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julio 26, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

El abaratamiento de la política y los pasaportes

La organización es capaz de hacer cualquier cosa en temporada de elecciones. Su candidato principal tiene licencia para besar a niños, a viudas, a ancianos y, desde luego, con solemne respeto de nuestra parte, hasta a enfermos.

Es decir, tiene licencia para hacer todo aquello que sabía practicar la despreciable partidocracia, codearse con la pobreza y la enfermedad, por lo menos para las fotos.

La última portada de El Ciudadano nos muestra en plena campaña, con un amplio titular: “Guayaquil el nuevo bastión de la revolución ciudadana” y una foto de campaña que el señor Domingo Paredes, del CNE, no es capaz de parar. Porque, según él, “todavía no se puede considerar que la mega información del Presidente sea campaña”.

Pero sí es campaña lo que digan o promocionen Guillermo Lasso y Álvaro Noboa, a los que ya ha calculado como “gastos anticipados”, tres millones de dólares, al primero, y cien mil dólares al segundo.

Solo para conocimiento de los lectores, sería bueno que el CNE nos responda, ¿En qué momento, Guillermo Lasso le pide a usted su voto o le habla de las elecciones? ¿Porqué cuantificar un gasto promocional de CREO que es un movimiento nuevo y no se trata de algo personal?

Aquí lo único personal que se advierte es la consigna del Gobierno para atacar a uno de los candidatos, al que cree más peligroso.

Tanto la clase política, como la prensa independiente, al igual que el precandidato de CREO deben, desde ya, exigir el mismo rasero para todo lo que difunde el señor Presidente, a quien el CNE le permite cualquier acción, y es el único que se desenvuelve como el 007 en materia de hacer lo que se le antoje en esta ínsula.

El organismo que tenga control sobre gastos electorales, debe conocer que en los Estados Unidos el Gobierno está realizando una campaña masiva en todos medios, campaña pretendidamente indirecta, pero que es fácil reconocerla y por lo tanto hablar de su ilegalidad.

Este Gobierno está dispuesto a hacer todo para quedarse atornillado al sillón por los cuatro años siguientes, así que no dudemos que sus propagandas no sean contabilizadas por el CNE de bolsillo.

Un Gobierno que se autotitula como el inédito, como el que “nunca hubo en la historia ecuatoriana” y que tiene listo cualquier recurso para impactar en el elector.

Inclusive, a nivel de acciones que muevan “a reflexionar sobre su acierto en el paso por el gran sillón” le llevan a ser capaz de bajar las tasas de servicios o documentación, uno de ellos el costo del pasaporte, que según los compatriotas que residen en Estados Unidos, España o Italia llegó a 115 dólares y ahora está a 75.

Una jugada electoral, desde luego, porque había mucha protesta cuando se produjo la elevación a 115 dólares, inclusive ante el canciller Ricardo Patiño, que estuvo en Nueva York hace dos años, habiendo comentado él que “esta tarifa no dependía de su política”.

Y, con esta vuelta a un precio anterior obviamente que alivian a muchos bolsillos, lo cual seguramente tiene un mensaje electoral.

Pero, así como lo positivo es conocer que en tiempo de elecciones no se piensa en cargar el precio de los servicios y documentos, hay que decir que los revolucionarios se rodean de gente que le es incondicional, de elementos que jamás van a deliberar, por lo cual dudamos que se practique la anunciada cultura de la capacidad.

No se puede pasar por alto que el Presidente prometió a los migrantes que los funcionarios de los consulados serán miembros de la comunidad ya que ellos entenderían mejor el problema del migrante. Correa criticó que en otros gobiernos este importante grupo de funcionarios “eran cuotas de amigos y familiares del Gobierno de turno”.

Para nuestra sorpresa, hoy la Cónsul de Queens, que es el área de mayor concentración de ecuatorianos, es una amiga de la infancia de Correa y hay que decir, además que ella no fue parte de la comunidad, pues cuando la nombró ella se vino a vivir a Nueva York para ejercer esas funciones.

Estos son temas que no se puede dejar de denunciar. No hay tal Gobierno alejado de las prácticas y vicios de la vieja partidocracia. Por el contrario, en muchos campos, como decir, apoderarse de todos los poderes del Estado, ha superado a todos y por eso hay jueces a las órdenes, asambleístas a las órdenes, constitucionalistas a las órdenes y supervisores del sufragio, a las órdenes.

A este entramado cuyo sello es una ambición atrasada de varios años y que regala periódicos, programas y cadenas gubernamentales, es que debe intentar ganar un hombre demócrata desprovisto de los bienes del Estado que ahora se explotan desde el palacio. Pocas veces la política de un país se había abaratado tanto.

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