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abril 30, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Desfile del trabajador y el fantasma del golpismo

Uno de los tantos e intrascendentales movimientos sociales que aparecen a favor del Presidente, y que se asoman sea en la Plaza Grande o en las manifestaciones contra los indígenas “le invitó a su excelencia a desfilar con los trabajadores el 1 de mayo”, con motivo del día del Trabajo.

El trabajador es el motor de cualquier sistema productivo, de manera que está muy justificado que haya un día en homenaje a él. Lo que no se sabe es si para el Gobierno el ente productivo, objeto de este homenaje, sea una prioridad.

O quizá, la serie de despidos masivos en áreas como las de salud, educativa y de transporte aéreo signifique que su amor por el trabajador no es prioritario como el afecto que tiene a su partido.

Pero estas cosas lo disimulan muy bien movimientos sociales al servicio no de la sociedad sino del régimen y esa supuesta invitación al paladín parece solo un juego conveniente para acentuar la idea de que el hombre es muy popular.

Lo cual no es muy difícil, pues con usted colocar a cien claqueros (mercenarios del aplauso), con bandera tricolor, camiseta verde, pancartas correístas en la Plaza Grande, es fácil que la gente crea que hay un hombre “que nos ha robado el corazón” como dice la propia propaganda gobiernista.

No creemos que el suntuoso personaje participe en el desfile, pues él sabe que no es auténticamente popular más allá del desfile de claqueros y focas (en ambos casos aplaudidores ciegos y sordos que si llora el rey también creen que hay que aplaudir).

El excelso gobernante seguramente estudiará la invitación, pero no crea usted que vaya a ir salvo que le den un carro tan blindado como el de Bush (cuando estaba en el poder) y una verdadera concentración pretoriana.

Es que el hombre no solo que sabe que lo del porcentaje de popularidad que mandó a confeccionar es artificial sino que tiene un miedo visible a las concentraciones humanas.

Pero si lo hace, si asiste al desfile, lo hará con cuatro o cinco coches blindados, varios patrulleros y cuerpos completos de seguridad, agentes apostados en varias terrazas, lo cual no es nuevo, pues en días normales usa un gran aparato “disuasivo”.

No es un mito que el líder siente temor por las masas “desordenadas” y que surgen de invitaciones de algún proyecto de político. Un temor que, repetimos es normal en los mandatarios, pero en el caso que nos ocupa es mucho mayor, especialmente, a raíz del 30 de septiembre.

El día de la revuelta policial emergió la verdadera personalidad del economista y también dejó descubrir un género de miedos que tiene que ver con las mínimas acciones que realiza cualquier organización no gubernamental.

Por eso, en cada mitin, en cada reunión o en cada declaración ve sombras golpistas que quieren interrumpir la estabilidad del régimen, que quieren cortar su reinado.

Correa es de los ejecutivos que no han tenido empacho en asegurar que a, b ó z son conspiradores y que él es objeto de una maquinación inclusive internacional.

Inculpó a Fundamedios de ser un ente al servicio de la Embajada estadounidense, por “haber difundido” información sensible al régimen.

Información que todo el mundo la conoce y de la que nadie puede decir que se trate de líneas secretas como la compra de aviones de combate a una potencia del eje China, India o Venezuela.

No bueno, esta es una maliciosa y temeraria acusación porque Venezuela no produce aviones, pero si Hugo canjea unos cuantos millones de barriles por 200 aviones, ya tiene los aparatos para negociar con sus socios.

Lo único que hizo la Embajada fue referirse a un escrito de Fundamedios ya existente y no secreto, más o menos como si Cristina Kirchner dijera que Fundamedios le está espiando porque Repsol español reproduce un artículo y reflexión no secreto de esa entidad. (Si esta entidad de la comunicación tuviese su contraparte argentina).

La idea, la mente de Rafael está gratuitamente ocupada en concebir que hay intentonas golpistas. Tranquilo, economista, no están dadas las condiciones para un nuevo golpe de Estado o por lo menos no para que se repita un S-30, que muchos como un día evitable, con un jefe de Estado de cabeza fría.

El desfile del trabajador se va a dar sin el Mandatario, pero a juicio de los observadores eso es mejor a que se arriesgue el pellejo, no por algún intento de sicariato sino de simples gritos anti rey.

Estos agravios no solo son humillantes para quien se considera el más popular y quiere vender la idea de ser infalible, sino que atentan contra la idea del mayoritario respaldo del que supuestamente goza el coadyuvante de la marca 30-S. Pensamos que trabajadores y gobierno autoritario no son compatibles, no tienen química. De seguro va a contestar Rafael “que tiene otros compromisos pactados con anterioridad y que les vaya bonito”. Es decir, no irá.
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