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octubre 23, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Cómo fabricar un gran Presidente

Hay que empezar por una condición básica para construir “un gran Presidente”. El país que aspira a tenerlo no tiene que estar con las finanzas en quiebra. Tiene que tener ingresos superiores a los de otros períodos, puesto que la quiebra económica no convertiría en gran estadista ni siquiera a Konrad Adenauer, patriarca de la resurrección alemana.

Bueno, claro que Adenauer revivió a Alemania a partir de la post guerra, demostrando la capacidad de un pueblo. Pero, hay que ver la capacidad colectiva de pueblos que no se resignan al paternalismo del Estado. Ecuador y la mayoría de países latinoamericanos tienen una mayoría poblacional sin apego a disciplinarse, a pensar en más horas de trabajo, en más sacrificios fiscales a cambio de redimir la economía del país.

Pero, bueno, como lo anticipamos, no es el caso de Ecuador. Aquí, Konrad Adenauer fracasaría al intentar enrumbar el carácter colectivo de la nación. Por suerte, Ecuador no vive la vulnerabilidad de la eminente necesidad de reconstrucción tras una tragedia bélica de las proporciones que azotó a Alemania.

Por el contrario, Ecuador vive este momento una etapa de altos ingresos por el costo del petróleo y eso facilita no solo que se hagan notables obras, materiales y sociales, sino además que se fabrique la entelequia del “gran Presidente”.

En Venezuela, el caudillo ha logrado hacer varias obras de asistencia social con los millones de dólares que ingresan en ese país como resultado de tener altísimos ingresos en la exportación de hidrocarburos.

En Ecuador, no solo hay dinero para mantener un alto egreso en bonos de la dignidad ciudadana, sino que la venta del petróleo (entre 240 mil y 270 mil barriles de petróleo diarios), permite que el líder disfrute con la reconstrucción de un marketing completo dedicado a su imagen y a la imagen de su Gobierno, utilizando 350 millones de dólares solo para propaganda oficial. Se dice que multiplicando por 12 lo que utilizó Lucio Gutiérrez, su antecesor.

Los ingresos del petróleo permiten hacer obras, sanear los créditos internacionales, hacer campañas ministeriales de relumbrón y, especialmente, levantar una imagen pulida del gobernante de turno, que pasa a ser algo así como una lumbrera en medio de la noche que significan 182 años de República.

En otras palabras, el “gran Presidente” dispone de un presupuesto que ninguno de todos sus antecesores en la historia ha tenido. Todo esto ha sido observado por muchos individuos pertenecientes al “periodismo corrupto”, pero no ha sido dicho en sencillas y claras palabras por los políticos.

Gutiérrez, que cuando es invitado a los canales de televisión o a las entrevistas de prensa, pierde los estribos, le trata al Presidente de cobarde y de que no le tiene miedo. No es capaz de explicar en forma casi pedagógica cómo es que el Gobierno derrocha millones de dólares en fabricarse una imagen, cuando 300 de esos millones podrían ser utilizados, por ejemplo en el equipamiento de todos los hospitales, colegios y escuelas, creación de asilos para los menesterosos.

Ha sido Guillermo Lasso, el candidato presidencial de Creando Oportunidades (CREO) quien con sencillez explicó que ante tantos dependientes de la asistencia social, aparte de entregarles a través de cursos, seminarios, mayores herramientas de conocimiento está dispuesto a elevar el bono de la pobreza a 50 dólares.

Esta elevación de por sí requiere de un presupuesto de 300 millones de dólares adicionales. ¿De dónde piensa financiar un presupuesto de esos niveles?, le preguntaron no solo los “periodistas corruptos”, sino hasta los oficiales. Claro, un político responsable tiene que saber de lo que está hablando antes de prometer cosas que no puede cumplirlas.

“Yo pienso financiar esos 300 millones quitándolos del exceso de dinero que utiliza la Presidencia de la República para financiar su propaganda”, señaló con franqueza Lasso.

Claro que sí, esos 300 millones de dólares son excesivos para utilizarlos en el marketing de la vanidad presidencial. ¿Cuál es la justificación para que un Presidente dilapide tanto dinero en un interés que no beneficia al país sino que es un capital que le rinde culto a la personalidad?

Juan Pueblo es posible que piense que 300 millones es un fondo fácil de conseguir, pero se trata de una montaña de dinero con la cual podrían arreglarse varios problemas sociales, pagarse una gran parte de la deuda del IESS, culminar varias de las vías Quito-Aeropuerto de Tababela.

Una vez más, ¿dónde están los fiscalizadores para evitar que el derroche de dinero deje de hacer obras? Los defensores del poderoso dirán: ¿Qué más carreteras y vías quieren?

Nosotros contestamos: “Se ha construido una gran obra vial, pero esta ha sido financiada por el contribuyente, que paga tasas de peaje en la mayoría de carreteras nacionales, una tasa acorde con el número de unidades que cruzan diariamente una vía”.

Es decir, toda esa publicidad que celebra al gran Gobierno que ha levantado tantas vías de primer orden debería acompañar la explicación: “Obra levantada gracias a la tasa que pagan los conductores que circulan en esta vía”.

No se trata de minimizar la obra del gran realizador, sino reconocer quienes son los que financian realmente la obra.

También es impostergable reconocer que se fabrica un gran Presidente teniendo medios de Comunicación importantes a nivel nacional. Y vaya que el señor Presidente los tiene y los maneja a discreción.

Estos medios de difusión públicos son brazos ejecutores de las políticas del Ministerio de Comunicación, en estos sería poco menos que imposible una actitud crítica sobre el préstamo a Duzac, los contratos del gran hermano, la difusión del juicio a El Universo, el descubrimiento de la narcovalija.

La posesión de varios medios de comunicación es realmente un factor clave en el peso exitoso de un Gobierno que se precia de estar dirigido por “un gran Presidente”. ¿Cree usted que sin ellos el economista tendría la facilidad de vender una realidad supuesta como la auténtica realidad?

Todo hace pensar que esta bonanza económica de tufillo artificial podría irse para abajo si hay segunda vuelta. El candidato opositor tendrá mejores armas y autoridad para investigar cuánto de genuino hay en las obras, en lo que publicita Vinicio Alvarado (foto) y, sobretodo, en las inversiones realizadas por el gran Presidente.

   
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