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marzo 5, 2013 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Crimen que delata la distorsión de valores de la juventud

Nos preocupa el grado de violencia que ha adquirido la sociedad ecuatoriana, violencia que se refleja especialmente en la actuación de la juventud, la misma que actualmente se caracteriza por intemperancia, desprecio de los valores y buenas costumbres familiares, logro fácil de fines primarios.

Hace unos días, el ecuatoriano común y corriente se interesó en unos carteles, instalados en vidrieras y paredes, que mostraban a una guapa muchacha desaparecida. Su hermano mayor, con quien vivía ella, la buscaba por todo lado, casas de amigos y amigas donde calculó que pudo haber ido la joven, hospitales, clínicas, morgue, no había rastros de ella.

La búsqueda desembocó en algo una noticia cruel, en una tragedia. El cuerpo de la desaparecida joven Karina del Pozo fue encontrado en un precipicio, de Llano Chico en estado de descomposición. Un hallazgo que no terminó con la actuación policial puesto que el cuerpo de investigadores no soltó el caso y decidió ir en la solución de este interrogante hasta encontrar con el paradero del o los autores del terrible asesinato.

Hay que decir que la Policía ecuatoriana realizó un trabajo brillante al descubrir el crimen de la desaparecida Karina, un hecho que ha consternado a la colectividad.

Ella pereció tras haber sido llevada en una camioneta Chevrolet Dmax, supuestamente a su hogar tras una fiesta, por parte de supuestos amigos, los mismos que la condujeron a la fuerza a un lugar alejado de la urbe, donde la victimaron tras haber exhibido de varias formas sus bajos instintos, pues está claro que entre sus armas estuvo el sadismo.

Hay que aclarar que de los cinco elementos (cuatro hombres y una mujer) con los cuales inició su último viaje Karina, tres se hallan gravemente involucrados, pues los otros dos se conoce que descendieron del vehículo antes de que éste se desvíe a una quebrada de Llano Chico, donde los sujetos cometieron su acto de maldad.

Y de los tres elementos involucrados, el más seriamente complicado es Manuel Gustavo Salazar Gómez, de 20 años, dueño del vehículo en el que se perpetró el virtual secuestro de la víctima.

Las pruebas de luminol (substancia que sirve para detectar fluidos corporales) realizadas al vehículo dan cuenta de la existencia de manchas de sangre y cabellos pertenecientes a la víctima. Esta comprobación confirma sin lugar a dudas que los sujetos cometieron el hecho de sangre (esto ante la posibilidad de que su versión sea que la dejaron en ese lugar por pedido de ella).

Por el desenlace, es un cuadro criminal demasiado fuerte el que se creó la noche del 19 de febrero. Pero no queremos detenernos en los hechos en sí sino que queremos resaltar en primer lugar que los padres de familia o familiares no pueden estar nunca confiados cuando entre los amigos de un hijo, hermano menor, sobrino o inclusive persona mayor de la casa hay elementos que consumen estupefacientes.

Por testimonio de la novia de uno de esos muchachos, justamente la joven que está implicada en el caso se conoció que en el grupo había personas sospechosas de ser consumidoras de droga.

En segundo lugar, debemos resaltar el trabajo policial. Los investigadores mantuvieron siempre su misión alrededor del GPS de la camioneta D Max de Manuel Salazar.

Una de las discordancias en los testimonios de los involucrados es que Manuel Salazar, (estudiante) declaró que la noche del 20 de febrero se quedó a dormir donde un amigo; sin embargo el registro GPS de su vehículo mostró que luego de permanecer en Llano Chico por una hora, regresó a su casa a las 04:02. Karina habría muerto entre las 02:34 y las 03:35.

Uno de los detalles primordiales que contribuyeron para que la Fiscalía siga investigando fue que los jóvenes aseguraron que la víctima tomó un taxi en la Av. República. Mientras que Cecilia R., su amiga, señaló que sus acompañantes le aseguraron que la dejarían en su casa.

Los informes señalaron que las prendas de ropa de Karina estaban maltratadas y llenas de tierra, al igual que sus uñas, lo que demostraría una primera hipótesis de que Karina estuvo con vida cuando fue llevada hasta la quebrada de Llano Chico, donde habría sido golpeada de manera insistente, presumiblemente con el pedazo de un tronco.

Una segunda hipótesis es que ella al haber puesto resistencia provocó la ira de sus victimarios, los mismos que la arrojaron aún con vida. Ella trató de movilizarse al fondo de esa quebrada, pero estaba muy grave. Esa desesperación suya habría dado lugar a que sus uñas estén llenas de tierra.

De cualquier manera, se trata de un crimen grave, de una actuación sádica de sus victimarios. La justicia debe actuar en forma implacable a fin de que ellos paguen a la sociedad.

Los familiares, amigos y familiares de otros desaparecidos realizaron una marcha en la Cruz del Papa, pidiendo que se haga Justicia, contra la violencia y por mayor control a menores y jóvenes que están en malos pasos.

Para que se entienda que el terror no queda sellado con un descubrimiento y que esta paranoia que se vivió el 27 de febrero, al encontrarse el cuerpo de Karina del Pozo, no es aislada, hay que agregar que ese mismo día, en Ibarra, familiares de Gabriela León, una joven de 24 años desaparecida se enteraron que su cadáver fue abandonado en un costal y a una cuadra de su casa. La perversidad, los bajos instintos e inclusive la venganza, tienen su ebullición de tarde en tarde, aunque más en estos tiempos.

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