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agosto 27, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

De a Assange a Correa, pasando por Vargas Llosa

El cuarto de hora de gloria internacional correísta parece haber concluido tan pronto el propio interesado dijo que “el caso Assange es un incidente superado con Inglaterra”.

Esta nueva actitud pronta a subsanar diferencias significa que, para Correa, mantener la maduración de este problema es un arma de dos filos que no le lleva a ninguna parte, como no sea mantener los ojos de la comunidad internacional sobre sus actuaciones en el caso Assange y en cuanto a sus relaciones con la prensa ecuatoriana.

Algo de estacontradicción, que es el abismo entre el Correa apto para que se transmita en la prensa (pública, claro) y el Correa verdadero parece haber percibido el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, porque en un extenso artículo, publicado en diario El País de España, dice que “Correa y Assange son tal para cual”.

Bueno, pues lo afirmado tiene base y certeza, porque Assange, al igual que Correa son poco proclives a cumplir con los reglamentos y con la ley misma. Recuérdese que el inefable Mandatario tras hacer enormes elogios de la Constitución antes, durante y después de su aprobación, ha empezado por irrespetarlaseñalando que los asambleístas de su propia tienda “que están soñando en una Constitución hipergarantista, eso es como esperar pajaritos preñados”, expresiones que deslizan ligereza siendo que ella es un invento de la Revolución Ciudadana.

Nótese además que en la actualidad, Correa, el coautor de la “constitución que es un canto a la vida” se refiere ahora a ella en términos peyorativos, por lo menos desde el punto de vista de un pragmático que no ha vuelto a considerarle importante al texto horneado en Montecristi como parecen hacerlo los parlamentarios gobiernistas que, por seguir las rutas que traza la propia carta magna, se demoran con los proyectos correístas.

El artículo de Mario Vargas Llosa, que publicara El País ayer domingo, titulado “JulianAssange en el balcón” ha causado gran revuelo y contradictorias reacciones, porque señala sobre varios tópicos que son sintomáticos en el Presidente ecuatoriano y esto mueve a que escribidores de oficio se dediquen a atacar al PremioNobel.

Además, esto no hace sino revelar que la concesión del asilo al aventurero australiano es percibida internacionalmente como un argumento de utilización mutua, es decir de utilidad para Correa y utilidad para Assange, porque ambos aprovechan de la coyuntura.

Vale la pena reproducir algunos de los párrafos de la nota de este gran escritor, del que no saben sus detractores que se trata de un autor de ficciones que a la vez es un documentalista de la realidad cotidiana (léase “La Fiesta del Chivo”) porque son documentos basados en los hechos, que, en el caso del artículo de Assange, parece haber sido escrito por un analista ecuatoriano que viven el día a día de la política correísta y no por un personaje que reside fuera del país o piensa como un ser lejano al tema.

“En el cubículo de la embajada del Ecuador en Londres, donde está refugiado, JulianAssange, el fundador de WikiLeaks, tendrá ahora tiempo de sobra para reflexionar sobre la extraordinaria historia de su vida, que comenzó como oscuro ladronzuelo de la intimidad ajena (es lo que hace un hackerinformático, aunque el anglicismo trate de inocular dignidad a ese innoble oficio) en el país de los canguros y ha terminado convirtiéndolo en un icono contemporáneo, tan famoso como los futbolistas o roqueros más de moda, para muchos en un héroe de la libertad de expresión y en el centro de un conflicto diplomático internacional”.

“En realidad, el fundador de WikiLeaks no es objeto en estos momentos siquiera de una investigación judicial en los Estados Unidos ni este país ha hecho pedido alguno reclamándolo a nadie para enfrentarlo a un tribunal. El supuesto riesgo de que, si es entregado a la justicia sueca, el gobierno de Suecia pueda enviarlo a Estados Unidos es, por ahora, una presunción desprovista de todo fundamento y no tiene otro objeto que rodear al personaje de un aura de mártir de la libertad que ciertamente no se merece. La justicia sueca no lo reclama por sus hazañas —mejor dicho, infidencias— informáticas, sino por las acusaciones de violación y acoso sexual formuladas contra él por dos ciudadanas de ese país. Así lo ha entendido la Corte Suprema de Gran Bretaña y por eso decidió transferirlo a Suecia, cuyo sistema judicial, por lo demás, es, al igual que el británico, uno de los más independientes y confiables del mundo”.

“De manera que el señor Assange no es en la actualidad una víctima de la libertad de expresión, sino un prófugo que utiliza ese pretexto para no tener que responder a las acusaciones que pesan sobre él como presunto delincuente sexual”.

“El señor JulianAssange no ha practicado en la institución que fundó la transparencia y la limpieza totales que exige de las sociedades abiertas contra las que se ha encarnizado. Las defecciones que ha experimentado WikiLeaks se deben, fundamentalmente, a su resistencia a dar cuenta a sus colaboradores de los varios millones de dólares que ha recibido como donaciones, según leo en un artículo firmado por John F. Burns, en el Internacional HeraldTribune del 18/19 de agosto”.

“En verdad, su peripecia parece haber entrado en un callejón sin salida, y no es imposible que, una vez que pase la ventolera que hizo de él una persona famosa, se le recuerde sobre todo por la involuntaria ayuda que ha prestado, creyendo actuar a favor de la libertad, a sus enemigos más acérrimos”.

Como un ángulo positivo de esta polémica, que mantiene en ascuas a dos bandos: al que considera que Assange es un adalid del pensamiento libre y a todo aquel que lo ve como un mercader cualquiera de la información, en todo caso obtenida ilegalmente, es que se determina un gran reto para el futuro de la política electoral correísta y para prensa en Ecuador.

Es que, la presencia de Assange en la Embajada en calidad de asilado (estamos pensando que va a demorar su residencia allí), podría detener la aprobación de la Ley de Comunicación, porque el Gobierno está bajo la mirada mundial y, en estas circunstancias,difícilmente podría imponer restricciones a la prensa sin ser llamado a ser coherente con su condición de salvavidas de la libertad de expresión.

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