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diciembre 16, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El complejo de ser el único bello…

El insoportable nos hace equivocar a menudo, nos hace pensar que ya no nos va a sorprender, que ya no va a tener esas improntas de pedante que muda fácilmente a divo celoso, con presunción de único “007 de la viperina”, la única lengua con derecho a matar… A matar con el peso de sus nada afilados comentarios, claro.

Le gusta sentirse el centro de los reflectores, no tiene miedo escénico, ni siquiera le salen colores cuando hace un pequeño ridículo de vez en cuando, por ejemplo me viene a la mente su intento de pugilato con un contendor invisible, haciendo a un lado la corbata, desabotonándose la camisa y exigiendo a los policías que lo maten, “si son tan hombres, disparen”.

Esta vez lo que hizo, derivó en discreta pero definitiva frustración de José Mujica, un homenajeado que tras haber recibido elogios de la mujer guayaquileña por “su solidaridad, simplicidad y búsqueda de justicia social sin ajusticiamiento popular”, tuvo que ver como un hombre, por más señas gobernante de esta ínsula, ataca sin móvil alguno a una mujer, la representante del Cabildo porteño, justamente a la que había señalado que Mujica es un Mandatario que elevó la credibilidad colectiva en los que gobiernan sin aspavientos. Lo cierto es que las palabras de la dama juzgó como algo grave don celoso, y terminó atacando a Doménica Tabaschi, vicealcaldesa guayaquileña, con un “mírenla, tan guapa, de ojos verdes, de apellido extranjero, no representa a la mujer guayaquileña”, por lo cual se deduce que estaba aclarando a Mujica que las guayaquileñas solo son morenas, de ojos negros y, posiblemente, no guapas, puesto que colocó este adjetivo entre los “defectos” de Tabaschi.

No queremos creer que nuestro popular Presidente tiene algún complejo apto para estudiarlo en un diván, sabemos que no es precisamente un dechado de inteligencia emocional, pero nos sorprende que mire la paja en el ojo ajeno, puesto que si él dice que tener ojos claros no es representativo en el Ecuador, ¿qué hace él en Carondelet, siendo que justamente él no es definitivamente de las características nacionales de un Lucio Gutiérrez, Eloy Alfaro o Sixto Vizuete? ¿Qué nos dice de las dignidades ganadas en elecciones? ¿Se las puede perder si el que logró los votos no tiene el tipo de un Rolando Vera, Juan Piguave o Auki Tituaña?

El hecho de discriminar, ya es racismo. Y lo peor es que el imperturbable con el pretexto de creer que lo que él piensa ya es una orden sagrada para los ecuatorianos, se imaginará que sus asambleístas enseguida van a pulir un articulado legal para frenar a los rubios, ojiverdes, de apellido extraño.

Nuestra adhesión a la mujer inteligente y culta que es Doménica Tabaschi. Estamos seguros que ella entiende Esta vez le tocó en suerte soportar el ataque de un líder en formación (por tantas cosas, creemos que le falta todavía) que jamás tuvo un ápice de modesto y que nos lleva a leer en sus adentros “aquí el único bello y con licencia para portar ciertos atributos soy yo”.

Podemos preguntamos ¿por qué un político con determinadas características quiere que los cargos públicos los usufructúen individuos con determinadas características a las que tampoco él se acerca? Pero vamos a perder el tiempo, así que terminamos con una sorpresa tras la breve alusión a los ilustres Mujica y Correa:

Maduro, el político llanero que tiene a los venezolanos en ascuas porque no tiene idea de cómo actuar tras la caída del precio del petróleo, revela que en Ecuador, intentaron eliminarle… “Pero los investigadores y la inteligencia ecuatoriana lograron evitar el magnicidio”. ¿Cierto? Pero si de esto no han hablado ni una coma en Ecuador, en toda una semana desde la ceremonia de entrega del edificio de Unasur. Y los revolucionarios suelen difundir la noticia de sus hazañas inmediatamente.

No solo que dudamos de que en nuestro escenario se haya producido la intentona sino que Maduro siempre nos recuerda que Chávez y sus discípulos son maestros en el arte de argumentar ataques imaginados o no. En todo caso, las autoridades ecuatorianas deberían dar una versión sobria, que parezca creíble. No sabemos si este supuesto caso de magnicidio arroje la triste figura de un chivo expiatorio. Es decir, por salvar de una eventual mentira al amigote venezolano, ojalá no aparezcan involucrados inocentes que supuestamente quisieron matar a Maduro. La revolución ya es hora de que alcance una seriedad que la haga creíble en todos los aspectos.

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