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diciembre 7, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Ecuador Siglo XXI, posición 118 en Transparencia

La Universidad de la Plata, cumpliendo con un cronograma revolucionario para impulsar nombres que mantienen su cercanía al proyecto político, entregó un premio, una condecoración, a Rafael Correa, “por su lucha por la libertad de expresión”. Un tema ideal para Ripley.

En contraste, Transparencia Internacional, organismo especializado que vigila las buenas normas en la práctica de Gobierno, servicios, aplicaciones conjugadas como ética en el manejo de los recursos públicos, ha deparado al Ecuador un casillero que no podría enorgullecernos, como enorgulleció a los gobiernistas la gala de La Plata.

Ecuador está ubicado entre 176 países que fueron objeto de medición en el casillero 118, que es muy secundario, es decir acercándose a los grados de mayor corrupción. Esta ubicación, lejos de generar una posición antagónica o el desprecio de quien hace cabeza del Gobierno debe motivar la rectificación radical de la política gubernamental en muchos aspectos.

A estas horas, un Presidente responsable que tenga en sus manos una medición y clasificación tan respetable como la de Transparencia Internacional (TI) debería preguntar, a todo su equipo de trabajo, y preguntarse a sí mismo: ¿En qué estamos fallando?

Transparencia Internacional, al elaborar su ranking 2012, concibe un escalafón que seguramente molesta a aquellos gobiernos que no van cumpliendo metas que satisfagan a su colectividad en temas como servicios públicos, pulcritud en el rendimiento de cuentas y satisfacción colectiva.

Como ecuatorianos, percibimos que en el país existe el derroche de recursos en temas que no mejoran sustancialmente la vida de los ecuatorianos, como el exceso de propaganda gubernamental, el exceso de visitas cargadas de proselitismo a los pueblos pequeños, con la aspiración de “dar el informe de labores”, el exceso de cadenas gubernamentales, muchas de las cuales sirven para atacar a los adversarios políticos, la recurrente actitud de pasar por alto los errores de colaboradores cercanos, algunos de los cuales guardan un grado de consanguinidad con el jefe de Estado (en la foto, Pedro Delgado, su primo), la serie de conflictos judiciales, cuyo desenlace generalmente es favorable para el Gobierno, así la otra parte tuviese fundamentos a su favor.

Por ejemplo, la revista Vistazo demostró que aunque se refirió a la necesidad de publicar las razones del Sí o el No sobre la Consulta de Mayo del 2011, el diario El Telégrafo rompiendo totalmente los plazos de publicaciones electorales publicó las razones del Sí el mismo día del sufragio. El Tribunal Contencioso Electoral solo multó a Vistazo por su supuesta falla contra el reglamento electoral, mientras que a El Telégrafo ni siquiera le llamó la atención.

No hay que olvidar que otro de los temas que ha determinado que se produzca un malestar colectivo es la fricción constante con la prensa independiente. Aunque la presión internacional dio lugar a que se suspendan los juicios millonarios a los directivos de El Universo y a Emilio Palacio, a los autores de El Gran Hermano, la práctica de confrontar con la prensa ha continuado y eso puede notarse en actitudes como el litigio judicial contra otros medios, como el diario La Hora o la misma revista Vistazo.

El mal que adolece Ecuador parece que no es una característica aislada. Los países que practican la misma doctrina gubernamental se hallan encasillados igualmente en últimas posiciones de Transparencia. De entre ellos, causa alarma el caso llanero.

Si Ecuador con su posición 118 llama la atención, el Venezuela escandaliza con su puesto 165, el peor de la Región. El Gobierno venezolano ha descubierto que para ganar elecciones basta contentar a un segmento poblacional, lo cual puede ser práctico, pero eso no significa la democratización de la acción gubernamental, es decir la distribución correcta de los beneficios gubernamentales.

Por lo tanto, hay otro segmento importante de la población que se ha quedado privada de los servicios públicos en un nivel correspondiente a su contribución al erario nacional.

Al observar la posición individual de esta órbita, la “revolucionaria”, Bolivia ocupa el puesto 105; Nicaragua el 130. Nuestros países representan todo lo contrario de Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda, que ocupan los primeros lugares como los más limpios.

Los parámetros de Transparencia Internacional para evaluar el nivel de calidad de Gobierno y servicios arrojaron, en la lista del año 2012, que Somalia es el país más corrupto del mundo, territorio donde se conjugan los defectos de mal Gobierno, malos servicios, malestar colectivo. Por lo tanto, si Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda son los más limpios, seguramente son territorios donde existe un grado mayor de satisfacción colectiva yde disfrute de democracia. Debemos decir que Chile y Uruguay aparecen como los países menos corruptos de América Latina.

En el continente americano, la lista la encabeza Canadá, que aparece en el puesto 9 con una nota de 84 puntos, seguido de Barbados, en el 15 y Estados Unidos en el 19.

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