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octubre 6, 2014 Publicado por Edgar Jara en la sección Editoriales

Basta de inventar magnicidios

Nos tememos que se acabó el argumento de “me quieren matar”, “me quieren dar un golpe de Estado”, “me están apuntando desde El Panecillo”. El intocable que perdió el 23-F ahora se mueve para evitar la rápida deserción de corazones verdes, ahora que anuncia el gran cambio de las cocinas de gas por cocinas eléctricas, sin garantizar que esto no va a costar más al bolsillo de los pobres.

El último número de El Ciudadano nos trae en su última página una propaganda a espacio completo de las cocinas que significarán un gran cambio en nuestras vidas. Lo que queremos es que nos aseguren si el no comprarlas significaría que vamos a ser castigados pagando el doble o el triple por el gas doméstico.

En las paredes de Quito hay un grafitti: “Sube el Gas, sube todo”, lo cual es cierto. Lo mismo trata de empujar para que el alcalde Nebot suba la tarifa de pasajes, entregándole todas las responsabilidades para que “maneje el transporte colectivo”. El Gobierno no quiere perder popularidad y aboga porque sea otro el que suba esos pasajes, de allí que presionen al Cabildo porteño todos los medios públicos.

El Gobierno está viviendo los últimos días de supuesta popularidad. Esto de supuesta no es por discutir una auténtica vocación de correístas que tienen algunos, sino por dar énfasis a la realidad, este es un Gobierno que se hizo de amplios compromisos con sectores de la chusma y si les falla se va a acabar la cacareada fidelidad.

Muchos de estos “correístas por oportunidad” desfilaron en la Plaza de San Francisco con sus camisetas y cintillos verdecitos la tarde y noche del 30 de Septiembre. Algunos inclusive lanzaron gritos estridentes y lindantes con el ridículo para convencer que no les deben fallar con el sánduche y la cola, que eso sí es seguro cada vez que se presentan a un evento que sirva de propaganda correísta.

La tarde y noche del 30, claro que nos revolvió el estómago, de decepción por las enormes cantidades de dinero que se dispendian en propaganda, en un marketing que nos atrevemos a creer es vano, habida cuenta que cada vez hay más ecuatorianos que descreen de lo que señala en su lírica y enfebrecida narración el mandatario que estuvo en la primera fila de la obra teatral.

Y nos atrevemos a considerar vano este esfuerzo porque todas las pistas conducen a creer que “no debes inventarte historias, pues más pronto caen los mentirosos que los ladriones”. Si hay un tema que vuelve con fuerza cíclica, cada vez que llega la fecha cifrada que quiere Correa maquillar, es el 30-S.

Y vuelve con fuerza no porque lo recordemos con obsesión de malquerientes del protagonista de esta azarosa aventura republicana, sino porque hay en el propio interesado (RCD) un afán de demostrar que esa fue la fecha que “triunfó la democracia y que en su liberación participó el pueblo”.

Equivocación, error mayúsculo, mentira monumental. El privilegiado de Carondelet no necesitaba que le libere nadie. Es más, en el hospital de la Policía estaban cantando el himno nacional, como despedida al señor Presidente, porque ingenuamente creían médicos y enfermeras que por fin se acababa la pesadilla y el personaje ya iba a irse por sus propios medios. En eso estaban cuando llegaron efectivos del Ejército a sacarlo en un operativo sorprendente, porque además implicaba la lucha de dos sectores armados de diferente función: militares y policías, en una contienda que seguramente habrá dejado cicatrices.

En el caso de creer a pie juntillas que estuvo “secuestrado”, no fue la democracia la que le liberó, sino un baño de pólvora que elevó el número de muertos de la nefasta jornada a cinco tan solo en el “operativo”. Correa debiera hacer fuerza porque esa fecha sea olvidada del imaginario nacional, pero hace todo lo posible para que sea recordado… con la versión que a él le interesa convencer: que le liberó “la democracia”. Ah!, y que él fue el intrépido que estuvo en el epicentro de la batalla.

El 30-S, el valiente mandatario volvió a gastar cientos de miles de dólares para tratar de convertir a la tarde y noche aquella en una “fiesta cívica”, una celebración que es relativamente fácil para quien tiene presupuesto para la propaganda, los shows musicales, la entrega de banderas, camisetas y afiches…ah!, y las cadenas de televisión con la versión de RCD, aparte de los spots donde supuestamente la “Democracia” se niega a aceptar que unos raros individuos de la tercera edad le convenzan de sacarlo del Poder, propaganda que se ha estado difundiendo hasta el 3 de Octubre, lo cual habla claramente de un libreto que no termina de digerir la ciudadanía.

No majestad, basta de inventar magnicidios, basta de tener pesadillas con los golpes de Estado, usted mismo economista es su propio enemigo y ha querido inventarse una especie de epopeya y a la vez de martirologio para capturar la solidaridad, tal vez la compasión de los más ingenuos cuando, esa fecha corresponde a un día vergonzoso para la Patria.

El artículo de Óscar Vela Descalzo, ¿Y las muertes? publicado el último Domingo, 5 de Octubre, por diario El Universo contiene no solo la incredulidad que tantos sentimos por el argumento urdido, sino que habla de la muerte de “Froilán Jiménez, miembro del Grupo de Intervención y Rescate de la Policía Nacional, GIR, quien falleció de contado por el impacto de una misteriosa, certera y anónima bala. Fue una de las cinco víctimas mortales que dejó el nebuloso episodio del 30 de septiembre de 2010”.

“El estruendo de la balacera cesó unos segundos en el momento en que el cabo de policía Froilán Jiménez caía abatido al otro lado de la avenida Mariana de Jesús. Una cámara de televisión grabó lo ocurrido en vivo y en directo. Casi de inmediato, la cámara hizo un acercamiento hasta el lugar en que yacía el hombre. El estertor final de su cuerpo fue recogido en esa imagen siniestra que parecía sacada de una película de guerra”.

“Cuatro años más tarde, los criminales que cargan sobre sus espaldas con aquellas muertes están libres, quizá disfrutando de sus familias o de los placeres que ofrece la vida en libertad. También hay festejos, por supuesto, pues siempre hay alguien que se empeña en ganar cuando todos han perdido”, afirma Vela Descalzo y es exactamente lo que hemos considerado en estos cuatro amargos años en los que nos enferma pensar que alguien llegó a hacer fiesta de una fecha trágica, que amerita la investigación y el consiguiente juzgamiento, actos que deben llevar adelante entes no solo independientes, sino realmente probos y capacitados, no dependientes y cómplices del gobierno.

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