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mayo 28, 2012 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Candidatos con altura ética que el electorado va a respetar

La irrupción en política de nuevos actores sirve de varias maneras para los afanes de centrar, desde la posición de los sectores independientes y oposición, un catalizador de la votación inconformista que hay en el país y que se manifiesta en alto grado. Hasta el momento, el señor Presidente se frota las manos al observar que en la oposición no existen lejanamente las perspectivas que ya se dieron en Venezuela, al ubicar en la arena a un solo retador, a un opositor oficial.Aquí, los movimientos y partidos sueñan con ir a la segunda vuelta y allí, con la suma de voluntades, sepultar a un dogma oficial que se ha caracterizado no solo por el incumplimiento de varias promesas sino especialmente se ha mostrado lo más parecido a la larga noche neoliberal, antes que a un nuevo gobierno de manos limpias y mente lúcida, como propuso en los albores de su lanzamiento.

Supuestamente, el pre lanzamiento de la candidatura de Álvaro Noboa quiere hacer creer que es lo más parecido a un opositor, lo cual le restaría votos al verdadero retador que está entre los serios Guillermo Lasso, Mauricio Rodas, Paco Moncayo y Lucio Gutiérrez.

También Jaime Nebot aparece como uno de los candidatos que le harían la vida un poco menos fácil al que condena a los ambiciosos, pero este mismo hombre quiere a través de la Presidencia hacerse de 40 años en el poder o bien sacar 40 millones de dólares de una plumada (léase sentencia de juececillos temporales tipo Juan Paredes, aquel cuyas piernas tiemblan al oír que la tecnología hace maldades y ha registrado que el pendrive ChuckySeven ya tuvo la sentencia antes que él mismo).

Jaime Nebot decepciona. Solo se siente líder cantonal y no es capaz de mirar con convicción sus largos años de Alcalde de Guayaquil, en los que probó su capacidad de funcionario realizador.

Lo cierto es que ninguno de estos hipotéticos candidatos sería capaz de ser encasillado como “chimbador” (candidato puesto por un poderoso para distraer votos de los más fuertes opositores). Ya lo advierte Simón Espinosa, “A Álvaro no hay que hacerle caso”, según entrevista dominical de El Comercio.

Sin embargo, para parecer un auténtico opositor, Alvarito señala en su boletín que el Gobierno de Rafael Correa es malo, está contra las libertades, generalidades más que conocidas en la República, pero no menciona para nada que el Gobierno le quiere quitar 90 millones de dólares, supuestamente por no pago a la renta, cuando Noboa justamente había realizado un pago acorde con el que hicieron otros bananeros.

La crítica, llena de generalidades, que emite Noboa y que fue reproducida en los principales diarios del país, no es otra cosa que un esfuerzo para parecer “opositor”, pero en el país nadie toma en serio que lo sea, inclusive el mismo Vicente Taiano, su lugarteniente en el partido de su propiedad (el Prian) se sorprendió, en primera instancia, sobre su relanzamiento.

Ahora, Taiano ya aparece de acuerdo con el lanzamiento de su líder. Pero, nadie toma en serio el conato de anticorreísmonoboísta, cuando la ciudadanía cree ver que Noboa es utilizado por el poder para absorber los suficientes votos no correístas que resten posibilidades a cualquier verdadero opositor (Lasso, Rodas, Moncayo ó Gutiérrez).

Simós Espinosa dice algo que ha empezado a crecer en territorio ecuatoriano: que entre Gutiérrez y Correa, Lucio es el mal menor y que de quedar ambos finalistas su voto sería para el coronel. Pero creemos que una campaña seria de Guillermo Lasso, serviría para mover el tablero y, con fuerza y frescura de “outsider” sorprendería a los curtidos de la política.

En la pista van a estar el Presidente y dos ó tres más de los opositores. También va a estar Alvarito. Al correísmo no le interesa lo bien que le pueda ir a este candidato. Lo que le interesa es que sume los suficientes votos para hacer daño las candidaturas de los escoltas del supuesto favorito de esta lid.

Es decir, le interesa que el supuesto populismo de Noboa sirva, con una campaña sostenida, para llevarse el 20% de Gutiérrez; 20% de Nebot; 20% de Lasso, 10% de Moncayo actual Presidente; 10% de Rodas; y, 20% de esos indecisos que antes ya votaron por él, pero que al decepcionarse son capaces de dar el voto a los serios rivales (entonces resulta preferible que le den a Alvarito).

De todas maneras, que uno de los candidatos pierda entre el 10% y 20% ya es una votación muy considerable, suficiente para trasladarle al favorecido a una segunda vuelta o bien, en el caso de los afectados, equivaldría a su eliminación, especialmente en una comparación con el favorito.

Queremos oír más de Lasso y Rodas, quienes muy posiblemente bisoños en campañas van a intentar llamar la atención solo con planes y proyectos que a los pobres no les dice mucho en cuanto a emociones elementales a las que apela el actual Mandatario (como es el caso de entregar un bono de la dignidad) o sobre la necesidad de conquistarlos como soldados “anti imperialistas”, algo que gusta mucho gracias a que este Presidente sí impidió que sigan “los yankees monitoreando barcos y naves de todo tipo (inclusive de narcotraficantes), cuando estuvieron en la base de Manta”.

Si Lasso y Rodas, que hasta ahora están íntegros, intocados y son una incógnita para el “favorito”, ingresan al protocolo de candidatos formales, serios, respetuosos, que presentan la segunda mejilla, si son golpeados en la primera, perderán rabiosamente.

Por el contrario, si con la autoridad que les da su condición ética, su personalidad de ecuatorianos que no han estado enredados en los meandros de la política tradicional, reclaman el esclarecimiento de hechos que nunca cometieron los corruptos presidentes de la partidocracia y que ahora se cometen arbitrariamente, sería un gran avance que les conferiría el respeto de la opinión pública.

Lo que ha hecho el Presidente y que resulta inadmisible no es poco. Lasso y Rodas deben tener la entereza de comandar porqué en el país se llegó a: expulsar a 37 diputados, incautar medios de comunicación privados, para usarlos en beneficio propio y no de la sociedad; seguir juicios a diarios, periodistas e investigadores de los negociados del hermano del Presidente.

Por esta misma vía, candidatos con gran valor moral como Lasso y Rodas deben exigir: conocer cuál ministro firmó los contratos de Fabricio Correa “sin que conozca su hermano”, establecer si fue verdad que hubo intento de golpe de Estado y de magnicidio el 30 de septiembre, establecer por qué se ha producido la persecución política a hombres como César Carrión o Fidel Araujo, conocer cómo es que se ha producido una política de gastos “de emergencia” que son altísimos valores de los que nadie se atreve a pedir cuentas al infalible.

Esto, desde luego debe llevar a otras preguntas, por cierto molestosas, pero que dichas por la partidocracia suenan a guerra inútil, pero elaboradas por ciudadanos verticales van a tener el peso de una bomba: ¿Por qué el Presidente pretendió ignorar los argumentos de la tecnología en el caso “ChuckySeven”?

La disputa de la Presidencia no es cuestión de propaganda, nada más. Es cosa de una lucha y tanto Lasso, como Rodas, podrían representar la voz de la conciencia del país, que exige de este Gobierno que se baje de ese peldaño de creerse intocable.

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