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julio 16, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El Coyote y su eterna persecución

Nadie podría negar que los creadores de dibujos animados que han logrado triunfar conozcan de la sicología del ser viviente. No decimos simplemente “conocen de la sicología del ser humano”, porque resulta que ellos se dedican a darle personalidad a prototipos de la especie animal y logran resultados estupendos, que posibilitan reconocer y reconocernos en varias de las situaciones que enfrentan esos pequeños héroes de cartón.

Un concurso realizado en el diario El Universal de Caracas, sobre los cómics de televisión favoritos reveló que el espíritu de un niño habitará en nosotros así tengamos una edad grande, porque esos cómics, inspirados en súper héroes o en animalitos vivaces o ingenuos, cariñosos o aislados, huidizos o adaptados a la gran zoología de la vida, representan mucho de lo que es el ser humano.

Y así como pusieron muchos a Tom y Jerry, al gato Félix, al Correcaminos, a Superman, al Pato Lucas, Popeye, Archi o Los Picapiedras, me atrevo a pensar, ahora que de ellos algunos vamos identificándonos con el Correcaminos o tal vez comprendiéndolo.

En los pocos minutos de esa parodia, el personaje y el villano (El Coyote) está la filosofía de la lucha diaria: los que no te quieren dejar vivir, los que te quieren dar cacería, los que abusan con todo el poder versus el individuo común y corriente que tiene la habilidad para supervivir y aún vencer el ardid de los poderosos. El Correcaminos enfrenta las trampas de la vida.

El Coyote y toda la parafernalia de ACME son, más allá de una sátira inocente, que nos hace disfrutar el triunfo del bien sobre el mal, la encarnación de una lucha entre quien desea para el más desventajado la derrota, la sumisión, apoderarse de su condición de, en el caso presente, ser humano libre y con propio pensamiento.

No es vano imaginar quien representa al Coyote cuando alguien persigue por allí a periodistas que deben idear para salir como el Correcaminos de la enorme ruta llena de artificios e inclusive castigos que se asemejan a la dinamita que el ACME de la vida real (la superestructura “revolucionaria”) les tiende a los que se atreven a ingresar con la libertad de antes en los terrenos del intocable.

En Ecuador se vive un momento de gran controversia con una Ley de Comunicación que puede acoger un castigo o una aprobación de acuerdo al arbitrio de un censor fiel, que sin duda interpreta a rajatabla las instrucciones del jerarca supremo, quedando a su óptica inapelable las consecuencias del pequeño atrevimiento de hacer opinión crítica, algo que en pleno siglo XXI al parecer está prohibido.

Pero, nuestra visión no solo es política. Sabemos que las injusticias no solo se dan en ese campo. La lucha entre el que hace del mando un culto diario y el que a fuerza de luchar por su vida y su familia llega a ser un Correcaminos se da especialmente en el escenario laboral, cuando hay el enfrentamiento que obliga a mantener distancias insalvables entre un jefe y su empleado, sin opción al acercamiento democrático que posibilita una mejor relación y, aunque ustedes no lo crean, una auténtica lealtad.

En Ecuador hay quienes deciden incumplir con el compromiso del seguro social. O también los que no cumplen con las condiciones indispensables para el desenvolvimiento de sus empleados. En un accidente laboral ocurrido hace un año en una empresa, cuando un trabajador de la construcción cayó tras intentar arreglar una hoja de Eternit mal colocada, resulta que el patrón para costearle las curaciones, decidió multar a todos sus trabajadores porque estaba supuestamente sucia y de allí envió generosamente el cheque que daba “la empresa”. De eso se enteró más tarde, cuando salió del peligro el trabajador afectado. El Coyote y su astucia.

En Ecuador se paga utilidades en Abril. En una imprenta del norte de Quito, el patrono, en el mes de Marzo de hace dos años tras una reunión en la que alguien preguntó por estos beneficios, la respuesta fue con evasivas, pero eso sí multó y habló muy claramente a sus empleados por haber permitido el robo de especies valoradas “que seguramente regalaron por allí en unos pocos centavos”.

Pero, la verdad es que el empresario debió publicar por Ley esa pérdida, puesto que cuando se pierden especies valoradas hay que sacar en algún medio de gran circulación. Eso no se hizo. Los empleados están indignados por vivezas que hacen visible la poca ética del empresario.

Todo esto puede ser caricaturizado. El Coyote haciendo de las suyas y el Correcaminos sobreviviendo, pese a todo. Sin embargo, para evitar que se repitan los latrocinios y que el ventajista se salga con la suya, el empleado debe conocer lo más importante de la Ley, interesarse en los principales aspectos de ella.

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