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junio 8, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Carrión, entre el retorno a la Policía y el juicio al Estado

Se comprobó que César Carrión fue chivo expiatorio de las ínfulas de un Presidente tocado en su orgullo, problema personal que derivó en las ganas de éste de encontrar culpables de la revuelta del 30 de septiembre.

En este momento, la misma institución policial, a través del Ministerio del Interior, le ha llamado a reincorporarse a sus filas, dándole un cargo que reviste dignidad, Director Nacional de Bienestar Social de la policía Nacional.

El ex Director del Hospital de la Policía hombre que ha pasado más de un año víctima de la persecución política, es según se advierte de pocas palabras y no deja traslucir deseos de revanchismo. Sencillo como es, acepta volver a la Policía, pero aguarda que la CIDH revise su caso.

Un caso de absoluta injusticia, cuando el poderoso de turno sintiéndose ofendido por sus declaraciones a la CNN, cuando dijo que “el Presidente de la República no estuvo secuestrado en el Hospital de la Policía”, inició (el propio Mandatario) una campaña política para liquidarle y sacarle de la institución en medio de una ola de desprestigio orquestada en enlaces sabatinos y declaraciones de supuestos testigos que afirman que inclusive Carrión amenazó con envenenarlo.

Decimos, tras más de un año de lucha desigual contra un Goliath revanchista comprendemos que el coronel Carrión quiera retornar a la paz y a la normalidad, y por eso esté dispuesto a regresar a la institución en la que hizo carrera.

Su abogado, Stalin López, le recomienda que siga un juicio a través de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), lo cual resulta lógico de acuerdo a la proporción de perjuicio causado y siendo que no es difícil demostrar su inocencia, la misma que se evidenció en tres juicios.

Pero la hipotética querella al Estado si bien tendría efecto en unos dos años volvería a cero la relación que ha iniciado el ministro del Interior, José Serrano, hombre que da la cara en las buenas (en operativos o pidiendo a Carrión que se reintegre a la Policía) y en las malas (enjuiciando en medio de polémica al ex director de Seguridad del Ejército, Mario Pazmiño).

El Consejo de Generales de la Policía, organismo que baja el pulgar o da el visto bueno para promocionar a uno de los activos de las fuerzas policiales, ya decidió suspender aquella peregrina decisión de darle la baja por “mala conducta profesional”, a casi seis meses del entuerto.

Caso politizado como pocos, el caso Carrión se convirtió en uno de los íconos de la injusticia correísta y sirvió para que Rafael Correa, el actor de la inocultable persecución, fuera afectado en su credibilidad y estatura de estadista a ojos de muchos de sus arrepentidos seguidores.

Para todos fue una sorpresa la reacción desproporcionada y casi infantil del Presidente, que al saber de las declaraciones de Carrión ante la CNN, hacia el 22 de octubre de 2010, es decir tres semanas después del alboroto policial, reaccionó Correa:

“Pero, ¿quién es este tipo que se atreve a desmentirme ante la CNN? Tienes que saber que soy tu jefe y no puedes llevarme la contraria… ¡No sabes con quien te has metido!”

Y, lo más increíble, que en la marcha de ese Enlace sabatino, en el que pronunció esas sabias palabras, dijo algo que para cualquier comunicador (independiente o público), sonaron a invento:

“Ahorita que me acuerdo, este tipo cerró con llave la puerta cuando fui al Hospital de la Policía, para impedirme el ingreso…”

Luego vino el testimonio de un asesor del asambleísta Fernando Bustamante, sobre una supuesta amenaza de envenenar al Presidente que habría hecho Carrión.

A partir de aquel momento, el Enlace sabatino de tres semanas más tarde al 30 de septiembre, Carrión y su familia no conocieron lo que es la paz. En la calle así como se encontraban con gente que actuaba con lógica y les respaldaba, también se enfrentaban con fanáticos que les agredían verbalmente y que podían llegar a afectar su integridad física.

Vinieron los juicios y la demostración de inocencia de Carrión. Vino también la libertad y la solidaridad de una mayoría en el país. La pesadilla, prácticamente ha sido superada. Ahora, Carrión y familia viven la realidad. El coronel vuelve a la institución policial y con ello, prácticamente, se lava su honor.

Estamos, como la mayoría de medios independientes, a favor de que se le haga justicia al coronel Carrión. Además, estamos convencidos de que la CIDH le daría la razón, pero desde luego tendría que sortear otra etapa de diligencias que le llevaría a Washington y que le volverían a ser considerado enemigo del régimen.

Salvo mejor criterio, el coronel Carrión, a quien consideramos un hombre de honor, tras la decisión superior, debe virar la página, exclusivamente en afán de que su familia retorne a la paz y normalidad y se reincorpore a las filas de la oficialidad para continuar con una carrera que ha sido apegada a la disciplina, pero siempre en lugares destacados.

Es decir, estamos midiendo el riesgo de que alguien empuje a Carrión a mantenerse en controversia permanente con el régimen a través de un juicio en la CIDH, proceso al que desde luego tiene derecho, pero no es la opción para retornar a una situación doméstica normal.

César Carrión debe estudiar y manejar sus opciones con su familia. Nosotros felicitamos que este colofón, la decisión del Ministerio del Interior, sirva una vez más para reivindicar el nombre de un ciudadano que tiene la posibilidad de disfrutar de sus derechos fundamentales.

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