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julio 15, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El estado de Propaganda, táctica goebbeliana que identifica Borja

Ayer domingo, 14 de Julio, a los tiempos Rodrigo Borja escribió algo coyuntural que tiene relación con el país. Habíamos pasado por alto sus artículos híbridos y puramente internacionalistas solo con leer los títulos, pero su último trabajo tiene un título relacionado con el momento que vivimos: “Propaganda política”.

Nunca asoció frontalmente el tema con un personaje específico, pero cualquiera entiende lo que quiere decir, al hacer una analogía entre las campañas de publicidad del nazismo y la excesiva publicidad que se gastan hoy en día regímenes conducidos por seres que se consideran predestinados y que pueden darse el lujo de hacer cadenas de televisión solamente dedicadas al Ejecutivo tres o cuatro veces a la semana.

Bueno, si bien es verdad que Rodrigo no se atreve a pronunciar claramente a quién se refiere cuando dice que “se aplica o se repite mil veces una mentira para convertirla en verdad”, nosotros los que vivimos marginalmente, es decir desde fuera del cinturón de influencia la revolución, podemos asegurar que las tácticas de Goebbels ya no pueden sorprendernos, aunque a los ingenuos futuros electores sí les convierte en fanáticos, por aquello de que no distinguen el país real del país que construye la propaganda.

Dice Borja Cevallos: “Fueron los fascistas los descubridores de los efectos hipnóticos de la propaganda política sobre la masa popular. Mussolini y Hitler desentrañaron los secretos y el influjo de esta herramienta política -usada como verdadero lavado cerebral sobre los pueblos- y la manejaron con impresionante destreza para detentar el poder con respaldo popular por largo tiempo. El nazismo creó el Ministerio de Propaganda al servicio de su partido y de su gobierno, que fue dirigido desde 1933 por el genio maléfico Joseph Goebbels, cuyos principios de la acción propagandística en el ámbito político han sido copiados al pie de la letra por regímenes posteriores”.

¿Y qué es lo que copiaron o hicieron estos regímenes?: adaptar la propaganda al nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida; inventar buenas noticias para desviar la atención sobre las malas; repetir incansablemente los temas propagandísticos -recordemos el cínico lema de Goebbels de que una mentira mil veces repetida se convierte en verdad- y acompañarlos de la "orquestación" de sus secuaces; acallar los temas sobre los que se carece de argumentos; silenciar las noticias que favorecen al adversario; colocar a los enemigos en una sola categoría y adjudicarles todos los errores y defectos, incluidos los propios; responder el ataque con el ataque; magnificar las pequeñas amenazas para justificar las acciones represivas”.

Como lo mencionamos, Borja no se ha atrevido a poner el nombre de alguno de los caudillos que aplican las enseñanzas de Joseph Goebbels, pero al solo describir las tácticas goebbelianas, sabemos que hay tres o cuatro que las aplican al pie de la letra. Por ejemplo, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela reconocido por la mitad de su pueblo, ya que la otra mitad deplora que haya evitado la auditoría de los votos, es un dirigente que magnifica las pequeñas amenazas para justificar las acciones represivas.

Cada vez que escucha que va a haber una manifestación de la oposición decide evitarla con represión, la misma que ya ha causado 11 muertos, desde el 14 de Abril. Otro Presidente, que atribuye todos los males a la partidocracia, aplica en los medios públicos una de las tácticas de Goebbels: “silenciar las noticias que favorecen al adversario”. ¿Cuándo ha visto usted, sereno lector, una noticia positiva de un supuesto rival del actual ocupante de Carondelet? ¿Cuándo, el mismo augusto señor, ha reconocido a su adversario cuando éste tiene la razón? Goebbels tiene la franquicia de la táctica de imagen del líder. Lo único que ha evolucionado es la tecnología. Evolución que favorece más todavía a quienes penetran en los hogares con la propaganda de la televisión, un recurso que no tuvieron Hitler, ni Mussolini, pero del que hacen abuso los Maduro, Morales, Correa y Kirchner, entre otros.

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