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noviembre 9, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El Gobierno que cultiva Monopolios

El hombre que llegó a Carondelet en el año 2006 dijo una de las cosas más razonables de cualquier gobernante que se inicia: “Estoy contra los monopolios, tengan ustedes en cuenta que donde vea un monopolio lo combatiré”. Exactamente no sabemos por qué ni contra quien lo dijo. Pero sonaba bien, además viniendo esa retórica de un hombre sin pasado ominoso en el palacio, aparte de haber sido ministro de Economía de un vicepresidente que dio golpe de Estado, es nada tan grave como para no pensar con optimismo sobre quien estaba contra las causas monopólicas. Mas, resulta que habiendo llegado a tener el poder, no solo que trabajó con un sistema infalible de llegada al poder total, sino que absorbe, monopoliza las funciones del Estado. Una de las pruebas más fundamentales de su calidad de monopolizador del poder es que tiene a su servicio por lo menos 10 medios de comunicación: revistas, radios, canales de cable, canales temáticos en UHF y dos de los mayores canales privados del país, GamaTV y TC Televisión, según cita el principal de Fundamedios, César Ricaurte. Esta infraestructura mediática que ha fabricado el concepto de “gran gobierno” se inició en septiembre del 2008, cuando Correa incautó, a través de la AGD, los activos de los hermanos Isaías, activos que desde luego han sido muy mal manejados, de allí que el banco Cofiec se haya atrevido a dar préstamos vinculados, porque eso es lo que ha resultado el crédito concedido de 800 mil dólares a favor de Gastón Duzac. Esta festiva posesión de varios medios, algo que nunca un Gobierno ecuatoriano dispuso, ha labrado el mito de que el país tiene un régimen que no se parece a ninguno de los de la partidocracia. Con esos medios, el gobernante puede adoptar la posición de señalar todo lo que le conviene en materia de obras y proyectos. También le sirve para contraponer a la información presuntamente sesgada de los medios, que se dedican a fisgonear más allá de sus narices. De esta manera, cuando se descubre que el hermano del mandatario ha sido beneficiado con contratos que ascienden a cientos de millones de dólares, el Presidente puede darse el lujo de “aclarar que él nunca supo de los contratos”, como si el tema de la discusión no fuera que el Estado ha cometido una ilegalidad al adjudicar un contrato al familiar directo de uno de sus funcionarios, en este caso el de más alto rango del régimen. De esta manera, si Dalo Bucaram demuestra con fotos sobre la existencia de un pacto, al presentar que su familia estuvo presente en el palacio, el Presidente señala que Bucaram está utilizando a sus pequeños hijos y pretende hacerlos mirar a como unos padres miserables. De esta manera, cuando el juicio a El Universo llegó a su momento culminante y la presión internacional condenaba la forma cómo se realizó el supuesto juicio, el Presidente tuvo los medios para proclamar que “perdonaba a El Universo,” pero en su grandeza, ¿cómo iba a perdonar sin antes elaborar una novela (la trama, claro está, con la verdad oficial) que fue contemplada con incredulidad por embajadores amigos, al hablar de “perdón sin olvido”? Por estos mismos medios, el Presidente fabricó la necesidad de una consulta para la seguridad, que en realidad se transformó en Consulta para meterle la mano a la Justicia, lo que le permite sojuzgar a los ciudadanos de a pie. Por ejemplo, en estos días, presiona para que diario La Hora se retracte sobre la información de que el Gobierno dispuso de 71 millones de dólares para publicidad gubernamental y el Gobierno, que mientras tenga razón está en todo su derecho de pedir rectificaciones, le obliga al tabloide quiteño, olvidando que la fuente de esa información es Participación Ciudadana. Los jueces, que están listos a cumplir con el amo, tan pronto éste exige algo, ya han conminado a La Hora a retractarse y a pedir perdón al gobernante “y a la opinión pública”, lo que significa no solo la actitud de pecador penitente de un medio de comunicación, sino que debe dedicar media página a admitir ese error. Ah, y por si fuera poco, la orden judicial, a pedido de su majestad, precisa que no tiene que volver a publicar nada sobre el proceso investigado por Participación Ciudadana. Este Gobierno que monopoliza o pretende monopolizar la justicia y los medios, ha realizado un contrato con la Ecuatoriana de Fútbol, para transmitir en forma monopólica el campeonato de fútbol “por cinco años”, a través de los dos canales incautados. ¿Cinco años? Es decir que el señor en ningún momento piensa en vender esos activos “para pagar a los pobres ciudadanos que los bancos esquilmaron”. Todo fue un cuento, una máscara, un accidente de la mitomanía.

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