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diciembre 5, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Debiéramos estar orgullosos los ecuatorianos…

Desconocemos los parámetros con los cuales la Universidad de La Plata escoge al ganador del premio Roberto Walsh a “la libertad de expresión”. Lo que sabemos es que en el 2008 esa institución de educación superior dio ese galardón a Evo Morales y en el 2010 a Hugo Chávez.

Con esos antecedentes, que hayan escogido a Rafael Correa como luchador por la libertad de expresión no tiene que sorprendernos. Lo que nos queda como sensación es que se trata de “libertad de expresión, pero de ellos, de los ganadores”, no del pueblo, no de los periodistas, no de los que están lejos del poder.

Libertad de expresión de los propios ganadores querrán decir, pues en cuanto a lengua suelta, a insultos, por lo menos a Hugo Chávez y a Rafael Correa nadie les hace sombra. Podría opacarles Abdalá, pero salió del club tras el golpe de Estado de 1997, así que el líder populista con seguridad también se perdió de una premiación tan mediática como le han organizado a Rafa.

Bien, no queremos alejarnos del tema. Como ecuatorianos deberíamos estar orgullosos de este “logro” de nuestro Presidente. Mas, quienes le han premiado, seguramente recibieron la postulación escrita por un periodsta de El Telégrafo o El Ciudadano, de TC Televisión o de Mama TV, es decir datos de gente vinculada.

Por eso no creemos en el premio Rodolfo Walsh. Es una impostura de la Universidad de La Plata y un desconocimiento de la realidad nacional que no se compadece con lo que piensan las víctimas, esos periodistas a los que se les ha perseguido o se les ha prohibido tocar temas.

Qué, ¿no tienen servicio de internet los de Universidad de La Plata? ¿Desconocen lo que dicen los medios ecuatorianos y aún extranjeros sobre la serie de vejámenes, apodos, cadenas nacionales atacando a quien osa pensar diferente? Pero, tamaña acción, premiar al Presidente que más le ha puesto cadenas a la prensa libre del Ecuador, no nos hace dudar que se trata de un empujoncito a su candidatura, que tal vez no tiene la seguridad de triunfo, pues ni él mismo se cree que el 52% de los ecuatorianos estamos para jugarnos por cuatro años más de desgobierno.

Lamentablemente, la prensa ecuatoriana, no sabemos si por estrategia, le ha hecho el juego al gobierno correísta y le ha dado gran espacio a este premio del que discutimos su merecimiento, porque eso es aceptar que él ha estado en buen camino.

Además, así como están las cosas, es decir aceptando el hecho de que hay una premiación en Argentina, va a a seguir recibiendo premios, creados por instancias amigas en Nicaragua, Venezuela, Argentina, Bolivia, Cuba o Irán.

No hace mucho, el campeón de la libertad de expresión siguió juicios millonarios a los directivos de El Universo y a Emilio Palacio, a los autores de El Gran Hermano, persiguió judicialmente al diario La Hora por publicar datos de Participación Ciudadana, amenazó con cerrar Teleamazonas, mandó a clausurar la radio amazónica Arutam, multó a Vistazo por sacar una información sobre la Consulta, en tanto que El Telégrafo, que sacó el propio día de la Consulta que hay que votar sí en nueve de las diez preguntas, le permite su pequeño desliz.

Hace no muchos meses sus hordas vestidas de camiseta verde lanzaron huevos contra la humanidad de Emilio Palacio; prohibió la entrada a la periodista de El Universo destinada a cubrir la información política presidencial; hizo despedir a Carlos Vera y a Jorge Ortiz, porque no se sometían a la agenda informativa de Carondelet, es decir eran periodistas críticos.

También atacó a César Ricaurte, director de Fundamedios, periodista especializado justamente en el tema “Libertad de Expresión”, quien ha hecho observaciones puntuales sobre el ataque a ese bien, la libertad del pensamiento, en territorio ecuatoriano.

No sabemos sobre esos parámetros de medición de lucha por la libertad de expresión de la Universidad de La Plata. Lo que estamos seguros, sí, es que no solo se trata de un premio amigo, sino que además eso no abona absolutamente en prestigio de la citada casona universitaria.

Generalmente, la Universidad significa conocimiento, significa investigación, afinidad con las libertades del hombre. Muchas veces inclusive significa rebeldía, porque la juventud desde siempre está contra las soberanas desigualdades que crean privilegiados como el actual presidente ecuatoriano.

El encargado de la nominación, tratamos de asociar una imagen, recibió sentado los datos de algún amigo del gobierno de Cristina, que también es gobierno amigo de Rafa, ubicó al pie de la letra las virtudes enunciadas por el influyente ubicado en Argentina y decidió la premiación, así sin procesar la verdad o la mentira.

Debiéramos estar orgullosos los ecuatorianos de que una autoridad nuestra llegue a tener un premio en libertad de expresión. Ante esta falacia, claro, estamos unos tristes, otros indignados, de alguna manera todos (los que no comulgamos con la mitomanía) estamos amargados. Quieren empujar una campaña mentirosa con otra mentira.

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