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diciembre 4, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Dignidad y soberanía solo en palabras y pose

El Consejo Nacional Electoral nos pone sobre la mesa otra prueba de que Ecuador es un país digno y soberano: No va a invitar a observadores europeos a las elecciones del 17 de febrero que viene.

¡Ah, qué bien! Es decir los observadores de Unasur, potencia de la democracia, tendrán carta blanca para observar e inobservar los sucesos de esta campaña que tiene a un candidato con todas las ventajas, candidato subido en vuelo charter, y otros siete candidatos de a pie.

Estos observadores de Unasur, sumados a sus colegas de la OEA van a ser los que supervisen, a vuelo de pájaro, el proceso electoral que hasta ahora se lo ve amañado, pues al ventajista le siguen dando ventajas, en tanto que el presidente del CNE, ante la presión de los demás candidatos pidió nada menos que cita con el secretario de comunicación del Estado, Fernando Alvarado, para tratar de aclarar los puntos correspondientes a cadenas nacionales y otras arbitrariedades que están cometiendo los “publicistas” de Correa, puesto que el Presidente es inocente, de eso hay que darlo por firmado.

Está mal que Domingo Paredes, presidente de una función del Estado, haya pedido cita a un funcionario de tercera, eso hace sospechar que el titular del CNE no se siente homólogo de Rafael Correa sino de los funcionarios de organismos menores a la Presidencia de la República. Con esta personalidad, por supuesto que va a recibir órdenes de quien es jefe del Ejecutivo, una función diferente a la suya, la electoral.

Este acoquinamiento de ciertas jerarquías nos hace pensar que estas son elecciones donde solo uno de los ocho concursantes tiene machete, los demás están con las manos vacías; solo uno de ellos tiene medios de comunicación, los otros están indefensos; solo uno viaja a velocidad de vuelo charter, los otros corren a pie.

Así es fácil que nos quieran convencer que el jeque está donde está gracias a su gran popularidad. Desde luego que no; creemos que la gran maquinaria del Estado, convertida en maquinaria electoral juega a su favor.

Eso sí, hay algo muy importante, respecto a la decisión del organismo electoral de evitar la venida de los veedores europeos: la revolución ciudadana habla de dignidad y soberanía, nada quiere saber de ayudas europeas, aunque no nos dicen en qué es lo que peca contra nuestra dignidad y soberanía la presencia de peritos especializados que pueden garantizar más el desenvolvimiento de un proceso complejo.

Por el contrario, la presencia de estos colegiados sin duda contribuirá a darle más credibilidad a una campaña que ha nacido viciado desde que empezó la escandalosa presencia de firmas falsas en todos los registros de los cuarteles políticos.

En el país se ha exteriorizado desconfianza en los observadores de la Unasur, que desde una perspectiva cercana a los opositores se podría decir que son “observadores vinculados”. Pero, si para un sector del país es bueno que estén ellos, pues bien que estén y que en el mismo número se hagan presentes los observadores europeos, de cuya formación e imparcialidad podemos estar más confiados.

No es la primera vez que la revolución ciudadana demuestra su desprecio a la infraestructura social y política europea. Pero, todo eso parece solo una pose, una forma de impresionarnos, puesto que por el lado más decisivo, por el económico, no se advierte que esta revolución digna y soberana tenga reparos en pedir euros a las organizaciones del viejo continente.

Justamente ayer, en Luxemburgo, el Alcalde de Quito (adláter correísta, de la tienda Alianza País), celebró el préstamo de 200 millones de euros (250 millones de dólares) del Banco Europeo de Inversiones. ¡Ajá! O sea que la dignidad es en cuanto a las ideas, en cuanto a las costumbres, porque en cuanto a lo económico: ¡venga el apoyo europeo!, venga la vecindad del viejo mundo, qie le lleva a adquirir la casita de Bélgica de 350 mil dólares. Aunque por dignidad y soberanía, por identificación con la patria grande, debería preferir una casita en Bolivia, en Venezuela o en Cuba.

El alcalde de Quito está feliz de este viaje a Luxemburgo. Pocos mortales pueden acudir en representación de una comunidad a estampar la firma en un país que pese a la crisis europea tiene para ser un gran anfitrión, que lo diga Barrera.

Desearíamos oír la cátedra correísta de la dignidad y la soberanía en todos los órdenes. Pues, cualquiera puede tener dignidad y soberanía en lo que no le conviene (que haya más control al proceso electoral que lleva adelante el CNE correísta), y tener una gran apertura (apertura de las manos para recibir) cuando se trata de un préstamo europeo. Tal vez desde nuestro limitadito punto de vista, en lo económico el Gobierno debería suprimir eso de “dignidad y soberanía”. Si va a venir el dinero, que venga. Para qué engañarnos ni hacer dobles discursos.

Por cierto, los candidatos de la oposición, Lasso, Gutiérrez, Acosta, que tienen derecho a expresarse, pero que no aparecen en las cadenas sino para ser ofendidos, se hallan en el tema electoral indignados. Ellos por supuesto que están de acuerdo en la venida de veedores europeos y exigen al organismo electoral que se retracte en su idea de cerrar las puertas a esos observadores. Si el CNE va a darle a este tema un poquito de verdadera dignidad (no la de la pose), debe acceder. Por dignidad y altura ética un presidente de organismo nacional, como Domingo Paredes, no puede prejuzgar a un grupo colegiado que hasta ahora ha hecho las cosas bien. En cambio Unasur relativamente es un laboratorio nuevo y sin duda está al servicio de la Revolución del Siglo XXI.

Domingo Paredes, el mensaje es claro y milenario, la mujer del César no solo tiene que ser honesta, tiene que parecerlo.

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