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septiembre 13, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Digerir cualquier sondeo o razonar sobre la verdad

Los maestros de lo maquiavélico señalan que si usted coloca con cinismo una mentira, logra anular los efectos de la verdad generando dudas sobre lo que puede tener de razón su oponente.

Esto significa que si para el razonamiento la verdad es que el 30-S está lleno de mitomanías, que venga un poderoso y le diga que las cosas fueron al revés, es decir que fueron reales, eso va a descolocar la orientación de un público inmaduro que al no haber estado allí, en el escenario de los hechos, termina por aceptar que lo afirmado por el poderoso es la verdad, así las evidencias estén en contra de éste.

De esta manera, con una falacia, ha nacido una pequeña contienda electoral generada por el Gobierno: prensa vs. prensa. La prensa independiente o privada versus la prenda gubernamental o pública.

Es que, según una encuesta realizada por la empresa Perfiles de Opinión, amiga del Gobierno, “más creíble se ha convertido la información emitida por los medios públicos”.

Sí, claro. Sin embargo, la prensa que más adquiere el público es la privada. El Telégrafo no puede levantar cabeza y de tener más credibilidad que El Universo o que El Comercio sin duda su economía estaría saneada y no representaría gastos para el Estado (es decir para todos los ecuatorianos).

Estas famosas encuestas de los geniales hermanos Alvarado tienen tanta variedad, que ya nos vamos a preparar para escuchar cosas tan absurdas como (por ejemplo): “El alcalde Augusto Barrera tiene más credibilidad que el candidato presidencial Alberto Acosta”.

Esta encuesta solo para poner sobre el tapete que los candidatos secundarios de Gobierno son mucho más fuertes que cualquier candidato principal de la oposición. Si el modesto Augusto Barrera es más popular que Alberto Acosta, ¿qué puede hacer éste contra Rafael Correa, un Goliath triunfador, inteligente, irresistible, infalible, auténtico y siempre casado con la verdad?…

Es que la publicidad y las estadísticas están interconectadas y, de tanto aterrizar en la mente del pobre, consiguen efectos maravillosos en su digestión.

Entonces es cuando los Alvarado ya han hecho su agosto y el magister de la Historia puede volver a emplearles, con salarios maravillosos, claro, porque “han logrado mi reelección”.

De todas maneras, le crea usted o no le crea a Perfiles de Opinión (casa amiga de Correa), la próxima campaña electoral pondrá a prueba la credibilidad de los diferentes tipos de medios de comunicación, desde la perspectiva de su dependencia con el poder, sea este político o económico.

Esto significa que la ciudadanía tendrá la oportunidad de analizar qué medio de comunicación o qué “prensa” (un término gremial) está más cerca de la verdad.

De alguna manera se teme que los medios privados no tengan la libertad para actuar puesto que el Régimen ha decidido poner en plena campaña electoral un veto a la libertad de informar, una “Ley de Medios” que vuelve al Estado el controlador de los contenidos.

Esto no puede ser en un Estado democrático, puesto que el Gobierno es un actor político y, por lo tanto, bien se ve en nuestro caso que busca a través del control de la prensa un direccionamiento interesado de la campaña política.

El periodismo como empresa privada tiene libertad para promocionar en diferente grado o diferente despliegue a los candidatos. Nos daría una lección de periodismo igualitario Cuba si por ejemplo sacara en sus páginas con la misma dimensión lo que piensa un cubano que reside en la Isla que lo que dice un cubano residente en Miami.

Nos darían una inmensa lección si nos presentarán las páginas de El Ciudadano las razones que tuvieron los investigadores de diario Expreso para considerar que el señor Fabricio Correa logró millonarios contratos con el Estado. Información que por cierto no se ha visto en el semanario que lucha por “la igualdad de la información electoral”.

El periodismo tiene una tarea informativa que no puede ser conculcada con leyes que a pretexto de generar espacios iguales mantiene en posición igual a candidatos que tienen una gran infraestructura a sus espaldas, sea por la facilidad con la que se distribuyen los fondos del Estado o sea porque disponen de canales de TV y emisoras incautadas, los mismos que dada la lectura actual de la situación pre campaña, es decir siendo la víspera de la campaña, emiten información totalmente favorable al régimen y contraria a sus opositores.

La prensa independiente, o privada, se ve a su vez obligada a enfrentar, desde las esferas gubernamentales, la realización en su contra de una campaña de desprestigio y en algunos casos cargada de virulencia (como en la situación de la revista Vanguardia).

El Gobierno ha mandado a confeccionar su encuesta no tanto para tratar sobre “la credibilidad de la prensa privada y la prensa pública”, sino para tratar de desprestigiarla a la primera y volver verdad (con cinismo) aquello de que la prensa independiente vive una crisis de credibilidad.

Sobre la prensa independiente o privada se conoce, según esta encuesta gubernamental, que en Quito solo el 29,8% y en Guayaquil el 32,9% de ciudadanos cree en la información que emiten los medios de comunicación privados.

Perfiles de Opinión ya hizo antes para el Gobierno una investigación sobre las preferencias de los candidatos (en las que el ganador las tuvo fácil, con números no creíbles: Correa 41% y Lasso 4%, siendo que la brecha es mucho menor.

La encuesta sobre los medios se efectuó del 1 al 4 de septiembre a 631 hombres y mujeres quienes opinaron con respecto a la credibilidad de las instituciones y de los medios de comunicación.

La muestra reveló que en ambas ciudades, los entrevistados expresaron creerle más a los medios públicos que a los privados. El problema es que por eso mismo, porque Perfiles de Opinión ya estuvo conectada con Correa en sus anteriores encuestas, en las que le favoreció con preferencias que deberían volverle feliz y no un perseguidor de sus opositores, nos permitimos dudar de la fidelidad de sus resultados y de la autenticidad de sus sondeos.

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