo), Jorge Zambrano (Manta) y Víctor Manuel Quirola. (Santo Domingo) derrotaron a los postulantes oficialistas tras superar una campaña a la que le faltó limpidez por la venia hasta el suelo que hizo el CNE, con Domingo Paredes a la cabeza, al Presidente de la República, demostrando con su actitud cómplice y timorata que las funciones del Estado están en el bolsillo del economista.

La obsesión del Presidente por controlar los poderes seccionales le llevó a apoyar desmedidamente a los candidatos de su partido, pero las grandes rebanadas de pastel que esperaba, respecto a una eventual victoria en los seis municipios más importantes, se convirtió en frustración, sobretodo en lo que tiene que ver con el Municipio de Quito, porque apoyó desvergonzadamente, hasta la víspera de las elecciones del 23-F, a su alfil Augusto Barrera, con una sabatina que debiera repetirse o reponerse en el aire, a que recuerden los que se autocalifican de que “los honestos somos más”, a ver si pueden reclamar honestidad cuando el país vio y se cansó de una forma deshonesta e ilegal de hacer política, cuando el señorito estaba seguro que con unas cuantas sabatinas iba a lavar el cerebro del que pensaba era su rebaño.

La victoria de Jaime Nebot no sorprendió a nadie, al igual que de varios de los postulantes opositores a las alcaldías, pero el triunfo de Mauricio Rodas tuvo el síntoma de revelar que los capitalinos ya están hasta la coronilla de esta larga noche de política que se autocalifica de honesta pero que es corrupta en su fondo, en su forma y en su puesta en escena desembozada. Correa desafió al presidente del CNE a que detenga su sabatina, y allí Domingo Paredes “sugería, recomendaba, rogaba, porque no podía ordenar al Presidente de la República” a que se abstenga de hacer esa sabatina.

Y vinieron, a través de la pasiva pantalla de televisión, los 180 minutos de tóxico jugo verde limón, el super publirreportaje sobre el candidato de la Revolución Ciudadana, pero ni siquiera tan influyente sabatina pudo revivir a un Augusto Barrera que estaba KO, en parte porque su estratega cometió el error de hacer personalmente la pelea, consiguiendo con ello anularle al que yacía exhausto sobre la lona. El vencedor, Mauricio Rodas demostró que es un político joven, que no está todavía corrompido por el sistema y en él confiaron los quiteños, que se cansaron de tanto descaro y confiaron en un candidato que no estaba bautizado por la frenética máquina oficialista.

El privilegiado ser de Carondelet, herido en su orgullo, porque el 23-F es el peor día de su vida, después del 30-S, se dedicó mejor a demostrar que su influencia solo tuvo un paréntesis propio de “la equivocación del populacho” y se dedicó a menesteres más productivos, como la promoción de las cocinas de inducción, las cuales con dos o tres sabatinas se habrán agotado en su stock de tres millones. Bueno, de esto ya nos comentará en estos días tan industrioso caballero. Y pienso que los comerciantes podrían tener en él un verdadero aliado, pues basta que el rey Midas hable, se podrá notar que los productos sabiamente publicitados se agotan.

Lo que no se agotará es la imaginación ni los recursos de quien campea en la ínsula conocida como Absurdistán, de allí que yéndose contra su propia Constitución, la de Montecristi, anuncia que se va a postular para la Reelección, como si la Carta Magna contemplara “reelección indefinida”.

Pero qué bien, en esto la revolución ciudadana demuestra que es un ejemplo para los partiditos ecuatorianos, nada menos que decide violar la Constitución, ante la venia de la Corte Constitucional, aprovechando que tiene mayoría en la Asamblea. Gran ejemplo a la larga noche de la partidocracia. Solo hemos cambiado de “largas noches”, aunque la de ahora vence a la anterior en oscuridad e ilegalidades.

Por ahora, esta ilegalidad, esta trafasía, esta acción propia de la cosa nostra, no es tan visible en el planeta, eso se verá nítidamente después. Por ahora, todos estamos absortos como otro revolucionario, el correcto caballero Nicolás Maduro, ha hecho secuestrar y ponerle cadenas al Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, solo porque es opositor y porque un pajarito le dijo al bigotón que estaba tramando desestabilizarlo. Pobre insensato, pobre Venezuela, con un gobernante así, ¿dónde quedó la estatura intelectual de la patria del Libertador? Cuántas infamias se cuecen a tu nombre, Simón Bolívar.

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