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julio 10, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El país es de los listos

El desfile de situaciones oscuras, por no decir inmorales y corruptas, en tiempos de la revolución ciudadana se mantiene. Daría la impresión que los casos se multiplican.

Hay dos temas que los conocimos ayer a través de diferentes medios nacionales, los cuales tenemos que exponerlos para que los admiradores de quienes inventaron una constitución que “es un canto a la vida”, conozcan algo más de esta congregación que hoy domina el país.

Esa gran frase de frontispicio: “Gobierno de las manos limpias”, puede quedar sepultada por estas nuevas incidencias de la larga noche de la corrupción, si el gran justiciero que habita en Palacio y que es capaz de cerrar emisoras por el presunto no pago de una cuotita a la Superintendencia de Telecomunicaciones, no se decide a actuar contra verdaderos y mayúsculos atracadores.

En un caso que se revela como flagrante golpe a fondos ministeriales, Enrique Echeverría, columnista de El Comercio, nos hizo conocer ayer lunes, 9 de julio, que se ha producido un millonario robo electrónico.

A través de su tema el doctor Echeverría nos hace comprender que en estos tiempos hablar de que un funcionario ha birlado millones de dólares ya no produce la conmoción de otros tiempos.

Vayamos al fondo. Enrique Echeverría primero nos abre el panorama de la situación moral de hace unas seis décadas.

“En 1949 la Corte Suprema de Justicia, en concordancia con la Corte Superior de Riobamba y el Juez Primero del Crimen, conocieron y juzgaron el caso de un desfalco producido en la Gerencia de Estancos, por la cantidad de 12.986,49 sucres (unos 650 dólares, calculando que en esos años el dólar se preciaba en 20 sucres por unidad)”.

Aquí viene el viraje de la actual moral, una vez que ha “revolucionado” el tiempo: Al pasar los años encontramos que con un solo abuso auxiliado por ‘tecnología de punta’, en el sector público se ha producido un faltante de 39,4 millones de dólares. Han utilizado el sistema informático que maneja el Presupuesto del Estado (e-Sigef).

En 1949 no había ni asomo de la informática actual, pero la justicia era terminante con quienes perjudicaban al Estado, apropiándose de dinero o bienes públicos (es decir, no solo que perdían su empleo sino que iban a parar con sus huesos y su desvergüenza en el panóptico, aparte de que eran objeto de severo escarnio público)

“En lenguaje que no está en la comprensión del ciudadano común, se conoce que el Sistema de Información de Gestión Económica y Financiera (e-Sigef) permite realizar ‘vía Internet’ los pagos del sector público. Determinadas personas han estado transfiriendo cantidades a cuentas particulares, sin que esos pagos tengan antecedente de contrato o de servicio alguno” (en nuestro país, en los Estados Unidos, en China o en Venezuela, eso se llama estafa a los fondos públicos).

“Puesto que debemos marchar a tono con la tecnología, desde el año 2003 hicieron gestiones ante el Banco Mundial por un préstamo para adquirir los aparatos necesarios y hacer posible el sistema de información resumido en la palabra e-Sigef”.

Pero, tras esa adquisición de tecnología, resulta que “En el año 2008 (es decir ya estaba instalada la revolución ciudadana) han realizado pagos dobles, por error, pero los recuperaron íntegramente. Todavía no sabíamos manejar correctamente este sistema informático”.

El desvío de recursos obedece a una violación expresa de la normativa ‘en el manejo de claves’.

“En julio del año pasado 2011 la Fiscalía recibió denuncia de un desvío de fondos del Instituto del Niño y la Familia, adscrito al Ministerio de Inclusión Económica y Social. Uno de los funcionarios, en descargo alegó que “existe mucho trabajo” y, por ello, “compartió” su clave para que le ayudara una compañera. Esto porque no hay control suficiente”.

“Del 4 al 24 de mayo del presente año, en el Ministerio del Ambiente habían desviado USD 7,6 millones del presupuesto de esa Dependencia, a cuentas bancarias de unos 40 beneficiarios. Para tener una idea: alguien ofreció prestar al amigo USD 5.000, los depositó en la cuenta bancaria; pero cuando el prestatario constató, en lugar de USD 5.000 habían depositado USD 80.000. Este método, con cuentas bancarias prestadas, está en investigación por los alcances que podría tener”.

“En esta clase de perjuicios con ayuda electrónica deben haber intervenido personas que conocen de informática, sin posibilidad de que los empleados antiguos –de quienes están prescindiendo- puedan controlar y alertar a los superiores. Pero no se preocupen: los bobos, a título de impuestos, aportes y multas, continuaremos entregando dinero a las entidades públicas para que algunos vivarachos, usando la ‘tecnología de punta’ se beneficien con nuestro dinero. ¿Lo recaudarán?”, concluye Echeverría.

El desfalco de USD 7,6 millones del Ministerio de Ambiente por supuesto que debe ser aclarado. Si en el pasado 650 dólares dieron al traste, de por vida, con el hipotético prestigio que pudieron haber tenido los autores, en el Gobierno de alguien que se precia con actuar contra todo lo que signifique corrupción no merece menos. Es decir, tenemos que conocer sobre los mentalizadores del milagro.

El segundo caso, no se trata de un golpe altamente extractivista de los tiempos revolucionarios, hay una ganancia, pero más bien corresponde a un juego propio de listos. Lo refleja el diario Hoy en la columna de Diego Oquendo, publicada ayer lunes.

“El juez temporal del Juzgado Vigésimo Tercero de lo Civil de Pichincha, en providencia del 19 de junio de 2012, ordena que una escritura equis "se publique por una sola vez en uno de los diarios de mayor circulación de la ciudad de Quito, sugiriendo el medio de comunicación: El Telégrafo, de acuerdo al oficio circular del Consejo de la Judicatura n.° 113-DG-CJ-12, del 6 de junio de 2012…". ¿Qué les parece? ¿Desde cuándo El Telégrafo se edita en Quito? Y ¿por qué el Consejo de la Judicatura se toma la libertad de formular tal tipo de recomendación? La "nueva justicia" ha envejecido prematuramente”.

Bueno, según esta revelación de Oquendo, queda claro que no solo el Gobierno trabaja por el posicionamiento de El Telégrafo, sino también la Justicia. ¿o es que en nuestro país Gobierno y Justicia resultan ser los mismos? Aparte de ello, confundir a los ingenuos de Quito, conminándoles a publicar en un periódico que no es de la localidad significa que los listos están convencidos que el país está poblado de bobos y pacatos.

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