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junio 19, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Con tiempo y recursos para una nueva campaña

Tanto Danilo Arbilla, un comunicador uruguayo que escribe desde Miami, como Carlos Alberto Montaner, que lo hace también desde Miami o a veces desde Madrid, han reparado que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa tiene un odio visceral al periodismo independiente, por él llamado “corrupto”.

En su artículo “El Censor”, Arbilla sintetiza así la visión que le genera Rafael Correa: “En su tránsito por la presidencia del Ecuador, que esperemos no sea muy largo, Rafael Correa solo será recordado por sus continuos ataques a la libertad de prensa, por su feroz persecución a medios de prensa y periodistas ecuatorianos y por su campaña contra la libertad de expresión a nivel continental. Qué feo”.

Montaner suele hacer siempre parangones entre Chávez, Correa y Evo Morales, tres chiflados que tienen su público y que en un momento de excesiva sobriedad de la política internacional decidieron hablar al pueblo con el contenido aproximado a su intelectualidad, como este pueblo quiere escuchar, es decir se fueron por el camino de la demagogia no sofisticada, logrando sintonizar con un sistema que ya lo descubriera antes Abdalá Bucaram, la vulgarización del mensaje político, como arma para introducirse en la gran masa electoral.

Lo cierto es que Rafael Correa, que a la mitad de los ecuatorianos tiene aburridos con sus sabatinas que no dicen nada, porque se basan en sus visitas triviales a cada lugar de las normales obras presidenciales o las giras que emprende, en cambio atrapa al ecuatoriano con poca educación porque “por primera vez un Presidente informa que ha ido a comer tamales donde doña Zoila de Píllaro o a degustar cebiche donde Má Jacinta de Muisne.

Es decir, se trata de una masa de pauperizada a la que le hace bien las nimiedades del señor gobernante. Y este feliz, puede seguir aplicando la misma receta, a la que solo tiene que ponerle aderezos por aquí y por allá ironizando por ejemplo que “esto no informa El Universo”. “Esto no lo haría Lucio Gutiérrez”. “Prepárense, les llegó la hora a los banqueros corruptos”.

Las mismas amenazas como si no estuviera en el poder por seis años y medio y como si no fuera hora de que cambie su mensaje. Pero, lo dicho. El hombre sabe que hablando como habla el jugador de billar de Daule o el gallero de Paján, el vendedor de quesos y bizcochos de Cayambe, razonando como un hombre bueno, muy próximo, que es capaz de darle besos a los hijos de doña Zoila o a los nietos de doña Jacinta, con fotógrafo o camarógrafo al frente, siempre con un gran sentido de olfato de un campañero (especialista en campañas electorales).

Y Correa no es diferente (en el fondo, no en la forma) a Chávez, Evo o Daniel Ortega. Un campañero de esos quilates sabe que mientras se dirija a la plebe en tono amigable y durante su discurso maltrate, en cambio, a los reales o imaginarios ricos, que tan mal le han hecho al país, está asegurada la conexión del voto.

Ahora, este humano Presidente se ha adelantado a la campaña y en cada cantón en cada pueblo, pide que le den su voto y en cambio pide no regalar uno solo a los que están “contra la revolución”.

Mientras él vende esa imagen tan cercana a sus electores, según constató una misión de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-IFRA) “las próximas elecciones presidenciales entrañan riesgos para la prensa y podrían desencadenar ataques violentos y un mayor índice de autocensura”.

Este es el Correa real, el que prepara el escenario para que sus enemigos (opositores, periodistas) pasen todas las penurias propias de un estado absolutista. Aunque, para su desgracia, esta actitud ya es conocida en el entramado internacional. Correa por supuesto no es el mayor verdugo de la actividad periodística, pero trata de imitar a su maestro. El Gobierno del venezolano Hugo Chávez ha concebido un sofisticado y agresivo modelo de control de los medios independientes que ha conseguido silenciar las voces críticas manteniendo, al mismo tiempo, una apariencia de pluralidad mediática. “Los ataques a los periodistas se agudizan durante los años electorales”, explica Marianela Balbi, directora ejecutiva del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) de Venezuela, un observatorio local de los medios. “Estas votaciones (las del 7 de octubre) son las más importantes desde la llegada de Chávez al poder y tememos por ello que se produzca el mayor índice de agresiones a los medios jamás registrado”.

“Conforme se acerquen las elecciones, más riesgo corren los medios de ser atacados”, advirtió Miguel Henrique Otero, Presidente Editor del diario El Nacional, en un encuentro con una delegación de WAN-IFRA, que visitó Caracas a principio de mes para evaluar la situación de la libertad de prensa en el país después de 14 años de gobierno chavista. Métodos similares se aplican en el Ecuador. 17 emisoras han salido del aire. Una de ellas (Cosmopolita) por haber realizado una entrevista larga a Lucio Gutiérrez, candidato que no es del agrado de su majestad.

Mientras tanto, Correa sí puede tener las entrevistas que quiera, habiendo arreglado inclusive una quincenal con Jorge Gestoso, que le pregunta de todo para el lucimiento del infalible, pero menos cosas que no quisiera o no pudiera responder. Por ejemplo: ¿Qué hizo usted en cuanto se enteró del negociado de su hermano Fabricio Correa con el Estado?

¿Porqué dijo usted que no tenía ningún valor el informe pericial de Chucky Seven y exigió que no se detenga el fallo de la “nueva” corte de Justicia, dentro del caso El Universo”?

¿De dónde salió la exigencia de indemnizarle con 40 millones (en realidad pedía 80) por un articulito de Emilio Palacio?

¿Por qué fue al regimiento Quito el 30 de septiembre si no tenía que hacerlo y debió mandar a su ministro del Interior?

¿Porqué maneja los recursos del Estado, los tiempos y los espacios de los partidos más importantes de la selección y del campeonato para difundir obras con un tono de campaña electoral?

A propósito de campaña electoral, todos los ecuatorianos (pensantes, claro) son testigos de los excesos publicitarios en los que incurre nuestro Mandatario a quien parecen inquietar candidatos como Guillermo Lasso, Mauricio Rodas y Lucio Gutiérrez, pero no hay un llamado de atención del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Todo lo contrario. El presidente del CNE, señor Domingo Paredes, defendió "el derecho del primer mandatario a pautar publicidad en los medios de comunicación que promocionan su imagen". ¿"Cómo vamos a negarle en este momento, si aún no estamos en campaña electoral?", dijo en tono magistral el Presidente del organismo. ¡Están probadas su independencia e imparcialidad!

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