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diciembre 9, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Ecuador, un Reino con Cero Fiscalización

Hace un tiempo, nos escandalizamos con el gasto de 600 millones de dólares para “renovar el poder judicial”. Es decir el costo del aeropuerto de Quito. ¿Y cuál político nacional ha hecho el seguimiento para conocer sobre los detalles de ese platal que le cuesta al erario nacional, es decir a todo el pueblo ecuatoriano?

Ahora todo volvió a la normalidad, por el contrario hay buenas noticias. El país quedó muy bien, en su concepto de generosidad, ante los ojos de los mandatarios regionales. En una forma por demás encomiable Ecuador (por interpuesta persona de su líder) puso sin que ningún otro país gaste nada el edificio de Unasur, un inmueble de rasgos singulares, que está en la Mitad del Mundo y que según observadores que pertenecen al gremio de los constructores, se trata de una edificación valorada en 20 millones de dólares. Y está muy bien que el insigne líder, que se caracteriza por proyectarse a ser el sucesor de Hugo Chávez, se meta nuevamente en las portadas de los diarios sudamericanos al lograr dotar a la Unasur de su propio edificio.

Vaya nuestra admiración para Rafael Correa en su tarea de mantenerse en la vitrina internacional e inaugurar el flamante elefante blanco…, perdón edificio de Unasur, haciéndonos olvidar cosas menores, totalmente domésticas, como sus intenciones de ser el Presidente ecuatoriano sin límite de final de Gobierno o bajando la temperatura de aquellos que criticábamos a la Corte Constitucional que intenta neutralizar a la propia Constitución de Montecristi con “enmiendas” encargadas para seguir los mismos de siempre 300 años en el poder.

Ese coraje ya nos pasó, ahora es el tiempo de otra gran obra que suscitó el retorno de los vientos de correísmo, “ya tenemos presidente” volverá a gritar un señor que se dirige a retirar su sánduche y su cola y a pedir otra camiseta (verde flex). Ahora celebramos que Ecuador lideró la “integración”, todo por la bicoca de 43 millones de dólares más los costos del super coctel.

¿Cómo que 43 millones de dólares?, ¿no dijeron solo 20? Perdón si dijimos 20, eso es lo que se calculaba pero si el Gobierno dice 43 qué podemos hacer, ¿quién le va a hacer cuentas?

Es que entre 20 y 43 millones hay “pequeña” diferencia, y eso explica el apuro por hacer obras. Es lindo hacerlas cuando tienen un costo (arbitrario) y no hay fiscalización. Sin embargo, por ética, por dignidad, sin creer que se van contra su majestad de poder, los hechores de la obra deberían suministrar los detalles de los gastos.

Nos dijeron que en los tiempos de la partidocracia había corrupción, en los tiempos de la revolución ciudadana deben demostrarnos que no hay obras infladas. Se busca a fiscales probos y que no sean perseguidos por Carondelet.

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