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junio 21, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El asilo a Julien Assange, ¿mata al caso Chucky Seven?

Este momento el Estado ecuatoriano se halla involucrado en dos casos, que no tienen relación y, además, tienen distintos actores, pero que son igual de explosivos: el caso Assange y el caso Chucky Seven.

Ambos temas tienen áreas de influencia sobre la opinión pública nacional, pero el primero tiene además una trascendencia internacional. Mientras el ciber espía Julien Assange hace malabares por escapar de Gran Bretaña, en el otro caso el fiscal general del Estado, Galo Chiriboga observa que el fiscal, Antonio Gagliardo, intenta buscar más excusas antes de pronunciarse sobre un caso que es delicado y que lleva directamente al buffet que representó a Correa en el juicio contra El Universo.

No podemos decir cuál de los dos casos es más ni menos importante. Los dos son iguales de explosivos, aunque si nos preguntan si en alguno de ellos está comprometida de alta manera la moral pública, la ética política, la legalidad como forma de ser de una superestructura estatal, tras poner ambos temas sobre la balanza, se impondrá el caso Chucky Seven, que desde luego desde nuestras fronteras hacia el exterior seguramente es desconocido.

Pero, de ninguna manera vamos a obviar el primer caso, porque tiene fuerza mediática internacional. Debemos recordar a algunos lectores que Julien Assange es el líder de la fundación Wikileaks, que se especializó en filtrar documentos diplomáticos en los que se deslizaron declaraciones que comprometían acciones o conceptos militares y diplomáticos.

El canciller Patiño le ofreció conceder el asilo en nuestro país a Julien Assange. Antes, cuando el ciberespía ya estaba en los primeros líos, el vicecanciller Kinto Lucas ya ofreció darle el asilo diplomático. Una acción espontánea que pinta de cuerpo entero la metamorfosis de nuestra política internacional. Por lo pronto, Assange está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. El fundador de WikiLeaks, realiza un proceso para lograr el asilo del Estado ecuatoriano. Es casi seguro que le concedan, no solo porque Patiño ya empeñó su palabra, sino que hizo circular en las webs del mundo su entrevista a Rafael Correa, que más bien tenían un tono favorable al Mandatario.

Suecia le sigue juicio por haber cometido hace unos años delito de violación, algo que no es mérito para nadie. Assange, humano al fin, elude este tema y se limita a afirmar que se siente "amenazado de muerte", habiendo denunciado un "boicot", urdido por las autoridades estadounidenses para deportarlo a Guantánamo, vía Estocolmo.

Desde luego, WikiLeaks es la pesadilla de Washington desde la difusión de cientos de miles de documentos estadounidenses, mensajes militares secretos sobre las guerras de Irak y de Afganistán y cables diplomáticos confidenciales, por lo cual el tema de la violación pasa a un plano muy secundario.

Lo de Assange dará lugar a que se hable de Ecuador internacionalmente durante varios días, pero no los suficientes para que deje de desentrañarse el caso Chucky Seven, al que parece huirle el fiscal provincial Antonio Gagliardo.

Su pretexto para salirse del caso fue que quería optar por un puesto en la Corte Constitucional. Pero, ¿se iba a ir sin cumplir con todo el proceso de indagación sobre el peritaje efectuado al pendrive en el que se grabó la sentencia del caso El Universo?

Antonio Gagliardo, que no parece decidido a pronunciarse sobre lo ocurrido en este episodio del caso “El Universo”, envió la reconsideración de su excusa al caso ‘Chucky Seven’, donde se investiga sobre la autoría de la condena de primera instancia contra el diario porteño y sus directivos. El fiscal general, Galo Chiriboga, rechazó el pedido el último 12 de junio. Luego, Gagliardo adjuntó nuevos argumentos.

¿Cuáles son estos argumentos? El fiscal del Guayas baso su reconsideración en el literal E del artículo 67 del Código de Procedimiento Penal. La Ley establece que un fiscal debe excusarse “cuando asuma el conocimiento de causas en que intervengan o tengan interés sus amigos íntimos o enemigos manifiestos”. Según el descubrimiento de Gagliardo, Joffre Campaña, abogado del diario El Universo, y César Montúfar, asambleísta de oposición, han realizado “actos de enemigos” luego de que él anunciara que se iba a excusar por su postulación a juez de la Corte Constitucional (CC). Pero, hay que establecer que esos supuestos “actos enemigos” realmente no tienen relación con su primera excusa, aparte de que los descubrió luego de excusarse la primera vez.

Aquí viene un embrollo: Gagliardo en principio alegó que existe un conflicto de intereses porque la investigación apunta a Gutemberg Vera, abogado del Presidente, como supuesto autor de la condena contra El Universo, y Gagliardo será calificado por delegados del Ejecutivo en el concurso hacia la Corte Constitucional. ¿Es decir debía a pronunciarse sobre la implicación de Gutemberg Vera para que manifieste este temor al “qué dirán” los delegados del Ejecutivo?

Para cualquier fiscal, lo afirmado por su colega Gagliardo resuelve fácilmente la ecuación: si a él le cuesta hacer un pronunciamiento por temor a que lo hagan papilla luego los delegados del Ejecutivo, significa que ese pronunciamiento iba a afectar al abogado del Ejecutivo (a Gutemberg Vera, claro). ¿Por qué tendría que tener temor si fuese el caso de que dijera que el peritaje del pendrive señala que no tienen ninguna relación Juan Paredes y Gutemberg Vera?

La moral pública debe curarse y el fiscal Chiriboga debe obligar a su inmediato subordinado a que cumpla su compromiso. El caso Chucky Seven nos lleva muy derecho a la artificial y conveniente “justicia” que se construyó en el juicio a El Universo.

Es decir, a la fabricación de una sentencia por parte de una de las partes. Esto significa que los conminados a pagar 40 millones de dólares fueron víctimas de la ilegalidad puesta en práctica justamente por los actores de “la nueva justicia ecuatoriana”, o sea esos jueces que se inclinaron ante el poder.

Fiscal Gagliardo es muy poco ético señalar que se siente incapaz de pronunciarse contra alguien que le haría progresar mañana. ¿Qué clase de juez, qué clase de fiscal, qué clase de autoridad es esa que vela exclusivamente por sus intereses?

El caso Assange puede ser otro recurso populista para estar en primer plano como “los populares del Mundo”, “los eternos noticia portada”, pero no mata al caso Chucky Seven.

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