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marzo 23, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Defensa de derechos con la CIDH o apertura a la arbitrariedad del Alba

Muy tarde van a entender los ciudadanos que atribuyen que hay una revolución ciudadana, que cabalga rampante buscando no dejar “títere con cabeza”, sobre la importancia de un organismo que defienda las causas que significan libertad, democracia y goce de los derechos humanos. Este viernes es clave para la sobrevivencia de un organismo internacional que es líder en la lucha por los derechos humanos: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En Ecuador, no se ha escuchado de algún candidato presidencial defendiendo la autonomía de este organismo. Es evidente que al terminarse la campaña, consideran que su misión ya ha terminado, lo cual discrepamos.

Ante la pretensión que lamentablemente lidera nuestro gobierno, habiendo enviado nada menos que a Ricardo Patiño a recorrer varios países para obtener votos contra la Comisión, no se puede menos que lamentar la falta de cultura política de nuestro pueblo y sobretodo de la clase política ecuatoriana, que en el primer caso a pretexto de anti imperialismo se deja guiar por una cofradía sectaria y en el segundo, considera que al no estar de por medio una etapa de campaña política “es inútil gastar pólvora contra las pretensiones oficiales, ya llegará el tiempo electoral y allí hablaremos”.

La Sociedad Interamericana de Prensa sostiene, con fundamentos, que los países del Alba buscan debilitar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. William Burns, Vicesecretario de Estado de los Estados Unidos, señala que es hora de apoyar al organismo en peligro. Está consciente de que los gobiernos de corte arbitrario, se van a sentir molestos con las facultades de la CIDH de impedir que se consuman atropellos contra la dignidad humana.

En su lucha por encontrar justicia, muchas personas y organizaciones tienen la suerte de encontrar un aliado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (IACHR), un respetado organismo independiente fundado en 1959 para proteger los derechos de las personas en todas las Américas.

En el episodio que promueve Ecuador, pretender que se quiten los ingresos económicos (o dependan de países que al ser los proveedores no respetarían al beneficiado)y se devalúen las facultades de un organismo independiente es la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos la que está bajo ataque y debe ser defendida.

Burns da a conocer lo que en América del Sur no es noticia. Que durante el año pasado, una determinada minoría de gobiernos “ha intentado socavar la autonomía e integridad de esta institución. Sus motivaciones son diversas, pero constituyen una importante amenaza para los derechos humanos y la dignidad. En algunos países, los líderes populistas, impacientes o frustrados con los procesos democráticos, están ejerciendo un mayor control sobre los medios, el poder judicial y las legislaturas y consideran la supervisión de la Comisión un obstáculo para sus ambiciones. En otros casos, los gobiernos han permitido que desacuerdos parroquiales con resoluciones específicas de la Comisión, eclipse una apreciación más amplia de su función en el hemisferio”.

Desde la óptica del funcionario estadounidense, su país “comprende que a muchos países de la región les preocupa un intervencionismo injustificado. Pero esa no es razón para debilitar una institución que ha elevado la causa de los derechos humanos. El Hemisferio Occidental ha estado a la vanguardia en el establecimiento de normas para la democracia que son admiradas en todo el mundo”. No hace mucho tiempo los líderes de muchas de las democracias actuales en las Américas -inclusive algunos de los más severos críticos de la Comisión- luchaban por esos derechos.

Se sitúan en la memoria capítulos brillantes de la CIDH. “Durante la Guerra Fría, la Comisión hizo frente a poderosos dictadores militares, documentó desapariciones forzadas y registró el costo humano de brutales guerras civiles”.

Sin lugar a dudas, la CIDH ha sido un guardián firme e independiente puede causar incomodidad a los gobiernos, incluyendo al de los estados Unidos; pero las verdaderas democracias deben acoger abiertamente el escrutinio y la oportunidad de mejorar sus prácticas en materia de derechos humanos.

Voces autorizadas se suman a la advertencia. El ex presidente de Colombia y ex secretario general de la OEA, César Gaviria, escribió el miércoles una editorial en The Washington Post advirtiendo que más allá de ese consenso, si algunas de las propuestas en danza son aprobadas el viernes “debilitarán severamente” a la CIDH y “facilitaran a los gobiernos ignorar derechos básicos, así como limitarán la libertad de expresión”. Tal como lo adelantó el diario Clarín de Argentina, “después de 21 meses de discusiones, lo que está en juego actualmente es fundamentalmente el financiamiento de la CIDH y por ende su autonomía”.

Volvemos a insistir, la lucha en defensa de la CIDH en Ecuador se reduce a la tarea crítica de los medios de comunicación, pero no se ven en este mismo empeño a grandes líderes, defendiendo el mantenimiento de la independencia y la solvencia económica de quienes abogan por los derechos humanos, frente a la posibilidad de arbitrariedades.

En otros países, los líderes se expresan con conocimiento de causa. A César Gaviria, que fue presidente de Colombia, aparte de haber sido Secretario General de la OEA, le preocupa especialmente la Relatoría “que durante muchos años ha liderado la lucha por la libertad de prensa en la región y ha servido de espina constante en los gobiernos que no creen en la libertad de expresión”.

Se espera la expresión, la reacción, mesurada pero firme, de los líderes ecuatorianos, para que demuestren que no solo tienen discurso de tiempos de campaña, sino que les preocupa los problemas fundamentales en los cuatro años de hibernación.

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