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julio 30, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El adiós de la Pantera Benítez

El final del goleador de la Selección ecuatoriana de fútbol es el tema de mayor trascendencia en el país. No ha interesado para nada o ha interesado poco, ayer lunes, el tema “sabatino” de que el Presidente hizo nuevas ofertas para hacer de Guayaquil un puerto de gran calado. Asimismo, no ha ocasionado mayor trascendencia el hecho de que durante cinco horas se suspendieron los aterrizajes en Tababela, señal de que el nuevo aeropuerto no está ubicado en el mejor sitio.

Lo que sí ha provocado gran pesar y conmoción en toda la República y en la cuarta región, es decir el territorio de los migrantes (EE.UU., España e Italia) es la partida prematura, en la plenitud de su carrera de Christian Benítez Betancourt, goleador de innegables condiciones que sin tener la mitad de los aciertos que tuvo en sus clubes, a los que llevó al pináculo, cumplió como un efectivo realizador con la camiseta tricolor, pues convirtió 24 goles y perseguía a Agustín Delgado en la marca de las conversiones.

No es el fútbol el fuerte de esta columna, pero eso no quiere decir que desconozcamos de la influencia que tiene en la vida de los pueblos. Hemos visto que por el club de sus amores mucha gente se queda sin el presupuesto de la siguiente semana. Hemos escuchado que por el espectáculo de masas muchas parejas se han dividido al descuidarse el fanático de su hogar. Hemos leído noticias de peleas entre las barras de los clubes, llegando alguno de sus miembros a atacar con armas mortales a los hinchas rivales.

Desde luego que en materia de satisfacciones el fútbol es capaz de deparar felicidad, entusiasmo y visión positiva a la gente. De allí que si hay un domingo de victoria, lo primero que se percibe el lunes, al principiar la semana es la felicidad del hincha del equipo ganador. Por la felicidad que depara el fútbol, a menudo se olvidan los momentos de sinsabor que ocasiona la vida cotidiana. No debiera ser así, pero quién soy yo para irme contra la sicología colectiva. Si hay gente que es capaz de aguantarse tres horas semanales de sabatina correísta, nos parece menos gris que la gente esté pendiente de 90 minutos de un choque futbolero que significa competencia, disipación e identificación con colores deportivos.

Da mucho dolor y confusión que una persona joven y con alto nivel competitivo se vaya de pronto de esta vida. Seguramente en las próximas horas o quizá días se confirme lo que ocasionó el deceso. Se confirmará si primero La Pantera Benítez sufrió una apendicitis si luego ésta generó la peritonitis que habría sido la causa del paro cardiorrespiratorio.

Los aficionados con alma de jueces han empezado a pedir una demanda penal a los galenos que atendieron los últimos momentos del goleador. Pero, se conoce que ellos hicieron esfuerzos y trataron de hacerlo reaccionar con desfibrilador externo automático, pero fue demasiado tarde.

Christian Benítez fue fichado hace tan solo tres semanas por el club Al Jaish SC de Qatar, una operación que significó la compra de su pase por 18 millones de dólares. El goleador los valía y pudo haber ido al balompié europeo. Fue un atacante realizador de raza, pues su padre Ermen Benitez, ostentó durante mucho tiempo la calidad de goleador del balompié ecuatoriano.

No dudamos en sumarnos a los lamentos del pueblo. Es éste quien tiene la razón al llorar al delantero estrella de la Selección. El fútbol es uno de los pocos alimentos que prescinde de la politiquería, aunque ésta si suele valerse del fútbol para lograr réditos. En países futbolizados como Ecuador, el Gobierno compró los derechos de transmisión del fútbol, eso le posibilita mandar los mensajes que quiera el rey, para hacerle la corte al populacho, que al estar más arriba del 51% hace ganar fácilmente elecciones.

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