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junio 5, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Correa y su obsesión contra la Prensa

La brillante y furibunda intervención de nuestro Presidente para acabar con la “prensa corrupta” en un foro regional tan mediático como la 42 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, OEA, que se celebra en Bolivia, sirve para preguntar: ¿Responderá, a su vez, la Prensa (con el legítimo derecho que le asiste)? ¿Los organizadores de esta asamblea le dejarán hablar a la Prensa? El violento ataque de un Presidente a la Prensa en el seno de la OEA pinta de cuerpo entero el estilo del siglo XXI, desconocer la necesidad de que la información llegue libremente. La prensa no corrupta es, desde la perspectiva del admirador de Goebbels, la prensa pública, la que está maquinada y maquillada para dar la sensación de bienestar general bajo las ejecutorias de un cuasi dictador.

De paso, como quien dice para matar dos pájaros de un tiro, Correa también criticó al sistema interamericano de derechos humanos.

Correa, que aprovechó su intervención para cerrar espacios sobre lo que él llama soberanía, se mostró reacio a aceptar la recomendación de la Comisión de Derechos Humanos, CIDH, de despenalizar la injuria. “¿Despenalizar la injuria?”

Y, aquí vino la reflexión filosófica de un hombre que debió haber sido contemporáneo de Sócrates, Heráclito, Sófocles, Anaximandro: “Cuando despenalicen masticar coca. Cuando supriman la prisión por no pago de regalías”, dijo con voz soberana durante su discurso que, desde luego fue transmitido por los medios del Estado.

Esto que señala Correa, de paso, es una advertencia y una tranca para OEA´s, CIDH´s y todo organismo que se atreva a intentar controlar un estado soberano, donde el líder bien puede ordenar que la Corte de Justicia declare a un individuo culpable de intento de magnicidio, que nadie puede meterse, nadie le puede salvar a quien para el antojo del soberano tenga el mote de “magnicida”.

Para informar de todo esto, no se necesita de “la prensa corrupta”. El sistema Correa debe difundir, ante el Mundo, ya que no ante la OEA y la CIDH, que los únicos medios que deben existir en el Ecuador son aquellos que hablan sobre todas las acciones y mínimos movimientos (positivos) del líder. El Telégrafo, El Ciudadano, Canal 7 Ecuador TV, Gamavisión y TC Televisión se encuentran entre los medios predestinados para esta puesta en escena.

¿Qué conflicto puede haber en un país donde la prensa solo cumple con su misión de reflejar los mejores aspectos de alguien tan infalible como el Presidente?

Pero, también hay que decir que la prensa, en el Ecuador, muy excepcionalmente ha caído en la injuria. Lo más cercano a ella ocurrió tras los hechos del 30 de septiembre, cuando Emilio Palacio, articulista de El Universo, al que criticamos por excederse, aunque hubiese tenido un objetivo aleccionador, realizó, con poca fortuna, una recomendación al Mandatario en su conocido artículo “No a las Mentiras”:

“El Dictador debería recordar que en el futuro, un nuevo Presidente, quizá enemigo suyo, podría llevarlo a una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente”.

Esta supuesta injuria tiene un atenuante y es que se podría interpretar que el Presidente enemigo de Correa sería quien le atribuya como el hombre que dio la orden de hacer fuego. Y, esto también podría generar un interrogante: Si el Comandante en jefe, el que estuvo dando las órdenes el 30 de septiembre, no fue el que dio las órdenes de abrir fuego, de rescatar a su comitiva, ¿quién dio entonces esa orden?

30-S, cuántas cosas faltan por saberse. Correa, retomando ese porte majestuoso que lo perdió en el Regimiento Quito, subido al proscenio de la OEA, en tierra de su aliado Evo Morales, dedicó a la mayor parte de su intervención a zarandear a la prensa y dijo que el conflicto entre los intereses de empresas privadas que se dedican a la comunicación y la información es un “problema planetario”.

Agregó también que el problema de la democracia en la región no es el desborde de poder de los estados sino el “desborde de poder de los medios”. Sobre esto último, lo que ocurre es que se sintió derrotado tras su brillante juicio a El Universo, cuando los medios libres del Globo, desenmascararon la forma de hacer política y tratar de ganarse varios millones de dólares de un solo toque, solo porque Emilio Palacio dijo eso tan ofensivo en El Universo.

En este punto, estamos de acuerdo que el atrevimiento de Emilio era para una multa de uno a diez salarios o prisión de un mes. Algo parecido a lo que han usado presidentes intolerantes como León Febres Cordero que ganó un juicio hace unos 10 años a un periodista de El Comercio, sin por ello atribuir pecado de coadyuvantes a sus directivos.

Pero, durante este juicio, el Mandatario ecuatoriano actual, jamás perdió el horizonte de perseguir el dinero. Los que alcanzaron a mirar una personalidad entregada al juicio y olvidada de gobernar, saben lo que es la decadencia de una imagen. Nadie concibe que alguien tan importante haga todo para levantarse una fortuna por el solo hecho de que alguien escribió un articulito, ciertamente desacertado, pero nada que le haga perder al Presidente algo irreparable.

Aquí, agregamos una frase de Correa, que no puede pasar inadvertida por esa Prensa que él ataca. “Los medios no defienden la libertad de expresión sino el de extorsión. No somos intolerantes con la libertad de expresión, lo que dirá la prensa mañana, sino que somos intolerantes con la mentira, la corrupción con que nos nieguen la información”.

Entendemos que esta parte de la intervención está grabada. Si la Prensa tiene liderazgo, debería exigir que tan alto magistrado de un país se digne explicar cuándo y por quién fue extorsionado. Puesto que extorsionar es “Presionar a una persona, mediante el uso de la fuerza o la intimidación, para conseguir de ella dinero u otra cosa”.

¿Lo aclarará Rafael Correa? ¿Conminará la Prensa a que lo aclare sobre este particular? ¿O se dejará llamar corrupta sin reaccionar, como tantas veces ha ocurrido, habiendo solo reaccionado por el caso El Universo?

Dijo también el infalible: “Lo que está en el centro del debate no está la libertad de expresión que todos defendemos sino la contradicción entre los intereses privados y la información”.

¿No son intereses privados los contratos logrados por su hermano y que la prensa corrupta reveló? La contradicción sería que la no publicación de esa información hubiese sido puesta como condición para seguir medrando la prensa, a fin de que un empresario logre una ganancia de millones y el Gobierno satisfecho, sin mácula.

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