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febrero 25, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El mayor perdedor de las elecciones

Hay que decir su nombre, aunque algunos se vayan tardando: Rafael Correa se llama el mayor perdedor de las elecciones seccionales ecuatorianas. Sí, aquel “invicto” líder que solo habla de victorias, pero que debutó en política con derrota ante Álvaro Noboa. Llegó al Domingo 23 de febrero confiado que con su sola foto, sus órdenes (a los menos preparados del país) y su amistad con Domingo Paredes, el testigo pasivo de lo que haga el presidente, le iban a dar los réditos de una soñada victoria electoral.

Pero, no. Correa se ha caído y lo hizo porque puso toda la carne en el asador, se involucró tanto en la operación “gran triunfo gran”, que no se puede dejar de calificar (por los resultados) su desempeño. Anunció que se iba a tomar la plaza de Guayaquil y que desde luego iba a ratificar su poder en Quito.

Y cuando vio que en Guayaquil iba a perder de todas maneras, delegó a un personaje secundario ser el soporte de Viviana Bonilla, que ella se defienda como pueda, “porque yo me dedico a ayudarle a Barrera, que está flojo y me va a traerme la sorpresa que Rodas gane y sea en adelante una amenaza a mi estabilidad”. No lo dijo exactamente así (especialmente no calificó de flojo a Augusto Barrera), pero esos fueron más o menos los términos que todos entendimos.

Por no perder una batalla importante, que para él parecía personal, pidió licencia y se apareció en todo mitin y reunión que le parecía le daría réditos, aplausos y lograrían una foto en la Prensa (es decir la bendita propaganda). Fue capaz, con toda la desfachatez de un desembozado que no quiere perder su apuesta, de escribir cartas que llegaron a todas las casas de los ciudadanos capitalinos, para señalar que la sola posibilidad de triunfo de Mauricio suponía peligros inauditos y riesgos mayúsculos.

Pero ni así logró convencer al electorado y los resultados revelan que siendo protagonista de la lid, al no haber logrado la reelección de su discípulo él es el corresponsable de ese fracaso. Más aún, el corresponsable principal, puesto que hizo a un lado a su tímido candidato (Barrera) y al último hasta se metió en los días prohibidos para hacer campaña, a través de la tan escuchada y vista sabatina, donde él, Rafa Correa, es la estrella que pontifica y se solaza burlándose de contrincantes. Ni ese esfuerzo le sirvió, es decir, no obtuvo lo que presumía sobraría con su presencia o tal vez con su simple foto (en el país las gigantografías, pancartas y murales de un Mashi posando con determinado candidatito rebasan las mil).

A su vez, hay que señalar que el triunfo de Rodas es grande, en la misma proporción que le aparecieron rivales que no se llamaban exactamente Augusto Barrera: el ex vicepresidente Lenín Moreno, el vicepresidente Jorge Glas, el ministro José Serrano, las señales de Ecuador TV, TC y Gama TV, aparte desde luego de Goliath que le esperaba para darle el batatazo final ya no con una foto (no le hace mella, Agustito); un recorrido barrial y un empujón en el mítin (tenemos respaldo multitudinario, pero ni eso le baja al enemigo, Agustito); sino que se valió de la “joya” de su marketing, su día de reposo. Nada menos que Hizo de audiencias contra Mauricio Rodas (el 15 y 22 de Febrero), pero “ni así pudimos, Agustito ". Aunque la conquista de varias alcaldías de ciudades pequeñas del país supondría que el club presidencial puede voltear botellas de champán, la pérdida en varias de las ciudades más grandes del país sí significa un retroceso para “el proyecto” ambicioso de dominar el país por 300 años: se le escabulleron Quito, Cuenca, Portoviejo, Santo Domingo, Manta, Riobamba, Ambato, Machala, Guaranda, a pesar de una propaganda atosigante.

Rafael Correa debe enderezar totalmente su conducta. Si a varios ecuatorianos les gusta el abuso, el pisoteo a la ley, las bromas a costa de adversarios que no tienen cadenas de televisión para responderle, a los que creemos que la democracia es respetar los derechos de todos y no considerar a alguien por encima del bien y del mal, nos contraría este tipo de “líderes”. Una lección dada con gran fuerza por el pueblo y por gente como Mauricio Rodas o Jaime Nebot al prepotente. ¿Cree usted que cambie? ¿Cree que deje de hacerse el semidios de Absurdistán? No lo sabemos, solo que celebramos esta hora de democracia en la que ni siquiera el juego sucio pudieron darle la victoria al infractor…

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