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agosto 22, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

De la sociedad dinamitada de Batman y El Bipolar

En el país hay tres actitudes respecto a la familia Bucaram: rechazo ligero; rechazo compulsivo; y, simpatía por el “carisma” del líder populista Abdalá Bucaram Ortiz.

Seguramente el führer del siglo XXI vio esto último en su antecesor porque decidió aprovechar que la fuerza roldosista representa unos cuantos votos, muy útiles, en el viejo Congreso y en la ya posicionada Asamblea, de allí que concluyó que no había que despreciar a quien ahora ha llamado “basura”, pero que al interior del pacto, que ya tenía una duración de seis años, era un socio.

Lamentablemente, como epílogo de la confraternidad Batman-El Bipolar, el pacto se fue al arroyo, porque uno de los socios no cumplió con lo pactado. Y se nos viene al recuerdo la campaña del 2006, cuando tras la primera vuelta, habiendo sido derrotado por Álvaro Noboa Pontón, Correa, que ese momento era correíta (pues estaba deprimido tras la sorpresa que supuso el varazo de Alvarito, ganador contra todo pronóstico), todo él se transformó en dulzón y buen tipo, capaz de ponerse en primera fila en la iglesia de San Francisco, del Guayaquil, y que aprovechaba las cámaras para derrochar espiritualidad.

Pero, resulta que el espiritual caballero, hizo una movida de Maquiavelo tan pronto acabó el luto dejado por la primera vuelta: elogió nada menos que al partido Sociedad Patriótica y a su líder, Lucio Gutiérrez, de quien ahora habla pestes. Se acercó a sus huestes, pues dijo que el electorado del coronel se aproxima más al de Correa que al de Noboa.

¿Y qué pasó cuando ganó la segunda vuelta el de la fuerza verde? No solo que se olvidó de que el periodismo le respaldó (léase las columnas de opinión y editoriales de esos momentos, mayoritariamente favorables al coadyuvante del 30-S), sino que Lucio pasó a ser un enemigo, sus seguidores unos amazónicos que desconocen la realidad nacional, mientras que dos de sus notables aupadores, Carlos Vera y Jorge Ortiz, pasaron a ser dos de los pioneros entre los periodistas corruptos.

En realidad, el hombre estaba crecido y se daba el lujo de ir a las reuniones bolivarianas (que se convertirían en Unasur) con ideas brillantes, que pretendían opacar a Hugo Chávez, lo que a pesar de sus esfuerzos no lo ha logrado, como lo prueba el hecho de que Cristina Kirchner que parecía simpatizante del Bipolar, al mostrar sus muñequitos: Cristinita, Hugo, Evo y Lula, olvido a correíta, signo de que Rafa no está tan metido en la mente de los que saben de liderazgo.

Bueno, ¿pero cómo no iba a estar tan crecido? Si el libreto que le escribió Hugo Chávez le estaba saliendo de maravilla, además de que tenía los votos roldosistas así proponga que Montecristi sea ciudad belga (una hipérbole, claro), si tenía a los Bucaram dependiendo de su “pronto lanzamiento del tema Amnistía para Abdalá”?

Pero, habiendo llegado el 2009 y no habiendo cumplido con el pacto, Dalo Bucaram se dio cuenta que el palaciego no estaba para jugarse como Lucio, que sí fue un caballero y logró la amnistía para el “Loco que ama”.

Seguramente hubo un prudente compás de espera más, hasta que Dalo se convenció que nunca debieron confiar en un alma bipolar: capaz de abrazarte en la mañana y a la noche mostrarse tu enemigo.

Los más ingenuos, que desde luego están despistados de la política, dirán que no hay pruebas de tal pacto. Pero hay suficientes: las votaciones roldosistas en cada trepada hacia el poder total del jefe; las insinuaciones permanentes de Bucaram Jr. que aspiraba que el socio de su padre cumpla; la clara confrontación del tema, por parte de un iracundo Dalo (siendo un político neófito, decidió cantar las frescas contra Correa y el testigo del “acuerdo”, Patiño, eso no lo hace alguien que miente); las declaraciones del ex candidato presidencial roldosista Fernando Rosero, quien señala que el propio Correa le pidió contactarse con los Bucaram (incluida Elsa), ya siendo Presidente; y, por último, las fotos de Dalo y sus hijos en el palacio de Carondelet.

Ante la andanada de datos, más los pronunciamientos roldosistas en la Asamblea (siempre a favor de la revolución ciudadana), todo es coherente y concatena: el Gobierno les ofreció algo a los roldosistas. Ahora se sabe qué (el retorno de su líder).

Correa, que bien se ve no intentó cumplir su acuerdo, no cesa en querer parecer un cesar romano, ahora que tiene metidas las manos en la justicia, decidió seguir juicio a los Bucaram por valerse de las fotos de los niños, olvidando que él ha utilizado muchas fotos de niños en sus recorridos sabatinos o en los cambios de guardia. Aparte de que mientras no vaya contra la moral y las buenas costumbres, los padres, en este caso Dalo y Gabriela, pueden utilizar las fotos de sus hijos cuantas veces sean necesarias (¿no salió él en una foto dándole las bendiciones a su primogénita el día de su graduación?).

El infalible ha hecho de este tema un nuevo juicio a El Universo (o tal vez es intento de juicio). Recuerde, tan notable ciudadano que casi semanalmente publica entre las fotos de su periódico El Ciudadano (digital) fotos de abrazos con niños. ¿Es o no utilización de los menores con fines electorales?

Se rasga las vestiduras por un hecho claro que él debiera zanjar como hombre de palabra: se reunió con los Bucaram. Hubo pacto. Eso es lo que se saca en claro. De venir una guerra política (una forma de decirlo, pues no creemos que se llegue a cosas mayores que el vocabulario populista), todo se deberá a que uno de los socios, el perjudicado, quiere demostrarle al otro que se ha hecho merecedor de su rechazo compulsivo.

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