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junio 20, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El enemigo no es Rafael, sino las formas erráticas de gobernar

La prensa continental, como diario El Colombiano, que rescata a través del artículo “A Nicolás”, de Carlos Lopera Pérez (miércoles 19 de Junio, Opinión), sobre una supuesta carta de Juan Manuel Santos a Nicolás Maduro, el arrepentimiento por haber recibido a Capriles, se hace ostensible que en Sudamérica Sí se dan cuenta de las intenciones correístas.

Esto es lo que el Santos de la Carta imaginaria “dice” a Maduro:

“En medio de mi desespero por no tenerte, llamé a Correa y me dijo que por ahora no podía hacer nada para ayudarme a recuperarte, porque estaba sumamente ocupado puliendo la ley de mordaza a la prensa. Su tierno objetivo es lograr que los periodistas solo hablen bien de él”.

Eso es todo, para qué engañarnos. El Presidente podrá hacer cadenas enteras dentro del país para convencer a los ingenuos de las bondades de la Ley de Comunicación, pero esas cadenas son nulas hacia el exterior donde Goebbels no puede llegar con su propaganda convincente (por lo millonariamente repetitiva) y se ven fríamente las cosas: “allá en Ecuador hay un Presidente que se las gasta para evitar que la prensa de su país ose decir la verdad”.

Día a día se ve a supuestos comunicadores y actores hablando de las grandes ventajas de una Ley de Comunicación. Javier Pimentel, comediante, hasta se puso gafas para que no le reconozcan y dijo que “La ley de Comunicación es necesaria”…

Bueno, lo que sí es necesario es una prensa comprometida con el pueblo, con la verdad. Pero esta verdad va a ser dudosa en el momento que el comunicador decida callar los evidentes yerros de este Gobierno. Por ejemplo, se conoce que en Italia han sido detenidos cinco funcionarios menores del consulado en Milán, por el caso Narcovalija. ¿Cómo puede ser posible que el periodismo ecuatoriano calle lo que ya se está conociendo en Italia? ¿Por qué esa mentalidad para evitar mostrar responsables en el país, de algo que realmente avergonzó, es decir que se utilice la valija diplomática para un tráfico tan repudiable, como es el de estupefacientes a través de un correo que supuestamente gozaba de inmunidad?

¿Por qué el Ministerio del Interior y la Policía son incapaces de descubrir quiénes estuvieron detrás del envío de droga a Italia y no haya detenidos en Ecuador? A propósito, dentro de esta cobertura, ¿en qué punto le parece a Rafael que hay corrupción periodística que le lleve a amordazar a la prensa?

Para el Gobierno de Correa es necesario que todos hablen bien de él y entonces pasará a la historia como un presidente infalible, impoluto, inédito en la vida nacional.

La megalomanía da lugar a que no esté conforme con que hayan votado 57% de compatriotas que creen en él sino que quiere llevarse el 99,99% El 100% no le interesa, porque a fin de hacer sufrir a ese 0,01%, que necesita que exista para poder convencer de su poder, aplastar y humillar, porque está convencido que la razón de ser de muchos correístas no es que gobierne bien sino su estilo irónico y batallador, solo que se trata de batallas donde hay un ventajista y ya se sabe el resultado, no por la calidad de los oponentes, sino que uno de ellos, en la práctica, teniendo el presupuesto estatal que nadie fiscaliza, las cortes de Justicia a las que manda, el Consejo electoral que jamás ve que haga cadenas y publirreportajes, se presenta con una metralla de alta precisión, subido en una plataforma y con sofisticado atuendo antibalas en tanto que su adversario está colocado en el suelo con una honda, en dorso desnudo, famélico y sin público.

El público, en la actual historia, está a favor del más fuerte, tenga o no la razón. En otros tiempos, la persona en desventaja tenía el favor del espectador, no el dueño del poder, sea este político, económico o mediático. Y Rafael es dueño de todos esos poderes. Hablar contra él sería una necia aventura. Tranquilos, no hablaremos contra él, sino contra formas erráticas de gobernar.

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