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julio 19, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El discrecional uso de los bienes incautados

La revolución aprovecha que se encuentra al mando de los bienes del Estado y de vez en cuando nos sorprende con los caprichos propios de quienes comparten las delicias del poder o, en su defecto, lo representan en todo su esplendor con el boato correspondiente y a veces con incidentes propios de un acceso de bohemia.

Por ejemplo, Pedro Delgado, primo del presidente Rafael Correa, miembro del directorio del Banco Central del Ecuador, y titular del Fideicomiso AGD-CFN 'No Más Impunidad', resultó herido el fin de semana durante una novillada privada, que tuvo lugar en la hacienda El Rosario, ubicada en Machachi (unos 35 kilómetros al sur de Quito). Solo que tras la información, se señala que esta hacienda fue incautada en el 2008 por el Estado. Según diversas fuentes, Pedro Delgado habría celebrado un festejo privado en la hacienda administrada por el Fideicomiso que él preside, a la que fueron invitadas varias personas, entre ellos varios diplomáticos. De esta manera, se esboza un anticipo de ese proyecto que se denomina “el buen vivir”, por el cual tanto trabaja el Ejecutivo.

La crónica señala que mientras se desarrollaba la corrida, Pedro Delgado, el primo, bajó a demostrar sus habilidades en el ruedo y en ese momento el toro le embistió, provocándole una luxación en el tobillo.

Aunque calculamos que siendo novillada no fue un toro, por suerte, el causante del descalabro artístico, porque si no estaríamos lamentando algo más serio que la luxación. Eso de llamar, al novillo, toro y, a una revuelta policial, intento de golpe de Estado nos parece venido de una pieza de don Quijote, temerario héroe que veía en los molinos de viento un gigante que amenazaba a toda La Mancha.

El pariente de la revolución, funcionario del Banco Central y cabeza visible del fideicomiso “No Más Impunidad” permanece recuperándose de la lesión en la habitación 116 del hospital Metropolitano de Quito, a donde habrían tratado de ingresarlo con un nombre falso.

Voceros de la casa de salud manifestaron que no darán información sobre el estado de salud de Delgado por pedido de sus familiares. La hacienda El Rosario es uno de los bienes incautados por el adusto y sobrio Gobierno de las mentes lúcidas y manos limpias al exbanquero y hombre fuerte de los hidrocarburos Alejandro Peñafiel. No se vaya a creer que los augustos señores hacen uso y abuso de los bienes del Estado, Fue por coincidencia que este fin de semana fue escenario de una novillada que bien lidiada pudo haberse convertido en una fecha inolvidable para las artes tauromáquicas que tanto repudia el seguidor del Socialismo Siglo XXI.

No hace muchos días, Francisco Fernández Fábregas, embajador español en Polonia, celebró ruidosamente, en su residencia, la victoria de España. El hecho de haber sido sorprendido allí, en situación de gran disipasión, gritando los goles de su país como un poseso, consideró él que era una vergüenza y presentó su renuncia.

Nosotros no esperamos tanto de un ilustre del Gobierno del cambio, pero sí que se digne tener entereza y acepte que fue el mismo paciente del Hospital Metropolitano y que intentó cambiarse de identidad, cual si hubiese cometido un dolo. Es que tal vez lo cometió, si tomamos en cuenta los exigentes estándares éticos que requiere alguien que encabeza un organismo que se llame “No más impunidad”.

Seguramente, de haber terminado, el capoteador de El Rosario, acertadamente sus fintas, la fiesta hubiese sido completa, es decir aparte de los bocados y vinos, como parte del “buen vivir” hubiese contagiado a la parroquia alguna “bailaora” sevillana, se hubiese expuesto arte a discreción, y sobretodo nadie se hubiese enterado de que la revolución ciudadana visita los fines de semana, con aires festivos y gesto de dueños los bienes incautados.

Según reportaron medios locales, el Banco Central del Ecuador ha negado que el titular de esa entidad haya sido herido en una corrida privada en un bien manejado por el Estado. No se puede tapar al Sol con un dedo, muchos conocen del caso y del personaje.

Por otro lado, cuando se obra bien, no hay necesidad de tratar de ocultar el nombre. Que Pedrito tenga sueños de torero no es pecado, aunque disponer de una propiedad como si fuese suya propia sí que es lo digno de un ataque de amnesia o de ponerle tierra encima. Qué mejor que esconder la identificación. Aquí no ha pasado nada, joder, esta cicatriz ha sido una simple voltereta, propia de las inseguridades de las calles de Quito.

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