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mayo 4, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Chávez y Bocaranda, el surrealismo latinoamericano

En estos días lo que más se comenta es sobre el virtual fin que se ha precipitado sobre el ciclo Chávez. Se especula que Venezuela se prepara a “un futuro sin Chávez”. Se dice que ante esta situación Hernando Capriles, su adversario en las urnas, no ha tenido un discurso que encienda, no se sabe si por respeto o porque no le tengan por oportunista. Ingenuo el retador.

Una de las últimas fotos que difundió la oficina de prensa presidencial venezolana muestra al mandatario venezolano Hugo Chávez besando a una cruz y en uno de sus lados está su hija Rosa Virginia en La Habana, el 23 de abril de 2012.

De entrada, impresiona el mensaje. Un Chávez creyente, hombre que hace un año no le gustaba dar ángulo débil y que ahora no tiene miedo en exteriorizar su fe.

Si se analiza bien el documento, podemos llegar a sospechar sobre un “show” que convence a todos sobre el cambio espiritual del Comandante.

¿Por qué sospechar que hay un “show”? Por el simple detalle que en el 99% de su Gobierno el coronel y su prensa solían tener cuidado de mostrar estos ángulos débiles.

Generalmente, las oficinas de prensa nos han habituado a entregarnos gráficas sobre el personaje oficial que representan en plano burocrático, en foros políticos, en escenarios internacionales junto a otros personajes de gran calibre.

Al entregar una foto del Presidente llanero en un gesto de recogimiento espiritual hay una mutación en la oficina que difunde la imagen de esta personalidad.

Significa que Hugo está de acuerdo con que se hable de esta nueva posición. Pero, es esto lo que mueve al escepticismo de los que vemos desde lejos el caso venezolano.

Cuando la oficina de relaciones públicas del Presidente difunde fotos, que generalmente tienen que ver con la intimidad presidencial, hay una distancia perceptible, porque parece que de eso es que quiere que hablemos.

Como un contrasentido, la enorme prensa del Presidente venezolano está en capacidad de dar un gran despliegue al tema del cáncer presidencial, pero en este caso ha sido cicatera.

Lo que se conoce del cáncer chavista se lo debemos al periodista opositor venezolano Nelson Bocaranda Sardi, quien tiene una columna “Run Runes” y una website, que amplía, repite o certifica los run runes.

El tono como escribe Bocaranda, a través de las páginas del diario el universal es el de un “opositor bien informado”, con variedad de detalles sobre interiores del caso, lo cual hace de su columna a menudo admirada por la fecundidad de datos.

Según Bocaranda, “Hugo Chávez estaría atravesando un cuadro de profunda depresión causada por los intensos dolores que sufre en los huesos de la cadera provocados por lesiones ocasionadas durante el tratamiento al cáncer que padece”.

“Desde esta semana comenzará a recibir una terapia psicológica para enfrentar cualquier fatalidad, si no se hace el milagro que en público solicitó el lunes”, escribió el periodista venezolano en alusión a la invocación a Jesucristo Dios que el presidente venezolano hizo el lunes 30. Ese día dijo le pedía a Jesús que hiciera un milagro.

Según Bocaranda “más que la enfermedad, que se esparce, lo que más lo afecta es sumirse en una depresión acompañada de los dolores provocados por las lesiones orgánicas y especialmente en los huesos de la cadera”.

Bocaranda tiene una fuente bien documentada y, aparentemente, muy fiable situada junto al Mandatario. Algo así como si Vinicio Alvarado o Ricardo Patiño le suministraran los datos de Carondelet a un periodista que no es del gusto de Rafael Correa. ¿O tal vez, Nelson Bocaranda es hombre de Chávez que quiere contribuir a crear una farsa, utilizando genialmente una oposición artificial?

Este hombre, el “dateado”, tiene detalles de lo que ocurre en los consejos entre los médicos que le tratan en el Cimeq, un hospital, de La Habana.

El tema que amplía el periodista venezolano es casi siempre una bomba. A través de su columna se conoce de desplazamientos chavistas entre Caracas y La Habana o viceversa.

También de los encuentros con los Castro y la comparecencia ante los galenos, un equipo de cubanos, venezolanos, un brasileño y un español.

El brasileño le quiso llevar a Sao Paulo, pero Hugo Chávez se negó, habida cuenta que se difundiría algo que guarda celosamente sobre su enfermedad.

Según la última información de Bocaranda, ya no se practicará más radioterapia a la pelvis pues las anteriores radiaciones fracturaron el brazo del fémur donde se estarían originando los dolores.

El periodista enfatiza en que Chávez tiene dificultades para movilizarse por cuenta propia por lo que “debe ser asistido para subir o bajar las escaleras".

Pero, Bocaranda también da detalles sobre los encuentros con personajes en La Habana.

“La foto con Raúl Castro fue cuidadosamente preparada para que por minutos no tuviera ni el bastón ni la silla de ruedas. Todos en su entorno están conscientes de que les vienen momentos muy duros”, escribe Bocaranda.

“Las últimas pruebas hechas ayer (el miércoles) volvieron a arrojar resultados nada buenos para el enfermo”, agregó.

El hecho de que siendo opositor Nelson Bocaranda suministre tantos detalles es lo que le ha deparado un 90% de admiración y un 10% de sospecha.

Sospecha que tiene que ver con la posibilidad de estar dateado por el mismo palacio de Miraflores. A lo mejor él no lo sabe, pero su fuente es alguien de adentro del círculo oficial.

O tal vez lo sabe y él se presta a la recración de la farsa. En este caso, si hay un libreto para convencer a los venezolanos a través de un falso relator de la oposición, es muy posible que derive en lo que sostienen los escépticos: que Chávez sorprenderá, porque volverá fuerte.

Y, tras “derrotar a su enfermedad” (que nadie la ha visto ni comprobado), también derrotará a Capriles.

Un iluminado como Chávez dirá entonces: “El espíritu de Bolívar se me reveló y prometió ayudarme pidiéndole a la Divina Providencia que me salve, para que yo termine lo que Bolívar siempre quiso, la unidad latinoamericana”

Estos momentos de escepticismo, que contagian a cualquiera, se desvanecen cuando a través del mismo Bocaranda se sabe que se ha conformado en Caracas un Consejo de

Estado presidido por el vicepresidente Elías Jaua. Este Consejo de Estado no representa otra cosa que un organismo de transición. Esto convence a cualquiera que los venezolanos, en realidad, se preparan para un futuro sin Chávez.

Cuando se llega a estas líneas, no puede uno menos que pensar que Bocaranda ha logrado un nombre por algo, está cerca de la verdad. A estas alturas, casi no hay asidero para pensar que es un embuste.

Un 90% de certeza que el Comandante está mal. La sospecha y la incredulidad están en el saldo; porcentaje que está creciendo.

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